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El 48% de los emprendedores en el suroccidente reportó menos ventas luego del terremoto

La Fundación WWB Colombia analizó las mayores afectaciones de más de 100 microempresarios en los departamentos afectados luego del terremoto del 10 de agosto

Fotografía de la Fundación WWB Colombia del informe: Radiografía de la emergenciaImpactos y necesidades de la población emprendedora tras el sismo de 2026

Fotografía de la Fundación WWB Colombia del informe: Radiografía de la emergencia Impactos y necesidades de la población emprendedora tras el sismo de 2026

Fotografía de la Fundación WWB Colombia del informe: Radiografía de la emergenciaImpactos y necesidades de la población emprendedora tras el sismo de 2026

El impacto económico que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto no siempre es visible. Un negocio puede no haber sufrido daños estructurales graves, permanecer en pie y, aun así, haber perdido su capacidad de vender, recibir clientes y generar ingresos.

Esta es una de las principales conclusiones de un diagnóstico realizado por la Fundación WWB Colombia, que consultó a 4.000 personas emprendedoras de 147 municipios para conocer cómo la emergencia afectó sus negocios y hogares.

De acuerdo con el estudio, la disminución de las ventas y de los ingresos está entre las principales consecuencias económicas de la emergencia. El 48,7 % de las personas consultadas reportó menores ventas, mientras que el 60,4 % de los hogares manifestó tener una limitación alta o moderada para cubrir sus gastos básicos.

El diagnóstico coincide con el panorama reportado por la Cámara de Comercio de Cali y Confecámaras, según el cual el terremoto generó daños físicos y dificultades operativas en negocios del occidente colombiano. Más de 30.000 empresas han reportado algún tipo de afectación. En Cali, el 63 % señaló daños críticos y el 39 % indicó que no puede operar.

Sin embargo, el ejercicio de la Fundación WWB Colombia muestra una realidad que no siempre puede identificarse a simple vista: los efectos económicos pueden permanecer incluso cuando la infraestructura del negocio no presenta daños que obliguen a cerrarlo.

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Para Esneyder Cortés, director de Planeación y Estrategia de la Fundación WWB Colombia, este hallazgo permite identificar necesidades que van más allá de la recuperación de la infraestructura.

“Lo que encontramos es que para muchas personas el problema no termina cuando pueden volver a entrar a su casa o abrir su negocio. Necesitan recuperar la posibilidad de vender, abastecerse y generar ingresos, mientras todavía enfrentan los efectos emocionales y familiares de la emergencia. Esa combinación es importante para pensar cómo acompañar la recuperación”, explicó Cortés.

Menos ventas y menos clientes

Los datos del diagnóstico muestran que el impacto sobre los negocios se concentró especialmente en su capacidad de comercialización y generación de ingresos.

El 48,7 % de las personas consultadas reportó una disminución de las ventas y el 38% señaló una reducción en el flujo de clientes. Además, el 20,9 % registró pérdidas de inventarios o insumos; el 11,3 % tuvo dificultades para conseguirlos y el 10,4 % reportó daños en maquinaria y equipos.

En términos generales, el 76,2 % de los negocios no operaba con normalidad y el 47,1% había detenido sus actividades. Sin embargo, solo el 11 % de los locales fue considerado inutilizable.

La diferencia entre estos datos evidencia que la recuperación económica no depende únicamente de que un establecimiento pueda abrir nuevamente sus puertas. También requiere recuperar clientes, abastecimiento, producción y capacidad de generar ingresos.

Cuando la vivienda también es el lugar de trabajo

El diagnóstico encontró además una estrecha relación entre la vivienda y la actividad productiva. En muchos casos, ambos espacios hacen parte del mismo sistema de producción, por lo que los daños en uno terminan afectando directamente al otro.

Esta situación es especialmente frecuente entre los micronegocios. El 71,6 % de las personas consultadas desarrolla su actividad productiva dentro de su vivienda, ya sea en un taller, una tienda, un salón, una cocina o un espacio destinado a la producción.

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La Fundación WWB Colombia recogió testimonios de emprendedores que describieron daños en sus viviendas que terminaron afectando también sus actividades económicas.

Una de las emprendedoras relató que, después del terremoto, las paredes se separaron de las columnas, quedaron ladrillos y paredes flojas y se desprendió cemento de una parte de la estructura. También reportó la rotura de un vidrio y el desplazamiento de las tejas del techo.

En otro caso, un emprendedor narró que donde trabajaba algunas vigas y parte del techo colapsaron y la estructura quedó comprometida, por lo que el lugar permanece cerrado por seguridad. La situación afectó directamente la producción y las ventas de su negocio.

Menos ingresos, más dificultades en los hogares

La reducción de la actividad económica también está repercutiendo en las condiciones de los hogares.

Según la encuesta, el 60,4 % de los encuestados tiene una limitación alta o moderada para cubrir sus gastos básicos. Para el 27,7 %, el emprendimiento ya no genera lo suficiente para cubrir lo esencial, mientras que el 32,7 % logra hacerlo, pero con dificultades y reduciendo otros gastos.

La alimentación también aparece entre las necesidades afectadas. El 11,7 % manifestó necesitar apoyo alimentario y el 8,3 % accede a alimentos mediante ayudas o comedores comunitarios.

La emergencia también dejó una carga emocional

A las dificultades económicas se suma el impacto emocional generado por la emergencia.

El 81,4 % de las personas encuestadas manifestó estar alterado o muy afectado emocionalmente. Entre las situaciones descritas aparecen la falta de paz y tranquilidad, dificultades para dormir, nerviosismo, angustia por permanecer dentro de la vivienda y temor ante la posibilidad de que ocurra un nuevo sismo.

Para la Fundación WWB Colombia, esta dimensión debe ser tenida en cuenta dentro de las estrategias de recuperación, debido a que las condiciones emocionales de las personas también pueden incidir en su capacidad para retomar sus actividades productivas.

¿Qué necesitan los negocios para recuperarse?

Frente a las necesidades de recuperación, el 34,9 % de las personas consultadas señaló el capital para recuperar el negocio como su principal prioridad.

Le siguen el acompañamiento psicosocial, con 22,5 %, y la adecuación de la vivienda, con 21,7 %. También fueron mencionadas la ayuda humanitaria, con 15,1%, y la información y orientación, con 15 %.

A partir de estos resultados, la Fundación WWB Colombia propone combinar capital de trabajo con asistencia técnica, recuperación de conexiones con clientes y mercados, fortalecimiento de las redes locales de abastecimiento y acompañamiento territorial y psicosocial.

Para quienes desarrollan sus actividades productivas dentro de la vivienda, la Fundación plantea además que la adecuación habitacional sea considerada como parte de la recuperación económica.

Cinco claves para reactivar los emprendimientos

A partir de los resultados del diagnóstico, la Fundación WWB Colombia plantea cinco puntos que deberían tenerse en cuenta para avanzar en la reactivación de los emprendimientos afectados por la emergencia.

El primero es adoptar un enfoque sistémico de la recuperación. Esto implica entender la reactivación como un proceso territorial que no se limite a recuperar negocios de manera individual, sino que busque restablecer las relaciones entre emprendimientos, trabajadores, proveedores, compradores, instituciones y comunidades.

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El segundo punto es aplicar un enfoque diferencial e interseccional, teniendo en cuenta que la emergencia no afecta a todas las personas de la misma manera. Por ello, la respuesta debe priorizar a mujeres y jefas de hogar, así como a población empobrecida, migrante, étnica y adulta mayor.

El tercer aspecto es la recuperación de capacidades. La Fundación advierte que el capital, por sí solo, no es suficiente. Se requiere una ruta diferencial que permita identificar las necesidades específicas de cada emprendimiento, como maquinaria, inventario, reconstrucción o adecuación de espacio y asistencia técnica.

El cuarto punto son las conexiones con los mercados. Reactivar un negocio no significa únicamente lograr que vuelva a funcionar, sino conseguir que vuelva a vender. Para ello, se proponen mecanismos como ruedas de negocio, showrooms, directorios de contratación local y redes de emprendedores que permitan recuperar los vínculos comerciales.

Y en quinto lugar, está el acompañamiento comunitario y territorial, bajo la premisa de que la recuperación debe llegar a los barrios y a las comunidades. Entre las alternativas planteadas están las brigadas móviles, procesos de formalización, ferias de demostración, entre otros.

Este trabajo puede apoyarse en organizaciones comunitarias como las juntas de acción comunal y en redes de mujeres emprendedoras, con el propósito de que la recuperación económica se construya desde los territorios y responda a las necesidades particulares de quienes perdieron capacidad productiva tras el terremoto.

Andrea Mesa

Andrea Mesa

Comunicadora social y periodista y licenciada en historia, egresada de la Universidad del Valle con...

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