La diócesis de Quibdó denuncia que persiste la crisis humanitaria en el Atrato Medio. Pide asistencia a la ONU
Durante más de cuatro años, las las zonas deprimidas y comunidades rurales del Atrato medio han padecido una severa crisis humanitaria derivada del conflicto armado y los constantes enfrentamientos entre los grupos armados irregulares y la fuerza pública.
Durante más de cuatro años, las las zonas deprimidas y comunidades rurales del Atrato medio han padecido una severa crisis humanitaria derivada del conflicto armado y los constantes enfrentamientos entre los grupos armados irregulares y la fuerza pública.La Diócesis de Quibdó advirtió que persiste esa crisis humanitaria en la zona y es necesario aplicar un gran plan integral de desarrollo social, y para ello se revelará una gran agenda que permita una mejor atención a esas dificultades.El obispo de Quibdó, Monseñor Fidel León Cadavid, explicó que esos problemas en el Atrato medio se vienen padeciendo desde mucho antes de la masacre de Bojayá, en la que las Farc mataron a 119 personas de la comunidad refugiadas en el templo local.Añadió que cuatro años después, y "a pesar del esfuerzo que se ha hecho, y pese a la presencia de la fuerza pública, en el Atrato medio, hay grupos armados ilegales que desestabilizan la región, y por ello se espera la culminación de los procesos de desmovilización".Monseñor Cadavid, que esta noche recibe el Premio nacional de Paz, a nombre de su Diócesis, reconoció que "la presencia de las Farc es muy fuerte y las comunidades no pueden vivir tranquilas, y con la presencia de la fuerza pública también es permanente la zozobra entre la gente".Según la Diócesis de Quibdó, el miedo, los desplazamientos, los problemas de movilización, la falta de atención en salud, la carencia de alimentos, son hechos que han profundizado esta crisis humanitaria de hace más de cuatro años".Precisó que en estas circunstancias también está amenazada la existencia misma de las comunidades indígenas y negras del Atrato medio colombiano.Petición a la ONULa Diócesis de Quibdó pidió a las Naciones Unidas que supervise la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, para que se castigue a los culpables, no se favorezca la impunidad y haya una reparación efectiva a la familia de las víctimasLa petición fue planteada durante el lanzamiento del Premio Nacional de Paz 2006, convocado por el Programa de Las Naciones Unidas para el Desarrollo.Además de la intervención de la ONU como supervisor de la Ley de Justicia y Paz, la Diócesis de Quibdó recomendó al Gobierno colombiano que para consolidar la paz en el ámbito local, regional y nacional abra espacios de diálogo y concertación con las organizaciones sociales.Se proyectó la ejecución de un Plan de inversión con propuestas de las comunidades, transparencia en los procesos de negociación y desmovilización con los grupos armados ilegales y acabar con la convivencia entre fuerza pública y paramilitares.También pidió que en todos los procesos de desmovilización, los derechos de las víctimas, sean innegociables y prioritarios.Al cuerpo diplomático acreditado en Colombia, le solicitaron intervenir ante el Gobierno colombiano para que se cumplan las exigencias del Acuerdo 169 de la OIT en lo referente a la consulta a las comunidades sobre las iniciativas relacionadas con sus territoriosFinalmente solicitaron mediación para que la ayuda económica de sus países al gobierno colombiano, para el proceso de desmovilización de los paramilitares, tenga un componente para la reparación moral y material de las víctimas.




