EDITORIAL
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Ceguera en general

Situaciones delicadas que, por si mismas demuestran que pasan cosas terribles en el Ejército y que alguien debería investigar y sancionar

El diario El Espectador reveló el vía crucis, el martirio que han padecido los periodistas investigadores de revista Semana que han asumido la tarea de ponerle lupa a las irregularidades que se han venido presentando en el Ejército.

Los detalles son aterradores:

Llamadas amenazadoras, con promesas de asesinato, al teléfono de uno de los periodistas dedicado a investigar irregularidades en el Ejército.

Envío de sufragios a la hermana y al papá del periodista, con los nombres de toda la familia, incluido el de una niña de seis años, sobrina del colega.

Seguimientos al equipo de periodistas, primero con algo de disimulo y luego ya, abiertamente, con el ánimo de amedrentar a los investigadores.

Amenaza a un periodista al que desde un vehículo se le deja ver un revolver, mientras conduce camino a casa.

Dos sicarios confiesan haber recibido 20 millones de pesos por asesinarlo. Los sicarios, que, viéndose descubiertos, desisten, desaparecen sin dejar rastro. Sin duda, asesinados.

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Un conductor de un oficial del Ejército es golpeado violentamente con un bate, dejándolo incapacitado por largos meses. La golpiza es grabada y el video enviado a su jefe, a quien se le dice que si habla, eso le pasará a él, su familia y a un periodista de Semana.

Un periodista encuentra en su vehículo una lápida de granito con su nombre en ella y las fechas de muerte.

Y a todas estas, se pregunta uno, ¿cómo es posible que los comandantes del Ejército no lo sepan?, ¿por qué los ministros de Defensa de este gobierno se muestran pasivos ante estas situaciones?, ¿dónde los correctivos de parte de la institución y sus inspectores? ¿Y la Fiscalía en qué anda?

Son situaciones delicadas que, por si mismas demuestran que pasan cosas terribles en el Ejército y que alguien debería investigar y sancionar. Alguien que entienda el cariño que le tenemos los colombianos a nuestro Ejército, y que la única manera de preservarlo es depurando a quienes ofenden el uniforme que portan. Cerrar los ojos ante la realidad solo protege a los corruptos y fascinerosos.

 

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