Una zona veredal cercana a donde murió Alfonso Cano
Será en Buenos Aires, departamento del Cauca, donde hoy los moradores aguardan con esperanza la firma final de la paz.

(Caracol Radio)

El municipio caucano de Buenos Aires fue fundado el 29 de julio de 1823 por un fraile franciscano y nueve lugareños y lo bautizaron así para hacer homenaje a la brisa fresca que envuelve al territorio.
Tiene una extensión de 410 kilómetros cuadrados, temperatura promedio de 22 grados y una altitud de 1.200 metros sobre el nivel del mar. En su parte rural estará ubicada una de las 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalidad pactadas entre el Gobierno Nacional y las Farc.
Esta localidad con vocación agroindustrial y minera, cuenta 32.000 habitantes, de los cuales solo 1.600 viven en la cabecera municipal; los demás en ocho corregimientos y 70 veredas.
Timba, El Porvenir, El Ceral, El Naya, La Balsa, Palo Blanco, Honduras y San Ignacio son sus corregimientos con vocación agrícola donde se cultivan café, plátano, yuca y frutales, además de una fuerte incidencia en la minería artesanal.


En cada uno de los corregimientos hay un colegio de bachillerato y un puesto de salud para atender con servicios básicos a la población.
De acuerdo con los estudios y censos de población, el 60% de los pobladores de Buenos Aires son de comunidades afro, el 22% mestizos y el 18% Indígenas, según dijo su alcalde Urdeli Carabalí, elegido con 3.299 votos e hijo del fallecido represente a la Cámara y líder del Partido Liberal Clemente Carabalí.
Para llegar desde Cali a la cabecera municipal de Buenos Aires se puede hacer por dos vías: la primera por la vía Panamericana hasta Santander de Quilichao y luego tomando por el costado derecho al lado del Cuartel Central de Bomberos hasta el corregimiento de La Balsa, en un recorrido de 18 kilómetros por vía pavimentada.
Posteriormente se toma la orilla del río Cauca, se inicia un recorrido de 12 kilómetros por una carretera amplia y recién pavimentada gracias a inversiones del Gobierno por 18.000 millones de pesos dentro del Contrato Plan.
La segunda manera de llegar es desde Jamundí, sur del Valle, pasando por los corregimientos de Robles la tierra natal de La Negra Grande de Colombia, Leonor González Mina, Timba Valle y la Balsa, parada obligada para escuchar las historias de dolor y huellas de la guerra librada entre los distintos grupos armados, que en su desbordada carrera de violencia inundaron de sangre las frías aguas del río Cauca, teniendo como mayor cómplice el silencio al cual eran sometidos sus habitantes por el rugir temeroso de los fusiles que aparecían a cualquier hora del día.
Ahí, muy tranquilo y sin los sobresaltos temerosos de antaño encontramos a Yefre Andrés Carabalí, un fornido moreno con la piel tostada por el sol y las heladas aguas del río Cauca, dedicado a extraer arena del lecho del río
Él mientras se persignaba elevaba la vista al cielo en señal de agradecimiento por los anuncios de paz del gobierno nacional y las Farc.


“Hoy gracias a Dios, podemos iniciar nuestra jornada laboral a las cuatro de la madrugada, aprovechando que las compuertas de la Salvajina están cerradas, sin que nadie nos intimide y, lo mejor, sin ser testigos del paso de cadáveres ni del sobrevuelo de los zopilotes que advertían sobre trágicos desenlaces”, afirmó Yefre Andrés.
Y añadió: “en esta jornada matinal entre tres o cuatro personas podemos extraer seis metros de arena cada hora los cuales se comercializan a 20 mil pesos cada uno, sin tener que pagar un solo peso producto de los mal llamados peajes de otras épocas”.
Para Antonio y Leonardo, otros dos campesinos vinculados a la pesca y la comercialización de arena fina utilizada para el repello de viviendas, cuando la violencia alcanzó su máxima expresión diariamente pasaban por este lugar aguas abajo entre tres y cinco cuerpos sin vida, los cuales no se podían rescatar, pues lo impedían con amenazas los paramilitares.


“Por ahora estamos en la gloria”, apunta uno de los volqueteros encargado de recoger el material de arrastre.
“Esto aquí fue muy bravo. A pesar de ser neutral y no estar matriculado en ningún bando, cuando llegaban los grupos armados pues uno tenía que hablar con ellos y si alguna persona que uno le caía colocaba la queja en el otro bando, entonces uno tenía que abandonar la zona para evitar retaliaciones“, recuerdan con tristeza dos campesinos que pidieron omitir sus nombres.


A un lado del puente de la Balsa, en el desvió al municipio de Buenos Aires, un grupo de mujeres raizales cabeza de hogar, que se ganan la vida vendiendo fritos, le exigen al Gobierno Nacional que ojalá se haga el milagro de tener agua potable las 24 horas, un empleo digno o, en su defecto, la creación de una sede del Banco de la Mujer, con créditos blandos que permitan mayores ganancias y así alejar el fantasma de la usura de los prestamos gota a gota.
Luego de saborear un tinto con sabor a leña nos enrrutamos hacia la cabecera municipal de Buenos Aires, contemplando el valle productivo del río Cauca, pero desafortunadamente deslucido por el paso inclemente y las huellas de la minería artesanal.
Un surtidor de gasolina de la estatal Terpel nos advierte del arribo a la población, la cual parece estar escondida en medio de un terreno irregular que con los anuncios de paz del gobierno nacional y la guerrilla de las Farc, han permitido volver a sonreír a sus moradores, quienes arreglan las fachadas de sus casas sin el temor al deterioro por las detonaciones de las mal recordadas tomas guerrilleras.
Transitando por un tramo en cemento rígido encontramos el hospital local que presta una atención básica a la comunidad. Dos cuadras más abajo se ve la imponente torre de la iglesia católica, teniendo como marco principal milenarias ceibas en las cuales se ahogan las miradas de nativos y turistas, contrastando con las barricadas y trincheras donde se guarecen los agentes de policía dotados de fusil, chalecos y cascos blindados para evitar sorpresas del enemigo y garantizar la tranquilidad de la población.
A pesar de la bonanza o riqueza producto del denominado mazamorreo o búsqueda del oro, en medio de socavones los nativos recuerdan con tristeza en medio del brillo del metal las tragedias mineras generadas por la violencia de los grupos armados.




El hecho más doloroso e imborrable, no solo para los habitantes de Buenos Aires, sino para el país entero, aconteció los días miércoles y jueves santos, 11 y 12 de abril del año 2001, cuando un grupo numeroso de las Autodefensas del Bloque Calima, liderados por Ever Velosa, alias “HH”, guarecidos en medio de la noche y la espesa vegetación, masacraron sin piedad alguna a por lo menos 200 personas, “acusadas” de compadrazgo con la guerrilla de las Farc.
Generaron, además, el destierro de numerosas familias que lograron ponerse a salvo en medio de las tinieblas, explosiones e impactos de fusil.
En su momento el paramilitar José Antonio Arboleda, para la época comandante del Bloque Pacifico, desde su reclusorio en la cárcel de máxima seguridad de Palmira dijo que en la zona del Naya había más de 300 fosas comunes donde fueron sepultados centenares de campesinos.
Vale anotar que en desarrollo del actual proceso de paz y cuando se discutía el cese del fuego definitivo, la guerrilla de las Farc, utilizando artillería pesada a las 11.30 de la noche del 15 de abril, atacó la base transitoria de la Brigada Móvil número 17, donde dio muerte a once militares y heridas a nueve más, quienes pernoctaban en el polideportivo del corregimiento La Esperanza, muy cerca de donde será el sitio de concentración transitoria.
En otro hecho, la necesidad de supervivencia y la búsqueda del oro, de centenares de mineros que lo hacían de manera artesanal, cobro la vida de 13 personas en el sitio Machaqueo y en enero de 2014 murieron 13 obreros en la mina San Antonio, en límites con Santander de Quilichao, lo cual obligó al cierre definitivo del filón.
Como si fuera poco lo anterior no podemos olvidar las enfermedades degenerativas y congénitas como consecuencia del consumo de agua de los ríos Cauca, La Teta, Timba, Mazamorrero, Ovejas, Mari López, Aures, El Naya y una veintena de quebradas y afluentes por la utilización de mercurio en la búsqueda del precioso metal.
En un cajero electrónico y una sede del Banco Agrario se cumplen las transacciones comerciales de campesinos y nativos en el horario de martes a sábado.
Extrañamente el mercado tradicional del domingo, de los pueblos de esta región, que sirve para congregar a la comunidad ávida de negocios y para entrelazar una que otra mirada afectiva entre seres queridos, no se realiza en la cabecera municipal de Buenos Aires, sino en el corregimiento de Timba, que aspira a ser el municipio número 43 del departamento del Cauca o, en su defecto, el día sábado en Santander de Quilichao.
A pesar de ser una zona donde hay un pronunciado consumo de licores, cerveza y bebidas espirituosas, estas se deben comprar en Jamundí y Santander de Quilichao, pues los distribuidores aducen problemas de inseguridad en las vías.
Para José Manuel Popo, secretario de gobierno de Buenos Aires, el anhelo de paz no es solo de las denominadas zona rojas sino de todo el pueblo colombiano “y nosotros como moradores de este municipio afectado por la violencia, donde aún persisten algunas secuelas de la guerra, recibimos con optimismo los avances de los acuerdos que actualmente se están logrando en La Habana, hemos sido escogidos por el gobierno nacional para tener una zona de encuentro transitorio dentro de los acuerdos, estamos dispuesto a acoger las directrices del gobierno nacional en ese sentido”.
Claro que existen preocupaciones entre la población, civil, pero igual es cierto que en un proceso de paz bien llevado todos resultamos favorecidos, afirma.
La masacre de El Naya dejó huellas imborrables, aún hay familias muy impactadas psicológicamente por esa tragedia, donde según registros de nativos habrían muerto unas 144 personas a manos de paramilitares.
“Aún no tenemos definido el sitio exacto de concentración de los desmovilizados, pero por los protocolos establecidos es una zona alejada de las cabecera municipal y de población civil. Las comisiones internacionales designadas como garante en el proceso, aún no han tenido comunicación con la administración municipal, pero estamos dispuestos para coordinar y apoyar todas las tareas atinentes al caso, no pasando por encima de la administración municipal, sino contando con ella”, replico el señor Juan Manuel Popo, secretario de Gobierno de Buenos Aires, Cauca.
Nosotros no vemos esto como un problema, sino como algo relevante en el momento en que estamos pues el gobierno nacional se la jugó a fondo con el tema de la paz como política pública y más que verlo como un problema lo miramos como una oportunidad para avanzar, dijo.
Por su parte, el exmagistrado del Tribunal Superior del Cauca, Néstor Raúl Charrupi, hijo de este municipio dijo: “Nosotros estamos muy contentos por haber sido escogidos como un epicentro de la paz en Colombia y aceptamos que la guerrilla esté en nuestro territorio con esa vocación de paz”.
“Vea, ellos han tenido su cuento de la revolución y de sus fusiles, pero con la población civil no se han metido y me gusta mucho que estén en nuestra zona desarmados y si tenemos que convivir con ellos, pues convivimos, pues le aseguro Colombia será otra, Dios mediante”, dijo el exmagistrado Charrupi.
Un bombardeo de la Fuerza Aérea realizado durante la noche del 4 de noviembre de 2011 dentro de la operación “Odiseo”, dio muerte al entonces máximo líder de las Farc, el bogotano Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano y junto con él a alias “El Zorro”, uno de sus lugartenientes. También murió su mascota, un perro pastor alemán que siempre lo acompañaba. Esto ocurrió en el sitio Puerto Huevo, muy cerca de la represa de la Salvajina, en el municipio de Suárez.
Es de anotar que Alfonso Cano, asumió el mando luego de la muerte del legendario guerrillero y fundador de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, ocurrida en mayo del 2008, y la muerte del segundo comandante Luis Edgar Devia Silva, alias Raul Reyes, ocurrida el 1 de Marzo de 2008, en Yanamarú, Ecuador, frontera con el sur del país, en un operativo adelantado por la Fuerza Aérea Colombiana (FAC)
De acuerdo con el rastreo satelital y las labores de inteligencia de las Fuerzas Armadas, Alfonso Cano tenía como meta llegar al cañón de El Naya, sitio donde se produjo la liberación de los secuestrados de la Iglesia La María y del kilómetro 18, plagios cometidos por el ELN, calificado en su momento como todo un santuario guerrillero por su proximidad al mar Pacífico, ruta de ingreso de precursores químicos, armas y salida de embarques de cocaína y marihuana.
La historia señala que el hoy municipio de Suárez, donde en el año de 1985 se inauguró la represa de la Salvajina para mitigar las inundaciones en el valle del río Cauca, era corregimiento del municipio de Buenos Aires, del cual se desligo el 1 de diciembre de 1989.
La cabecera del corregimiento de Timba, a orillas del río del mismo nombre, donde se encuentra una base militar y un puesto de la Policía Nacional en medio de una fortaleza y trincheras rodeadas de sacos de arena, maya metálica y alambres de púa, sirve de punto de partida por una vía destapada, en un trayecto de 27 kilómetros, con tramos de casi un camino de herradura y continuos desprendimientos de lodo y roca para llegar al sitio de concentración transitoria de los desmovilizados.
En el recorrido de casi dos horas se observa la movilidad de carros modernos con vidrios oscuros, gran cantidad de motos, grandes cultivos de coca y una acogedora vista de los recodos y acantilados que permiten observar el brillo de las cristalinas aguas del río Timba, que raudo busca la desembocadura al Cauca.
Paradójicamente la presencia estatal se limita a las redes eléctricas que sirven de punto de progreso al empinado corregimiento de El Ceral, al cual se llega por una carretera que bordea el filo de un ramal de la cordillera occidental y donde se debe aguardar en uno de los pocos recodos del trayecto el paso de los autos que suben desde la parte baja de Timba, repletos de insumos químicos, cemento y gasolina, materia prima en los quehaceres de la zona.
Ahí, al llegar a la última curva del empinado camino a El Ceral, se encuentra uno de frente con una pancarta de las Farc, con la foto de Manuel Marulanda Vélez y cinco personajes más con un letrero que reza: “Desde Marquetalia hasta La Victoria”, 27 de mayo 1964-2016, 52 años Farc Ep.
Allí el gran negocio es la venta de gasolina a $3.500 pesos de hoy el litro.
Todo vehículo que logra llegar hasta el sitio en mención, antes de pasar un laso o cuerda, debe cancelar un peaje comunitario de diez mil pesos para chivas y camiones, cinco mil para carros pequeños y mil pesos para las motos.Nadie dice quién se queda con ese dinero, pero se supone que es para las Farc.
Ahí los moradores, en su mayoría mestizos, parecen todos estar regidos por la ley del silencio, mirada baja y pocos asequibles al dialogo.


Por fortuna la mirada de los viajeros, turistas y periodistas se puede recrear con las bondades del paisaje y eso sí con la recuperación de las comunicaciones telefónicas, las cuales se pierden cuando se comienza a ascender desde el corregimiento de Timba.
Finalmente en un trayecto de cuarenta minutos por terreno destapado a bordo de una camioneta, se llega al Despunte y de ahí por estrechos caminos a la explanación o Robles, donde según las pocas señas y monosílabos de los nativos, será el punto de encuentro transitorio, en límites con los municipios de Buenaventura, en el Valle, y López de Micay, en Cauca, en camino hacia el Pacifico vallecaucano.
A pesar del pronunciado silencio, de lo que sí están seguros los campesinos y residentes en la zona de El Ceral es que en el marco de este proceso la pavimentación de la vía será una realidad, igual que la cadena de producción y comercialización en la sustitución de cultivos ilícitos. Igual albergan la esperanza de obtener créditos blandos con la banca para poder trabajar.




