Excultivadores de coca hablan del retorno de glifosato

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El gobierno del presidente Iván Duque, como lo prometió en campaña y lo anunció en sus primeros días de gobierno, está decidido a retomar la aspersión de cultivos ilícitos con glifosato.

El Ministerio de justicia ya publicó el decreto para reanudar la fumigación, y solo falta que el Consejo Nacional de Estupefacientes, que tiene una mayoría de miembros del gobierno nacional, dé el visto bueno. Nadie duda de que así será. En 6AM de Caracol Radio buscamos a algunos campesinos ex cultivadores de coca que ahora le apuestan a otro tipo de cultivo, ese sí legal, como el cacao y el maiz.

Todos coincidieron en que el glifosato, si bien retrasaba los cultivos, no era la amenaza que el gobierno dice. Don Elmer, cacaotero en Valdivia, pero que tuvo cultivos de coca, explica que el campesino aprendió a "caerle a tiempo a la avioneta con productos para desintoxicar la plana, productos químicos y otros como melaza y otras revolturas. Si llegábamos tarde, cortábamos la planta y ella volvía a crecer". Al final, explica Elmer, sí retrasaba la producción de la hoja, pero no cambiaba mucho más.

Esta semana el ministro de Defensa, Diego Molano, entrevistado por la Radio de la Policía Nacional confirmó que ya tienen 9 aviones listos para comenzar la fumigación, y que la meta a asperjar este año es de 26.000 hectáreas. Lo mismo nos dijo

Luis Fernando, también en Antioquia, que no solo está de acuerdo en que el glifosato ya no es tan efectivo, porque los cultivadores han aprendido a controlarlo, sino que cuenta su experiencia con el pancoger y glifosato. "Lo destruía todo, la yuca, el plátano, el frijo. Hasta el pasto".

Nicolás, otro ex cultivador de coca, dice que en muchos sitios no solo hay coca, sino otros cultivos que la gente usa para vivir. "Todo eso se moría. Entonces terminábamos todos más pobres", explica.

El Gobierno, cuando se le plantea esta inquietud, explica que las fumigaciones se harán con más precisión que en otra época. Y que eso asegura que solo se destruya la mata de coca. Pero muchas de estas personas no creen en esto porque la experiencia les dice otra cosa.

Según un reporte de Naciones Unidas y la Fundación Ideas para la Paz de agosto de 2018 reportaba que en 29 municipios con altos nivelesde cultivos de coca, el 36% de la población es analfabeta, el 18,2% de los jóvenes que pueden estudiar, no lo hacen, y el 86% tiene rezago educativo.

El cultivador de coca, en uno de estos territorios, tiene un ingreso promedio mensual por hectárea de un cultivador de coca era, en 2019, $410.541 pesos. 56% de un salario mínimo. No se hacen ricos con esto, es el eslabón más debil de la cadena.

El otro asunto, más allá de los debates sobre los riesgos a la salud que implica la fumigación con el glifosato, es el porcentaje de resiembra de los cultivos después de la aspersión. Si el glifosato funciona y acaba la coca, la clave debe medirse a mediano plazo.

Si el campesino vuelve a sembrar, no se habrá logrado el objetivo final: acabar con los cultivos.¿Qué se sabe de la resiembra cuando hay aspersión? Que es altísima. Según Naciones Unidas, el 35% de los pequeños sembradores resiembran las plantas de coca luego de la fumigación. Pero cuando hay sustitución voluntaria, solo el 0,6% vuelven a plantar.

Un estudio de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung Colombia midió cuánto se gastó Colombia en nueve años fumigando con glifosato. Encontró que fueron unos 79,9 billones de pesos. También calculó cuánto costaría apoyar la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos de más de 80 mil familias si se les entregaran 40 millones de pesos por núcleo: 2,9 billones de pesos.

El reporte, citado por el portal Connectas en esta investigación sobre la erradicación de cultivos ilícitos https://www.connectas.org/especiales/claroscuros-de-la-erradicacion-forzada-en-colombia/, se pregunta si no sería mejor y más rentable financiar el programa de sustitución voluntaria de cutivos ilícitos, que está quebrado, y no insistir en una estrategia costosa y fracasada.

El profesor de la Facultad de Economía de la universidad de los Andes, Daniel Mejía, autor del libro 'Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos', dice también que los costos económicos que implican las fumigaciones con glifosato son muy altos. "Estudios que hemos desarrollado desde la Universidad muestran que para eliminar una hectárea de coca mediante aspersión aérea hay que fumigar cerca de 33 hectáreas. Cada hectárea destruída cuesta entre 60 mil y 110 mil dólares".

Vuelve la pregunta sobre la financiación de los proyectos de sustitución voluntaria. La fumigación volverá, y el tiempo volverá a demostrar su ineficacia.

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