Colombia envejece: el reto de construir ciudades para todas las edades
El aumento de la población mayor plantea nuevos desafíos para las ciudades, que deberán adaptar sus espacios, servicios y oportunidades para garantizar autonomía, participación y calidad de vida.

Adulto mayor-colprensa

En el marco de este mes de octubre, en el que se conmemoran a las Personas Mayores, se aborda la discusión en torno al envejecimiento poblacional y a cómo transforma distintos contextos sociales que de alguna u otra manera afectan a esta parte de la población.
Según cifras del DANE, el índice de envejecimiento en Colombia pasó de 7.3 en 1950 a 40.4 en 2021, y la tendencia no se detendrá: se proyecta que alcance 137.7 en 2050 y 274.3 en 2100.
En ese sentido, las ciudades como puntos de referencia donde viven los adultos mayores, tienen que adaptarse, no en la infraestructura, sino también en cómo se reconoce y se les dan roles a las personas mayores en la sociedad.
“Es necesario dejar de verlos como una población que únicamente demanda recursos o que “estorba” y reconocerlos desde su dignidad”, mencionó Myriam Romero, docente de la Licenciatura en Filosofía de la Uniagustiniana.
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¿Colombia está envejeciendo?
Según cifras oficiales del DANE, durante el año 2025 en Colombia había cerca de ocho millones de personas mayores de 60 años, lo que equivale al 15 % de la población, y se estima que para 2050 incremente a 13.000.000, correspondiente al 25 %.
Lo anterior, explicado bajo dos factores claves que están directamente relacionadas con las condiciones desiguales del envejecimiento siendo estos:
- El incremento de la esperanza de vida
- La reducción progresiva de la natalidad
Con esto claro se da un cambio al entenderse el envejecimiento no como un problema en sí mismo, sino como un reto social, económico y cultural, que debe garantizar que una población determinada presente un aumento en su prosperidad con dignidad, autonomía y participación.
El reto de las ciudades como principales entornos de cambio
Desde esta perspectiva, las ciudades deben promover mejores entornos y, con esto, actividades de ocio para que las personas mayores tengan actividad y con ello vitalidad, abrir posibilidades de que los adultos mayores puedan seguir vinculados laboralmente con cargos ajustables a sus capacidades para de esta manera darles seguridad de utilidad, sin llegar a sobreexplotarlos.
“deben existir oportunidades para que puedan seguir aprendiendo y, al mismo tiempo, compartir y enseñar aquello que saben. Esto puede contribuir a que se sientan parte de algo, que reconozcan que siguen aportando y que continúan construyendo”, agrega Romero, docente de Filosofía de la Uniagustiniana.
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Mejorar los espacios por la salud y calidad de vida inclusivos
Así mismo, según la experta, es importante diseñar apropiadamente espacios comunes, como sistemas de transporte, donde los torniquetes en algunos casos se convierten en una barrera que limita la accesibilidad tanto de las personas mayores como jóvenes.
“Cuando una ciudad adapta sus espacios y servicios teniendo en cuenta las características de diferentes poblaciones, está reconociendo sus necesidades y su lugar dentro de la sociedad”, explica Romero.
Así mismo, dice que si la ciudad no reconoce a una parte que la constituye a ella, no se podría decir que se está dando una justicia social, en la que los entornos no son meramente espacios físicos, sino que deben interpretarse como una expresión de la manera en que una sociedad reconoce a sus habitantes.
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¿Cuál es el reto para tener ciudades con más inclusividad?
Para investigadores, no basta con diseñar políticas públicas, ya que es necesario proponer un cambio cultural profundo.
Teniendo en cuenta los tipos de vejez en cuanto a:
- ingresos económicos
- Salud
- vínculos
- Dependencia o Autonomía
De modo que cuando se piensa erróneamente que las infraestructuras y las políticas deben estar destinadas principalmente a una población joven, puede llegar a generar cambios en las características y necesidades de otros grupos que también hacen parte de la ciudad, dando como resultado un espacio social sin equidad y desigual, donde no hay garantías y se propicia más hacia una condena social.
Por ende el verdadero cambio o reto para afrontar esta realidad social se enfoca en crear mejores condiciones para promover una vejez y una etapa digna para esta parte de la población, en materia de sistemas sociales y el fortalecimiento de los vínculos que articulan a la tercera edad.
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