Juan Guillermo Ríos: Los meses en los que pasó de la fama a la soledad
La historia increíble de quien fue el periodista más influyente de Colombia

Juan Guillermo Ríos: Los meses en los que pasó de la fama a la soledad
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Conocí a Juan Guillermo Ríos en 1985. Él era el director y presentador del Noticiero de las 7, y yo era un practicante de 20 años que estaba en la mitad de la carrera en la Universidad Externado de Colombia.
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Los noticieros de televisión habían sido hasta poco antes muy rígidos en sus formas. Locutores como Hernán Castrillón, Efraín Camargo y Jorge Antonio Vega seguían un libreto estricto, mientras rodaban imágenes en voice over o daban paso a largos pregrabados.
Juan Guillermo Ríos en el Noticiero de las 7 y William Restrepo en el Noticiero Nacional habían traído a Colombia la figura del anchorman: Un presentador, al que se le permitía tener opiniones, hacer énfasis y hasta manifestar emociones.
El formato de noticias que imperaba en Francia y en Estados Unidos.
Juan Guillermo, que había estudiado en Bélgica gracias a un puesto diplomático al que llegó por nombramiento de Alfonso López Michelsen, tenía como modelo a Patrick Poivre d’Arvor, el conductor de noticias más importante de Francia. Y después a Dan Rather, el mítico conductor de CBS News, a quien conoció en una reunión que marcó su vida.
Decía Juan Guillermo que Rather le había recomendado ser él mismo y vaya si siguió el consejo.
El estilo innovador y fresco que Ríos importó no funcionó al comienzo. Durante más de un año los ratings estaban por el piso. Los colombianos preferían el formato convencional de su enfrentado, el Noticiero 24 horas, conducido por Efraín Camargo Ruiz.
Pero de repente, el Noticiero de las 7 empezó a subir y a subir.
Juan Guillermo coqueteaba con la cámara, enviaba mensajes de amor cifrados, arrojaba rosas a la lente, mientras contaba las noticias de un país convulsionado por la guerra.
“Hay que hacerle el amor a la vida” era una de sus frases favoritas. Él que era uno de los periodistas mejor informados de Colombia: simultáneamente director del noticiero más visto, integrante de la mesa de 6 AM- 9 AM de Caracol Radio y Asesor Editorial de la Revista Semana, logró que 8 de cada 10 televisores encendidos siguieran su noticiero.
En contraste, la crítica fue durísima: “Payaso”, “populista”, “embaucador” lo llamaban, el abominable hombre de las 7; pero el país real lo adoraba. Era una estrella, lo aplaudían en la calle, las mujeres más bellas caían rendidas ante él y los políticos más influyentes le hacían antesala para contarle sus historias y consultarlo.
Sus camisas eran hechas a la medida en Londres por el mismo camisero chino de Alfonso López Michelsen. El sastre de Juan Guillermo estaba en Savile Row, tenía una colección de relojes y manejaba un Peugeot 405 y un BMW 528 últimos modelos.
Atrás habían quedado los días de hambre en la comuna de Medellín, cuando tenía que recoger sobras en las tiendas para que sus once hermanos pudieran comer.
Juan Guillermo Ríos, hijo de un pintor de brocha gorda y de una mamá que lavaba ropa ajena para sostenerse, era el periodista más influyente de Colombia y una celebridad como pocas.
El presidente Belisario Betancur lo llamaba dos o tres veces al día. Por cuenta de él y de su ministro Bernardo Ramírez, terminó metido como mediador en el proceso de paz con el M-19.
Después de la toma del Palacio de Justicia, nadie apostaba por la continuidad de ese proceso, pero en el apartamento de Juan Guillermo, en la avenida Suba de Bogotá, seguían reuniéndose secretamente los jefes de esa guerrilla con enviados del gobierno.
El propio presidente Betancur acudió una madrugada, manejando su propio carro, para sentarse con Álvaro Fayad en la mesa de comedor del presentador de noticias.
A un sector grande del país eso le molestaba.
La mediación de Juan Guillermo, que se fue haciendo más o menos pública, no era entendida como un servicio a la paz. Las amenazas empezaron y trataron de matarlo una noche después del noticiero.
Le dispararon y logró huir manejando en contravía por la carrera quinta de Bogotá.
La paranoia se apoderó de él.
David García se llamaba el mensajero del Noticiero de las 7 que iba al hotel Hilton, a unas cuadras de la redacción, para llevarle el almuerzo. David caminaba con una bandeja por la carrera séptima hasta llegar a la calle 34.
Juan estaba tan seguro de que lo iban a matar que temía que lo envenenaran y una vez vi cuando le pidió a David que probara la comida antes que él.
Samuel Moreno se llamaba el conductor que ocasionalmente manejaba su carro, ya que a él le gustaba hacerlo. Juan Guillermo tenía una gabardina amarilla, muy característica, y en alguna ocasión se la hizo poner a Samuel y lo sentó en el puesto de atrás mientras él manejaba.
La angustia no era solamente de vida, también de anuncios.
Fabio Echeverry, entonces presidente de la ANDI, promovió un veto publicitario que puso al Noticiero de las 7 al borde de la quiebra.
Así se lo contó años después Juan Guillermo Ríos al periodista Álvaro García.
Juan Guillermo se quedó sin trabajo. El poder se fue y de su mano la fama y también la fortuna.
Su talento seguía intacto, pero nunca volvió a tener un éxito de las mismas dimensiones.
Se enfermó. Tuvo un cáncer y una cirugía que lo mantuvieron meses en estado de coma. Y cuando ya la muerte parecía segura, se recuperó y volvió al trabajo.
Hasta hace muy poco era un volcán de ideas.
El Juan Guillermo de los tiempos duros, no añoraba la fama, ni el poder, ni la plata. Solo la adrenalina del periodismo. Vibraba hablando de las noticias y soñaba con la siguiente que iba a contar.
Nunca hubo nadie como él y quizás nunca más volverá a existir alguien como Juan Guillermo Ríos Rendón, señor periodista que vivió peligrosamente y murió de manera apacible este fin de semana en la misma ciudad que lo vio nacer.
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Daniel Coronell
Daniel Coronell ha sido director de noticias de RCN, Noticias Uno y Noticias Univision, tiene un espacio...




