Los ladrones de tierras
La tozuda realidad de la tenencia de las tierras en Colombia se le presentado al gobierno de Juan Manuel Santos como el gran reto con el que no contaba. No la reforma política, tan clientelista. Ni la reforma a la salud, tan financiera. Ni la reforma a la justicia, tan burocratizada. La reforma agraria es una urgencia que le ha llegado al gobierno de Santos por la puerta de atrás porque de ella no se había hablado de manera suficiente y de eso no se habló en los gobiernos de Uribe en los cuales el sector agropecuario estuvo manejado ya sabemos cómo, ya sabemos por quién y ya sabemos para quiénes.


La tozuda realidad de la tenencia de las tierras en Colombia se le presentado al gobierno de Juan Manuel Santos como el gran reto con el que no contaba. No la reforma política, tan clientelista. Ni la reforma a la salud, tan financiera. Ni la reforma a la justicia, tan burocratizada. La reforma agraria es una urgencia que le ha llegado al gobierno de Santos por la puerta de atrás porque de ella no se había hablado de manera suficiente y de eso no se habló en los gobiernos de Uribe en los cuales el sector agropecuario estuvo manejado ya sabemos cómo, ya sabemos por quién y ya sabemos para quiénes
De esta urgente reforma agraria se habló a propósito de la ley de víctimas, que el partido liberal hizo que dentro de ellas se incluyera el asunto de las tierras, de la devolución de las tierras. A partir de entonces se ha abierto un debate político del cual el conservatismo parece excluido porque le dio culillo que eso todo se metiera en el mismo saco de las víctimas. Pero también fue a partir de ahí que se ha visto cómo sin una audaz devolución de la tierra a sus propietarios originales la violencia va a seguir y el hambre va a seguir. Los cálculos dicen que en los últimos años los narcotraficantes, con sus distintos nombres, con sus distintos protectores, con sus diversos apoyos y secuaces de cuello blanco y de uñas negras, se robaron cinco millones de hectáreas. Y echaron a punta de metralla a más de cuatro millones de colombianos de sus tierras, originando el peor de todos los conflictos que tenemos y de todos los males que padecemos: el de los desplazados
La tarea de evitar la impunidad de ese despojo va a costar sangre porque los narcos con sus aliados van a disparar con desespero. Se le abona al gobierno de Santos que al menos esté poniendo los ojos sobre este cáncer del robo de las tierras, del cual parte la mayoría de los problemas nacionales
Puntillazo. Una ilusión que se está esfumando es la del Partido Verde. Desde las fallidas elecciones presidenciales no se le ha visto eficiencia en la búsqueda de una organización que lo haga respetable y esperanzador. Y el nombramiento de Luis Eduardo Garzón como presidente no parece ser una decisión que oriente a los verdes por un sendero de madurez política. Lo digo porque el muy simpático Lucho sigue exhibiendo dotes de humorista más que de cualquier otra cosa. Lucho es capaz de sacrificar un concepto por hacer un chiste.




