No hay claros favoritos para llevarse el Nobel de Paz. Íngrid Betancourt podría ser la sorpresa
Activistas de los Derechos Humanos como el chino Hu Jia y la abogada chechena Lidia Yusúpova encabezan los pronósticos para el Nobel de la Paz 2008.
Activistas de los Derechos Humanos como el chino Hu Jia y la abogada chechena Lidia Yusúpova encabezan los pronósticos para el Nobel de la Paz 2008, que se otorga mañana en Oslo sin que haya ningún favorito claro. Si en 2007 todas las quinielas señalaban al indio Rajendra Pachauri, que preside el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, y al ex vicepresidente de EEUU Al Gore, que finalmente se llevaron el premio, este año la situación es distinta. Tampoco se ha finalizado con éxito ninguno de los procesos de paz en curso, lo que no ha pasado desapercibido al director del Instituto Nobel de Oslo, Geir Lundestad, que ha reconocido la falta de "avances llamativos" que el Comité Nobel debiera considerar. A favor de Jia, que cumple condena de prisión en China por incitar a la subversión, de Yusúpova y de organizaciones como Human Rights Watch juega el calendario: el 10 de diciembre, el día que se entregan los Nobel, se cumplirán 60 años de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU en París. En el caso de la abogada chechena también le favorece haber recibido en 2005 el premio Rafto, con el que la fundación noruega del mismo nombre reconoce el trabajo humanitario. Ganadores del Rafto como la activista birmana Aung San Suu Kyi; el ahora primer ministro de Timor Oriental, José Ramos Horta; el coreano Kim Dae-Jung y la abogada iraní Shirin Ebadi fueron premiados años después con el Nobel de la Paz. Otros candidatos que suenan con fuerza son el presidente del Tribunal Supremo paquistaní, Iftikhar Muhammad Chaudry; la ex fiscal del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), Carla del Ponte; el monje vietnamita Thich Quang Do; y el líder opositor de Zimbabue, Morgan Tsvangirai. Y también se nombra a la polaca Irena Sendler, que salvó a cientos de niños judíos en la II Guerra Mundial y durante la ocupación de Polonia por los nazis; la activista inuita canadiense Sheila Watt-Cloutier; el ex presidente de Finlandia y enviado especial de la ONU para Kosovo, Martti Ahtisaari; el ex canciller alemán Helmut Kohl y el pastor congoleño Bulambo Lembelembe Josué. El mundo hispanohablante está representado en los pronósticos por la política colombiana Ingrid Betancourt, el presidente de Bolivia, Evo Morales; el opositor cubano Osvaldo Payá y las argentinas Abuelas de Plaza de Mayo. Pero todo son suposiciones, porque los nominados no se pueden conocer hasta pasados 50 años, aunque nada impide que los hagan públicos los individuos o instituciones que han propuesto candidaturas, como así sucede en algunos casos. Lo único que se sabe con seguridad es que hay 197 candidatos y que de ellos 164 son individuos y 33 organizaciones. La elección del Nobel de la Paz tampoco ha escapado a la polémica previa, igual que ha ocurrido con el de Literatura por las críticas del secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdahl, a la literatura estadounidense. El conocido activista por la paz noruego Fredrik S. Heffermehl ha acusado en su libro "La voluntad de Nobel", recientemente publicado, al Comité Nobel de conceder los premios contraviniendo los deseos del creador de los galardones. Nobel dejó escrito en su testamento que el premio de la Paz debía reconocer a personas que contribuyeran a fomentar la fraternidad entre las naciones, a la reducción de armamento y la promoción de la paz. Heffermehl sostiene que sólo el 45 por ciento de los premiados desde 1945 cumple esos criterios, frente al 85 del período anterior. El jurista noruego cree que esta desviación obedece a dos razones: intereses de la nueva mayoría política en Noruega surgida tras la posguerra y los vínculos con el empresariado para abusar del premio y convertirlo en la "marca internacional" del país. Por ello ha pedido la dimisión del Comité Nobel y ha avisado de que emprenderá medidas judiciales contra esta entidad. La polémica no ha sido ajena al premio en su historia, tanto por la evolución de los criterios como por la elección de ganadores. El Comité Nobel ha propugnado en los últimos tiempos una interpretación heterodoxa, incluyendo así méritos como la lucha por el medioambiente -la keniana Wangari Maathai (2004) o Gore y Pachauri (2007)- o contra la pobreza -el bangladeshí Mohamed Yunus y su banco de microcréditos Grameen Bank (2006). Entre los galardonados más polémicos se cita por encima de todos al entonces secretario de Estado de EEUU Henry Kissinger, premiado en 1973 por poner fin a la guerra de Vietnam, un conflicto que en realidad contribuyó a espolear. Y también ha habido olvidos dolorosos, como el del indio Mahatma Gandhi, nominado cinco veces entre 1937 y 1948, pero que nunca llegó a recibir el prestigioso premio.




