Obispos de frontera colombo-ecuatoriana rechazan Plan Colombia
Obispos de las zonas fronterizas de Ecuador y Colombia rechazaron el lunes por medio de un comunicado de prensa la aplicación del Plan Colombia, una estrategia con el apoyo financiero de Estados Unidos y concebida para erradicar la producción y comercialización de drogas.
QUITO.--- Obispos de las zonas fronterizas de Ecuador y Colombia rechazaron el lunes por medio de un comunicado de prensa la aplicación del Plan Colombia, una estrategia con el apoyo financiero de Estados Unidos y concebida para erradicar la producción y comercialización de drogas. Ecuador y Colombia comparten una frontera de 620 kilómetros, donde en los últimos meses han ocurrido incursiones frecuentes de grupos armados y de delincuentes, así como un incremento de la migración de colombianos a territorio ecuatoriano. Las autoridades eclesiásticas reunidas en la provincia ecuatoriana costera de Esmeraldas, a 317 kilómetros al este de Quito, consideraron que el Plan Colombia genera la migración forzada de pobladores y la desintegración familiar por su carácter militar. "Reiterar nuestro rechazo al Plan Colombia... por su carácter bélico (...) Estamos de acuerdo en la erradicación de los cultivos ilícitos con procedimientos que respeten el ecosistema, la biodiversidad y, especialmente, la vida humana", indicaron los obispos en un comunicado. Desde el inicio de las operaciones del Plan Colombia, en el departamento del Putumayo, 1.480 colombianos se refugiaron en la provincia amazónica de Sucumbíos, con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Según la opinión de los jerarcas religiosos, la puesta en marcha del Plan Colombia y su versión regional, denominada por Estados Unidos Iniciativa Andina, "lejos de resolver los problemas de pobreza, agudizan la situación de injusticia y violencia, profundizando y regionalizando el conflicto interno colombiano". Ecuador teme que este plan, una ofensiva antidrogas ejecutada en Colombia mediante una inversión de 1.300 millones de dólares aportados por Estados Unidos, tenga consecuencias en sus provincias fronterizas, que se caracterizan por sus altos niveles de marginalidad y pobreza.




