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Retiro de obras del Museo Nacional reabre el debate sobre lo ‘woke’ y la memoria histórica

El gobierno de Abelardo de la Espriella ordenó retirar piezas relacionadas con Carlos Pizarro, la comunidad LGBTIQ+ y las víctimas de la violencia política. Expertos del sector artístico advierten sobre los riesgos de limitar la representación de la historia y la diversidad en los espacios culturales.

Museo Nacional retira obras culturales. Fotos Museo Nacional y Redes sociales

Museo Nacional retira obras culturales. Fotos Museo Nacional y Redes sociales

Museo Nacional retira obras culturales. Fotos Museo Nacional y Redes sociales

El retiro de más de 30 piezas del Museo Nacional de Colombia puso en el centro de la discusión el papel del arte, la memoria histórica y la representación de las comunidades en el país. La decisión se produjo después de que el presidente Abelardo de la Espriella ordenara eliminar de los espacios públicos las imágenes relacionadas con Carlos Pizarro, excomandante del M-19, por considerar que exaltan el terrorismo.

Para Néstor Rosanía, analista en temas de seguridad y conflicto armado, abordar este tipo de figuras desde los museos no significa necesariamente hacer una apología al terrorismo. A su juicio, es necesario estudiar a los actores del conflicto teniendo en cuenta tanto sus responsabilidades como los procesos políticos e históricos en los que participaron.

“Pizarro hay que leerlo y hay que entenderlo bajo sus responsabilidades políticas, militares y de la guerra”, señala Rosanía, quien insiste en que su pasado no debe ocultarse.

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El analista advierte que eliminar estas referencias puede dificultar la comprensión de la historia del país. En su concepto, conocer el pasado permite entender cómo se llegó a la violencia y por qué son importantes los procesos de desmovilización y construcción de paz.

“No se trata de un tema de apología al terrorismo, se trata de memoria histórica y esa visión fanática de intentar esconder, ocultar o no hablar de los conflictos armados y de sus actores responde más es a fanatismos históricos de procesos de oscurantismo y fanatismos religiosos que a una lectura social que se tiene que hacer de los conflictos armados. Cabe recordar que un pueblo que no reconoce su pasado está condenado a repetirlo en el futuro”.

Kevin Contreras, estudiante de Comunicación de la Universidad EAN y vinculado a áreas creativas y artísticas, también cuestiona el retiro de las obras. Considera que sacar estas representaciones de los espacios culturales puede reducir la diversidad de relatos que encuentran los visitantes.

“Se quiere solamente reconocer un lado de la historia de Colombia”, afirma Contreras, quien cuestiona que decisiones de carácter político determinen qué expresiones artísticas pueden permanecer en un museo.

Para él, las obras relacionadas con las comunidades LGBTIQ+ no deben entenderse únicamente como parte de una disputa ideológica. También representan experiencias sociales y luchas por el reconocimiento que hacen parte de la historia del país.

Contreras advierte que Colombia es una sociedad diversa, integrada por comunidades con distintas identidades, orígenes y experiencias, y que excluir algunas de esas representaciones puede contribuir a su invisibilización.

El debate sobre lo woke, término que en la discusión política actual se utiliza para cuestionar agendas relacionadas con la diversidad, la inclusión y las desigualdades sociales, también plantea una discusión sobre quién tiene el poder de decidir qué historias merecen ser contadas.

¿Memoria histórica o apología a la violencia?

La medida también alcanzó piezas relacionadas con la comunidad LGBTIQ+, las víctimas de la Unión Patriótica y el Acuerdo de Paz de 2016, según reportes sobre lo ocurrido en las salas Hacer sociedad y De memoria del museo. El retiro coincide con el anuncio del mandatario de impulsar una “contrarrevolución cultural” contra lo que denomina wokismo, una corriente que su gobierno cuestiona por considerar que promueve cambios en los valores tradicionales y en la identidad nacional.

Uno de los puntos centrales de la controversia es cómo representar a personajes que participaron en el conflicto armado colombiano sin justificar sus acciones ni borrar su trayectoria histórica.

Carlos Pizarro fue uno de los principales comandantes del M-19, guerrilla que protagonizó hechos violentos, entre ellos la toma del Palacio de Justicia en 1985. Tras dejar las armas, Pizarro participó en la política electoral y fue asesinado en 1990, cuando era candidato presidencial.

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¿Una nueva política cultural?

El presidente De la Espriella ha defendido la necesidad de recuperar los valores tradicionales y evitar que las instituciones culturales promuevan lo que considera una visión ideológica de la historia. Durante su visita al Ministerio de Cultura, también anunció que buscará recuperar el nombre de Ministerio de Cultura y Patrimonio, en reemplazo de Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

Sin embargo, la decisión de retirar las piezas plantea interrogantes sobre los límites de la intervención estatal en los museos y la autonomía de los procesos artísticos y curatoriales, es decir, los criterios con los que se seleccionan, organizan y explican las obras en una exposición.

Contreras recuerda que el artículo 71 de la Constitución colombiana protege la libertad de expresión artística y la búsqueda del conocimiento. También señala que la Ley General de Cultura contempla la protección del patrimonio y el estímulo a la creación artística.

Desde su perspectiva, retirar obras por razones políticas puede afectar esa libertad y abrir la puerta a que cada administración modifique la representación del pasado de acuerdo con su propia visión ideológica.

El debate también exige reconocer que los museos tienen la responsabilidad de contextualizar las obras y ofrecer información suficiente sobre las víctimas y las consecuencias de la violencia. La discusión no se resuelve simplemente manteniendo o retirando una pieza, sino evaluando qué explica, qué omite y cómo contribuye a comprender la historia.

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