Hace un mes, Cali convirtió sus espacios en puntos de solidaridad tras el terremoto
Tras el sismo del 10 de agosto, centros de acopio y refugios surgieron en distintos puntos de la ciudad para atender a las familias afectadas


Cuando la tierra se movió el pasado 10 de agosto, Cali tuvo que responder rápidamente a una emergencia que dejó viviendas afectadas, familias desalojadas y barrios enteros intentando entender qué hacer después. Mientras comenzaba la atención de la emergencia, en distintos puntos de la ciudad apareció otra respuesta: la de quienes simplemente querían ayudar.
Así nacieron los centros de acopio. Uno de los primeros estuvo en la Plazoleta Jairo Varela, donde durante los primeros días cerca de 4.000 personas participaron entre donantes y voluntarios. Allí comenzaron a llegar alimentos, ropa, elementos de aseo, herramientas y todo aquello que pudiera servir a una familia afectada.
Desde la Alcaldía de Cali explicaron que este fue uno de los primeros espacios habilitados para organizar las donaciones que empezaban a llegar a la ciudad.
“Este fue el primer centro de acopio, punto de acopio, que dispuso la Alcaldía Distrital de Santiago de Cali. Tiene un sentido muy solidario y es poder organizar absolutamente todas las donaciones, las toneladas que están llegando de comida”
Pero quizás una de las imágenes más particulares de esta respuesta estuvo en la Unidad Deportiva Alberto Galindo, un lugar que estaba preparado para recibir la edición número 30 del Festival de Música Petronio Álvarez, que comenzaría el 12 de agosto y finalmente tuvo que ser suspendida.
Las cocinas, los espacios destinados a las ventas y los lugares que estaban a punto de llenarse de música y gastronomía cambiaron de propósito. La fiesta que estaba por comenzar dio paso a la solidaridad.
Una de las voluntarias que participó en esta labor destacó la unión que se generó entre las personas que llegaron para ayudar.
“El que no sirve para servir, no sirve para vivir. En este lugar se ha creado toda una red unificada de personas de todos los estratos, de todas las profesiones y, de una u otra forma, hemos creado una familia.”
El movimiento fue enorme. Desde la Unidad Deportiva Alberto Galindo se recibieron y despacharon más de 360 toneladas de ayudas, que fueron distribuidas entre comunidades afectadas de Cali y otros municipios del Valle del Cauca.
Las ayudas también salieron desde otros puntos de la ciudad, como la Escuela Nacional del Deporte, el Parque de la Caña y la antigua Licorera del Valle. En este último lugar, cerca de 600 voluntarios ayudaron a organizar las donaciones antes de enviarlas hacia los municipios que las necesitaban.
Pero la solidaridad no se concentró únicamente en los centros oficiales. En distintos barrios de Cali, ciudadanos, organizaciones, empresas, iglesias y grupos comunitarios también habilitaron sus propios espacios para recibir y repartir ayudas.
Y mientras unos lugares recibían mercados y herramientas, otros comenzaron a recibir personas. Escenarios deportivos como la cancha de hockey Miguel Calero y el diamante de béisbol fueron habilitados como refugios para quienes no podían regresar a sus viviendas.
También hubo hoteles y establecimientos privados que abrieron sus puertas para las personas afectadas. En Chiminangos, algunas familias instalaron sus propias carpas frente a los edificios de los que habían sido evacuadas.
Una de las personas que acompañó a quienes permanecían en este sector contó cómo estaban viviendo decenas de familias que habían tenido que abandonar sus apartamentos.
“Son más de 150 personas que están escampando. Nosotros conseguimos las carpas... Son personas que perdieron su apartamento, entonces desalojaron. Muchas salieron no más con lo que tenían puesto. En una carpa están durmiendo seis, siete personas...”
Un mes después, algunos centros ya cerraron, otros continúan despachando ayudas y varios empiezan a cambiar su función para responder a una nueva necesidad: la reconstrucción.
Durante este mes, Cali no solo recibió toneladas de ayudas. Recibió tiempo, manos, mercados y materiales. Los centros de acopio y los refugios terminaron siendo mucho más que bodegas y lugares de paso: fueron espacios donde una ciudad organizó su solidaridad para convertirla en ayuda para una familia, un techo temporal para quien perdió su casa o un paquete que finalmente encontró el camino hacia una comunidad afectada.




