Así utiliza Santillana el fútbol como herramienta pedagógica para transformar la educación
Diego Pineda, creador conceptual de la Copa Compartir de Santillana, le contó a Caracol Radio como el fútbol puede ayudar a transformar la enseñanza desde la pasión y el juego.

Diego Pineda tiene más de 48 años de experiencia en docencia y en educación. | Foto: Caracol Radio

Por: Juan Camilo Paiba Castellanos
La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo se vivirá en las canchas, en los bares o casas, también lo hará desde las aulas de clases. Con motivo del evento, y paralelo a él, Santilla creó una estrategia pedagógica que une lo mejor de esos dos mundos: el poder transformador de la educación y la pasión por el deporte.
De esta manera, la editorial busca aprovechar la competencia como potencial que impulse la formación juvenil en Latinoamérica.
Con Jorge Valdano, ex jugador y campeón del mundo con la Selección Argentina en 1986, como embajador estrella, esta experiencia educativa gamificada (aprender jugando) se encuentra en su segunda etapa, Fase de Grupo Nacional, en donde más de 2.000 colegios de la región compiten por un lugar en las finales.
Para entender mejor el concepto detrás del proyecto, Caracol Radio conversó con su creador; Diego Pineda, doctor en Filosofía y magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Una charla en la que el autor explica lo que el fútbol puede ofrecerle a la academia.
Usted lleva décadas trabajando en Filosofía para Niños, un programa que busca desarrollar el pensamiento crítico desde la infancia. ¿En qué se parece ese ejercicio educativo a lo que ocurre en un equipo de fútbol?

Jorge Valdano hará parte de la Copa Compartir, una iniciativa de Santillana para fortalecer la educación desde del deporte | Foto: Copa Compartir

Jorge Valdano hará parte de la Copa Compartir, una iniciativa de Santillana para fortalecer la educación desde del deporte | Foto: Copa Compartir
Yo creo que las cosas siempre se cruzan donde se encuentran las pasiones. Y la pasión por el deporte es tan semejante a la pasión por el conocimiento, la pasión por preguntarse, y sobre todo, se cruzan en una cosa fundamental: en el hecho de gozar con aquello que queríamos desde niños, y eso precisamente pasa con el fútbol.
Durante mucho tiempo se lo vio como ideología, como una falsa conciencia. Pero, hoy en día estamos empezando a entender algo muy importante y es que ese deporte es un elemento esencial de la cultura contemporánea. En torno a él hay una cantidad de batallas simbólicas, hay relatos, en torno suyo hay imaginación.
Un poco la inspiración de este proyecto es eso, cómo hacemos de él una herramienta cultural; pedagógica, que nos ayude a reflexionar sobre lo que somos y a comprender mejor la época en que vivimos.
¿Cómo se convierte la parte emocional del fútbol en una herramienta pedagógica?
El fútbol puede ser una herramienta educativa porque un partido también es una lección de historia y de geografía, incluso es una lección de ética. Creo que se puede comprender así: el que no le gusta el fútbol y no lo aprecia, no comprende el valor emocional que tiene.
Por eso, el término que utilizamos en este proyecto es pasión. Eso es lo que estamos buscando, porque detrás de esos sentimientos hay todo un mundo de culturas, podría decirse que es un catalizador social que puede medir el estado emocional de un país. En ese sentido, la educación asimismo se mueve por sensaciones, ¿qué me hace sentir la matemática o la ciencia? Luego, eso se convierte en la motivación para querer aprender.
¿Cómo se puede trasladar eso al sistema educativo?
A mí me parece que lo primero que hay que cuestionar es si medir la educación por la utilidad que tiene es lo que realmente necesitamos. Creemos que algo es más educativo porque tiene más utilidad, pero eso en cierto modo es pasajero. Actualmente, uno aprende muchas cosas útiles que en un año ya no lo son. Por ejemplo, en tecnología. Esta avanza tan rápido que lo que se aprende hoy en un año no sirve para nada.
Entonces yo creo que tenemos que pensar más en un aprendizaje mucho más significativo, mucho más estable, que nos enseñe a comprender los símbolos, la cultura, que nos dé una perspectiva histórica para juzgar las cosas, pero que sea práctico, didáctico y de fácil acceso.
El fútbol es un juego que recoge esa experiencia, que se juega en todas partes, que no necesita de grandes inversiones, que se práctica en la calle poniendo dos ladrillos, o que se juega en un potrero poniendo dos sacos, dos chaquetas y listo.
Y que además logra que se reúna mucha gente en torno a eso. Va creando historias maravillosas de resiliencia, de mediación en los conflictos, como las historias de Garrincha, como las de Drogba, como las de Pelé, Maradona, Messi, etc. cantidades de jugadores que no simplemente han sido deportistas, sino que han sido personajes públicos muy importantes; que se convirtieron en símbolos.
¿Qué le diría a un maestro escéptico que cree que conectar el fútbol con el aula es trivializar la educación?

Durante el Mundial 2026, directivos, docentes, padres de familia y estudiantes podrán participar en la Copa Compartir, una iniciativa de Santillana.| Foto: Copa Compartir

Durante el Mundial 2026, directivos, docentes, padres de familia y estudiantes podrán participar en la Copa Compartir, una iniciativa de Santillana.| Foto: Copa Compartir
Decirle algo a un escéptico siempre es difícil. Porque el escéptico tiene por punto de partida el no creer en nada. Pero, lo que le diría es, sabiendo que no me va a creer: la vida no es tan seria, que, en parte, es un juego. Que todo lo que uno logra es porque sabe jugar. Y el fútbol nos enseña a jugar, nos enseña de estrategia a enfrentar las frustraciones, y ahí es donde entra la educación.
Ahora bien, creer que la academia es sólo instrucción, que es solo conocimiento rígido, es una visión pobre. Educarse no es otra cosa que aprender a vivir mejor. Y para aprender a vivir mejor tenemos que aprender a disfrutar de todo este aspecto lúdico de la vida. Y el fútbol es el juego y la diversión por excelencia del mundo contemporáneo. Eso le va aportar la Copa, herramientas para disfrutar el aprendizaje.
¿Cómo ve que una editorial educativa impulse una iniciativa como esta? ¿Qué responsabilidad tienen las empresas del sector educativo en la promoción de valores?
A mí me parece que la iniciativa Santillana es fantástica porque entiende que el discurso ético, el discurso sobre los valores, no es abstracto; que no es una cuestión de dar buenos consejos y de decirle al otro que es lo que debe hacer, sino comprender lo que somos. Y dentro de ese ejercicio de comprender lo que somos, aprender a valorar lo que somos.
Al respecto, recurrir a una herramienta como el fútbol me parece que es un gran acierto porque el niño y el joven no lo sienten como algo ajeno. No lo entienden como las narrativas abstractas de los mayores; repetitivas y cansonas, sino como algo que les interesa, que los convoca, que los apasiona, y que les ayuda también a contar historias.
De ese tipo de cosas, el fútbol, y el deporte en general, tiene muchas cosas que enseñarnos y que las empresas deberían impulsar. El juego en general está lleno de símbolos, de historias que tienen mucho que enseñarnos.
¿Qué debería aprender un estudiante que participa en la Copa Compartir, que no aprende leyendo un libro o haciendo un examen?
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Toda la Copa Compartir está hecha a través de actividades que cuentan historias. Historias de futbolistas que han tenido incidencia pública. De mujeres que descubrieron el fútbol, por ejemplo, y de cómo fue toda su lucha por poder acceder al juego. De selecciones como la de Argentina ante Inglaterra y cómo ese país pudo reivindicarse.
Es decir, lo que se intenta con el proyecto, con todos estos textos, es generar una especie de compartir. Reforzar que no se trata solo de un examen, de un libro con contenidos que hay que aprender, sino de un conjunto de historias que se pueden vivir, que los estudiantes pueden conseguir con trabajo duro.
¿Puede darnos algunos tips para los jugadores de la copa?
Primero, que se lean las historias, hay para todos los gustos, para todos los niveles. Ahí van a encontrar la pasión, que está ligada a que uno puede contar su propio cuento.
Porque, la vida es contar historias, ¿no? Cuando nos reunimos con los amigos, ¿de qué hablamos? De nuestra infancia, del barrio, de lo que nos pasó en el colegio. Entonces, que jugar en la copa sea una ocasión para contar sus propias vivencias, para recrearlas. Y eso es lo que mejor lo prepara uno.
Además, que entrenen como en el fútbol. Si uno llega a la competencia en frío, si no se prepara y no hace bien el ejercicio, pues, no mucho saldrá bien. Pero yo creo que esto es para apasionarse. Por eso hablamos de una pasión que convoca, inspira y educa, ¿no?
¿Cómo se aseguran de que los contenidos no se olviden cuando se acabe el mundial?
Hoy en día sabemos que el fútbol no solo es el mundial, es el deporte como pasión colectiva.
Así lo usamos como herramienta educativa. Mucho de lo que se hizo, se hizo con ocasión del mundial, pero está iniciativa va más allá de él. Muchas de las actividades que hay, y muchas otras cosas que se pueden hacer de aquí en adelante, creo que pueden ser mucho más duraderas.
Y todas estas cosas se pueden ir renovando. Porque aquí lo que se busca es un vínculo del fútbol con muchas áreas del currículo. Con la literatura, con la filosofía, incluso con las matemáticas, con la historia y la geografía, con todo ese tipo de asignaturas. Así que, Copa Compartir, habrá para rato.




