La ambición por el oro amenaza la salud del Orinoco

La minería ilegal ha causado contaminación de algunas especies y riesgos para la biodiversidad del afluente.

El cambio de color en el agua del río Inírida, es el primer indicio de la presencia de minería ilegal, Saulo Usma, Coordinador de agua dulce de WWF, ONG que junto a varias entidades del Estado, evalúa la salud del río Orinoco, explicó las consecuencias de alterar su apariencia.

“Nosotros tenemos datos que son muy puntuales de presencia de mercurio en varios de los peces comerciales que hay aquí, lo otro se aprecia a simple vista, los cambios que se están dando aquí por la actividad minera, es que como se remueven sedimentos el fondo del río, esos sedimentos están cambiando la naturaleza de los tipos de agua, aguas que son transparentes por naturaleza, ahora las vemos color café con leche igual que las aguas del río Guaviare, por todos estos sedimentos que transportan, el gran problema que tenemos es que esas aguas cuando empiezan a ser tan sedimentadas, no favorecen a las poblaciones nativas de peces ornamentales”.

A una hora y media en lancha desde la capital de Guainía, balsas mineras aparecen en el paisaje del río Inírida, la extracción de oro se ha desplazado, aguas arriba y aguas debajo de la Estrella Fluvial de Inírida, donde se funden los ríos Guaviare, Inírida y Atabapo, para formar el Gran Orinoco, pero no ha desaparecido, como relató un minero que prefirió mantener su nombre en reserva.

“En el río Inírida se trabaja en balsas ‘buciao’ bucean, el buzo está buscando la pinta, manda el material y en Venezuela, por los lados del Orinoco en Yacapana se trabaja es en tierra, se busca el oro en tierra en planchetas”.

Los gramos de oro, que se extraen del fondo del río o de la tierra y que en promedio se compran a 80 mil pesos, se intercambian por comida, gasolina y mujeres.

“Por ejemplo el tambor de combustible lo pagan a 10 gramos, la comida depende, una arroba de papa un gramo, un racimo de plátano un gramo un kilo de carne un gramo, un pollo un gramo, una ensalada de frutas un gramo, una hamburguesa medio gramo, las mujeres también vienen, aunque en las balsas no se ve tanta prostitución como en tierra”.

A pesar de los graves daños ambientales que ha generado la actividad y que motivaron que la Estrella Fluvial se declarara como sitio Ramsar, sujeto de protección especial, algunos mineros se resisten a entender que el veneno que vierten en las aguas puede matar la riqueza del río.

“Yo trabajo en la mina, pero yo nunca he llegado a mirar como dice la gente que mueren pescados, que muere la persona y llevo más de 30 años trabajando la minería, sacan el oro con el mercurio y lo queman”. Relató un indígena que trabaja en las balsas mineras.

La minería es precisamente uno de los retos que enfrentan las autoridades del departamento, Javier Eliécer Zapata, Gobernador electo de Guainía, dijo que en su gobierno mantendrá la lucha frontal contra el flagelo.

“El departamento de Guainía tiene 72.300 kilómetros cuadrados, donde la minería ilegal hace presencia en varios sitios, el Gobierno nacional ha venido atacando esta minería con resultados, pero al ser uno de los renglones donde el minero, cuando lo atacan va y hace otra minería en otro lado, a veces se convierte difícil por lo extenso del departamento, pero si se ha coordinado entre las instituciones e ha invitado al minero a que hagamos una reconvención laboral, en términos también de hacer una minería acorde con el medio ambiente”.

Aunque las balsas mineras se ven cada vez con menor frecuencia, gracias a la persecución de las autoridades y a la protección del río como zona de reserva, urge una reglamentación más fuerte para evitar que la ambición por el oro, destruya uno de los patrimonios de agua y vida del país.

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