Tras la verdad oficial
Los demás, que discrepan en mayor o menor medida, están en el “bloque intelectual de las FARC”, o son “cómplices de terrorismo”, expresiones calculadas y ampliamente provocadoras utilizadas por el Presidente en los últimos días.
Por Néstor MoralesAl Presidente Uribe le gustaría que todos los periodistas fueran como un ya legendario director de noticias en televisión, Álvaro García, que pasó de defender su independencia profesional a oficiar como agente de relaciones públicas desde la Embajada en Argentina. O como una prestigiosa entrevistadora, María Isabel Rueda, que es periodista de día y consejera gubernamental en la noche. Plinio Apuleyo Mendoza es, por supuesto, otro de los modelos que gustan en la Casa de Nariño. Sus tesis las ven como el epítome de la doctrina uribista, aunque de la misma manera las habían visto otros gobiernos a los que Plinio sirvió y defendió desde la comodidad del servicio diplomático
Ese es el periodismo que tiene éxito en los pasillos oficiales. Y el de los medios licitantes, claro, que desnudan sus apetitos a cambio de una prorroga, de un contrato, o de una licitación. Los demás, que discrepan en mayor o menor medida, están en el “bloque intelectual de las FARC”, o son “cómplices de terrorismo”, expresiones calculadas y ampliamente provocadoras utilizadas por el Presidente en los últimos días. Ambas son producto de la creciente intolerancia. Al Presidente le pasa como a los futbolistas argentinos, y es que se tiene mucha confianza. Desde cuando comenzó a acusar a miembros de la oposición con el cuento de que eran terroristas, hasta hoy, cuando convierte el disenso en sociedad con la guerrilla, ha pasado apenas un Gobierno. Pero sus descalificaciones van peligrosamente en aumento
Es como si su seguridad democrática no estuviera acompañada de una necesaria paciencia y comprensión hacia la crítica. Venir a descubrir a estas alturas que el periodismo ha sido infiltrado por la guerrilla es un acto de hipocresía sin sentido, pero generalizarlo por discrepancias ideológicas es un gesto de perversidad que pone muchas vidas en riesgo
Las FARC, seguramente, tienen gente de sus afectos en salas de redacción de medios locales y nacionales. Como también tenían los paramilitares o narcotraficantes que en su momento legaron sus memorias a través de periodistas que redactaron libros morbosos contando las miserias de la guerra. Todos, incluyendo al Ministerio de Defensa y la Embajada de Estados Unidos, han utilizado los canales de televisión, las emisoras de radio y las imprentas de periódicos para imponer sus verdades. Pero no se puede confundir al país mirando sólo una cara de la militancia en los medios de comunicación. El Gobierno tiene la obligación de presentar pruebas en los casos de nexos de unos reporteros con cualquier grupo criminal. Y debe denunciarlo de frente, sin recurrir a la satanización del gremio o de los medios
De lo contrario, si no tiene pruebas y sus acusaciones son guiadas apenas por sus pasiones y prejuicios, tendrá que enfrentarse a su propia paradoja: mejorar las cifras de muertos, pero agravar las de amenazados
++++++++++++++++++++Al terminar esta columna me entero que Holman Morris y su familia tienen que salir del país por amenazas. Ni sus imprudencias ni su ingenuidad justifican la acusación de terrorista lanzada por el Presidente Uribe. nmorales@caracol.com.co




