Prensa del mundo califica 'duro' golpe a las FARC la muerte de "Marulanda"
La prensa estadunidense califico la muerte del líder rebelde Manuel Marulanda como un severo golpe a las FARC, y el fin de una era en su lucha armada contra el Estado colombiano.
La prensa estadunidense califico la muerte del líder rebelde "Manuel Marulanda" como un severo golpe a las FARC, y el fin de una era en su lucha armada contra el Estado colombiano. El periódico The Washington Post señaló incluso que la muerte de Marulanda, conocido como 'Tirofijo', ha abierto la posibilidad 'de que el nuevo liderazgo rebelde pueda considerar negociaciones de paz'. Precisó que el ascenso de Alfonso Cano como nuevo jefe de las FARC en reemplazo de Marulanda, 'podría ofrecer nuevas ideas al movimiento rebelde'. Para el diario Houstoin Cronicle, si bien la muerte de "Marulanda" constituye un duro golpe a las FARC, la organización rebelde continuará presentando un severo reto al Estado colombiano. 'Las FARC tienen un largo historial de sobrevivencia frente a tiempos difíciles', señaló el matutino, el recordar las ocasiones en que Marulanda pudo sobrevivir a atentados en su contra. Para el Miami Herald, la muerte de "Marulanda", cuyo nombre verdadero fue Pedro Antonio Marín, ha colocado a las FARC frente a un futuro incierto en un momento en que enfrenta una seria ofensiva gubernamental. De hecho calificó el deceso como 'otra victoria en los esfuerzos del presidente Álvaro Uribe, quien ha librado una batalla contra las FARC desde el 2002'. Más allá del efecto inmediato que la muerte de Marulanda tendrá en el futuro del movimiento insurgente más antiguo en Latinoamérica, The New York Times destacó que su deceso cierra un capítulo y deja un vacío difícil de llenar dentro de las FARC. 'Sera imposible para cualquiera dentro de la organización alcanzar la altura de Marulanda', indicó. Otros diarios del mundo escribieron sendos editoriales: EL NACIONAL DE CARACAS Fin de una época Si la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967 acabó con las ilusiones de tantos grupos ultraizquierdistas en América Latina, que de alguna manera y otras formas habían sido ya derrotadas en el resto del mundo, el fallecimiento del colombiano Manuel Marulanda (Tirofijo por más señas) cierra ahora todo un gran ciclo político en nuestra región. A partir de estos próximos meses y quizás por algunos años en adelante, ya se tendrán que clausurar, inevitablemente, los antiguos caminos de la revolución armada, no tanto porque hayan carecido de heroísmo o entrega individual, sino porque sus propios métodos militares y de financiamiento han terminado por ser sus más rotundos y definitivos sepultureros. La muerte de "Marulanda" no marca sino una fecha estricta de lo que ya estaba más o menos anunciado, valga decir, el persistente declive de la influencia política y militar de la guerrilla en estos dos períodos de gobierno del presidente Álvaro Uribe. La reelección del mandatario colombiano no fue otra cosa que un respaldo político y una declaración de guerra abierta contra las FARC y el ELN. Con este doble respaldo, Uribe estaba en capacidad de emprender una guerra no sólo contra la narcoguerrilla, sino contra sus propios generales que manejaban las victorias y las derrotas en el campo de batalla de acuerdo con sus intereses personales. De allí surgió la tesis de que general derrotado, general retirado. De ahora en adelante lo importante y lo decisivo era, según Uribe, vencer en el campo de batalla: no volvería a haber jamás ni nunca margen para las excusas. Quienes fueron los mejores receptores de ese mensaje directo y duro, fueron los jóvenes militares, hartos de las ineficiencias de sus altos mandos. La ayuda militar estadounidense, basada en su capacidad de suministrar información de inteligencia y en el apoyo tecnológico, no era lo suficientemente precisa ni confiable para avanzar concretamente en la guerra contra las FARC. También intervinieron los servicios de inteligencia británicos y españoles, que de alguna manera estaban siendo perjudicados por las alianzas de las FARC con la ETA y el IRA, así como por los embarques de drogas desde Colombia y Venezuela hacia los principales puertos europeos. Con la muerte de Marulanda, alias Tirofijo, apenas desaparece una figura, importante en la misma medida en que justificaba la rebelión armada a partir de un estallido de violencia en Colombia que durante años no ha podido ser sofocado por inoperancia política. Y luego, si hoy fuera sofocado como todo parece indicar, Uribe debería proponer un plan justicia social que los colombianos nunca en su vida han sentido de sus gobernantes. Empezando por eliminar los feudos electorales, agrícolas y pecuarios, que lindan en el feudalismo más insólito, donde acuden los parlamentarios y gobernantes a "cosechar" votos como si la voluntad individual no valiera la pena. Las reivindicaciones de los colombianos pobres no terminan con la muerte de "Tirofijo". EL PAIS DE ESPAÑA El fin de un mito La muerte de Tirofijo descabeza las FARC, pero cualquier optimismo sería prematuro
La muerte, a causa de un infarto y "en brazos de su compañera", según un portavoz de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de Pedro Antonio Marín Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, alias del alias Tirofijo, próximo a los 80 años y jefe de una guerrilla que lleva más de 40 luchando contra el Estado colombiano, plantea un interrogante sobre el futuro. Habida cuenta de que hacía años que el líder no tenía control directo sobre sus fuerzas, por lo que éstas funcionaban como confederación de frentes, su desaparición no tendría por qué cambiar las cosas. Bogotá añade que ya hay sucesor, Alfonso Cano, de 52 años, nacido Guillermo León Sáenz, que es la presunta caución ideológica de una guerrilla que se dice comunista pero practica el crimen atroz y vive del narcotráfico, y el jefe militar sigue siendo Jorge Briceño, Mono Jojoy, con lo que la continuidad del poder parecería asegurada. La realidad podría ser, sin embargo, muy otra. La política de seguridad democrática del presidente Uribe, criticada por su relente autoritario, y a cuyo amparo más de 60 legisladores uribistas están en la cárcel o sometidos a investigación por sus relaciones con los paramilitares -mercenarios, igual de criminales que las FARC-, ha dado golpes decisivos a los insurgentes. El 1 de marzo pasado un comando mató al segundo jefe de la fuerza, Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano; otro miembro de la cúpula dirigente, Iván Ríos, caía poco después; y en los últimos meses varios jefes guerrilleros han sido apresados o se han entregado. Hoy, las FARC no cuentan seguramente con más de 10.000 u 11.000 hombres, cuando eran casi 20.000 en los años noventa e infligían durísimos golpes al Ejército. El clima de optimismo que reina en Bogotá podría, sin embargo, ser prematuro, porque, aun en caída libre, la liquidación de las FARC será muy problemática, en especial si se cede a la tentación de la victoria a sangre y fuego. Hoy, sin Marulanda, como ayer con el viejo bandolero, la solución negociada debería seguir siendo contemplada para devolver la salud política a una Colombia en la que la reinserción -ahora detenida- de los paras ha hecho muchísimo daño. Una cosa, con todo, parece clara. Si Uribe abrigara la idea de un tercer manda to en 2010, la muerte de Pedro Antonio Marín Marín, con todos sus alias, le encarrilaría formidablemente las cosas. LA BBC DE LONDRES ¿Qué sigue ahora para las FARC? En los últimos tres meses, esa guerrilla ha perdido no sólo a su fundador sino también a Raúl Reyes, quien era el número dos en su estructura. Además, otro de los miembros de su dirigencia, Iván Ríos, fue asesinado por su propia tropa, y como si fuera poco, una de sus mujeres más guerreras y conocidas, "Karina", decidió entregarse a las autoridades. Además de estos golpes, los analistas consideran que el grupo se encuentra a la defensiva, sin poder avanzar en el centro de Colombia -el corazón productivo del país, donde se encuentran las grandes ciudades- y encallado en las zonas selváticas del sur. En medio de todo esto, ¿qué significa la muerte de "Tirofijo", el líder histórico y además el gran vínculo con el origen campesino de las FARC? Las preguntas que surgen son múltiples: ¿Empezará a desintegrarse las FARC por la pérdida de ese factor de cohesión histórica y de referencia autoridad que era Manuel Marulanda? ¿Habrá una revaluación de sus métodos? (secuestros, extorsiones, concentración en zonas rurales, narcotráfico, etc) ¿Están resueltas las tensiones entre el ala militar y la política? ¿Seguirá la preeminencia los sectores que no ven conflictos éticos en utilizar dineros originados del narcotráfico para seguir la lucha armada? ¿Estarán dispuestas a dialogar con el gobierno de Álvaro Uribe? Las respuestas empezarán a producirse ahora que hay un nuevo líder en las FARC.




