Hizbulá se retira de las calles después de que Ejército enmendase al Gobierno

El grupo chií Hizbulá y sus aliados de la oposición decidieron hoy retirar a sus militantes armados de las calles de Beirut, que ocupaban desde hace tres días.

El grupo chií Hizbulá retiró hoy a sus milicianos de las calles de Beirut, después de un día frenético en el que el Ejército frenó las medidas del Gobierno libanés que habían motivado que la oposición tomase la capital. Los acontecimientos se sucedieron a toda velocidad a lo largo de la jornada y dejaron un panorama mucho más alejado del fantasma de la guerra civil, pero que todavía presenta muchas incógnitas. Además, el número de muertos no dejó de crecer a lo largo de todo el día, principalmente en el norte del Líbano, donde 12 personas fallecieron en una refriega en la ciudad de Halba entre seguidores de la Corriente de Futuro, de la mayoría anti-siria, y del Partido Nacional Social Sirio. Según dijeron fuentes policiales, desde el pasado jueves han muerto al menos 35 personas en los choques y otras 113 han resultado heridas. Lo que había comenzado siendo una jornada de relativa calma en el Líbano derivó en un vertiginoso "efecto dominó" a raíz del discurso a la nación del primer ministro, Fuad Siniora. En su alocución, Siniora dejó en manos del Ejército la última palabra sobre la decisión de su Ejecutivo de desmantelar la red de telecomunicaciones de Hizbulá y de destituir al jefe de la seguridad del aeropuerto de Beirut, Wafic Chucair, algo que el grupo chií había considerado como "una declaración de guerra". Poco después, el mando militar, encabezado por el general Michel Sleiman, emitió un comunicado en el que anunciaba que frenaba la aplicación de las resoluciones del Gobierno hasta haber investigado los hechos en profundidad. De inmediato, Hizbulá y sus aliados chiíes de Amal decidieron retirar a sus milicianos de las calles y dejar el control de las calles y carreteras del Líbano, muchas de ellas todavía cortadas, a las Fuerzas Armadas libanesas. La decisión del Ejército, aunque no por completo, parece satisfacer al líder de Hizbulá, Hasán Nasralá, que exigió al Gobierno que revocase las dos medidas para acabar con la rebelión. Aunque la emergencia parece desactivada por el momento, la oposición ya ha anunciado que no planea cejar en su campaña de desobediencia civil, que mantiene desde noviembre de 2006, tras la dimisión de seis ministros chiíes del Gobierno. Desde entonces, la oposición considera al Gobierno ilegítimo y exige la creación de un nuevo Ejecutivo de unidad nacional, algo a lo que la mayoría antisiria se opone. No parece que el estancamiento de la situación política vaya a solucionarse, ya que la oposición, por boca del diputado de Amal Ali Hasan Jalil, dijo claramente que se mantienen las condiciones para el nombramiento de un nuevo presidente para el país. "No aceptaremos el nombramiento de un nuevo presidente del país hasta que no se forme un nuevo gobierno de unidad nacional y se apruebe la reforme de la ley electoral", manifestó Jalil en una rueda de prensa. Pese a todo, la perspectiva de recobrar la normalidad, aunque sólo sea por poder salir a la calle, devolvió el optimismo a algunos libaneses. El diputado de la mayoría Butros Harb dijo a Efe que habrá que esperar para ver qué medidas toma la oposición para su campaña de desobediencia civil, pero aseguró: "Hemos pasado por peores momentos y logramos superarlo". Otros interpretan lo sucedido como un triunfo del Ejército, que mantuvo su posición neutral hasta el final, pese a que muchos le reclamaban que actuase ante la violencia desatada en las calles. Un abogado que pidió el anonimato dijo a Efe que lo ocurrido hoy "es una gran victoria para el Líbano". "Hizbulá es consciente de que si esta situación hubiese perdurado, habría tenido problemas con el Ejército, que, a pesar de todo, es una gran institución", dijo. Por el momento, pese a que se siguen registrando episodios esporádicos de violencia, que han llevado a Saad Hariri a pedir calma a sus seguidores en el norte del Líbano, la crisis parece desvanecerse, pero los observadores ya han advertido sobre la brecha cada vez mayor entre suníes y chiíes en este país.

Cargando