Editorial del diario el Universal de México hace comparaciones con el "Plan Colombia" y la "Iniciativa Mérida"

Este es el editorial de el diario El Universal de México, haciendo referencia y una comparación a la iniciativa antidrogas de ese país, junto con el gobierno de los EEUU, "Iniciativa Mérida" con el llamado "Plan Colombia".

Este es el editorial de el diario El Universal de México, haciendo referencia y una comparación a la iniciativa antidrogas de ese país, junto con el gobierno de los EEUU, ´Iniciativa Mérida´ con el llamado ´Plan Colombia´.

Atención al Plan México

Ya sea con el nombre de ´Iniciativa Mérida´, para efectos políticos, o con el que por fuerza expresiva y economía mediática acabará conociéndose al acuerdo de cooperación con Estados Unidos para combatir el narcotráfico, ´Plan México´, lo básico no es el juego semántico sino informar a cabalidad a la sociedad del mismo. Y si el nombre es intercambiable no debe serlo el sentido: no a las tropas extranjeras en territorio nacional.

El nombre que se impone por la fuerza de la costumbre y se elude por diseño político ”ante la indeseada evocación antiguerrillera que tuvo el Plan Colombia” es asunto secundario.

La Iniciativa Mérida brota del encuentro que en la capital yucateca tuvieron en marzo pasado los presidentes Felipe Calderón y George W. Bush, en el que se comprometieron ”sobre todo el estadounidense, porque el mexicano ya estaba en la brega” a luchar contra el narcotráfico siguiendo las rutas del dinero y de las armas, siempre separadas de las batallas campales a fuego vivo, del decomiso y la quema de droga.

Washington, mediante el nuevo esquema, reconoce finalmente una corresponsabilidad en el fenómeno y cumplirá su compromiso con la erogación de varios cientos de millones de dólares, aunque es necesario decirlo: una buena parte de ellos regresará a EU por concepto de compra de equipo, helicópteros, aviones, radares, sofisticados instrumentos para intervenir telecomunicaciones y cursos de capacitación.

Diez años después de su puesta en marcha, ya no es un secreto que el Plan Colombia no logró los ambiciosos los objetivos para los que fue concebido. Las plantaciones de coca no desaparecieron; se extendieron a terrenos aledaños, incluso a zonas donde no había presencia de narcoguerrilleros.

Sin embargo, también es justo reconocerlo, el relativo éxito se registró en el campo de la capacitación de las fuerzas colombianas.

Es comprensible que no se quiera que el nombre suscite vinculaciones automáticas entre México y Colombia. Pero no es la forma sino el fondo el que sería de esperarse que no se repitiera.

En Colombia hay presencia de tropas y contratistas de empresas de seguridad privada, que van armados y participan directamente en operaciones. La tradicional política exterior y militar mexicana ha sido muy cuidadosa de no permitir que nuestro país se convierta en tablero de la diplomacia del Pentágono y el Departamento de Estado.

Estados Unidos dejó su reticencia para una colaboración más estrecha contra el narcotráfico en México cuando con toda razón se asustó por la amenaza terrorista. México, igualmente, ha variado una posición que, a juicio del jefe del Ejecutivo y de su equipo, ameritaba trascenderse.

Ambos tendremos que ser cuidadosos. Los mexicanos habremos de dejar claro que en este nuevo capítulo debe partirse de la premisa de que colaboración no es sumisión. No se trata de repetir sino de conocer la historia: en la Segunda Guerra Mundial el general Lázaro Cárdenas, al frente de la defensa, no dejó ingresar tropas estadounidenses a Baja California; en la guerra fría la estación de rastreo de satélites instalada en Guaymas fue manejada por mexicanos. Bienvenida la ayuda, pero no las botas.

 

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