Alexei en la calle

En los zapatos de un taxista

En el día del taxista conocimos de primera mano el trabajo de los conductores de servicio público siendo uno más del gremio.

La jornada inició a las 8: 30 de la mañana cerca del aeropuerto El Dorado, me monté en uno de los 52.000 taxis censados que hay en Bogotá, se cree que hay 20.000 más que no han sido registrados, me acomodé en el asiento, me puse el cinturón, me explicaron cómo se maneja el taxímetro y arranqué.

Pasé por el Puente Aéreo, el taxi que manejaba no era de las empresas autorizadas para prestar el servicio en la terminal aérea, sin embargo, muchos conductores pasan con la esperanza de que alguien les ponga la mano, esto era lo que esperaba para estrenarme como taxista, seguí al aeropuerto pero nada de nada, la mayoría de las personas utilizan el servicio autorizado o Uber, seguí mi camino.

Me fui lentamente pensando que era casi imposible coger una carrera, había muchos taxis a pesar de que hay un pico y placa para los “amarillos”; a diario entre las entre las 5 de la mañana y 9 de la noche de lunes a sábado para dos dígitos de la placa, se sacan unos 11.000 de estos carros pero veía muchos vehículos a mi alrededor buscando carrera como yo.

Entré a la localidad de Fontibón y tomé la avenida La Esperanza, me demoré casi 20 minutos desde la carrera 100 hasta la avenida Ciudad de Cali, en camino hacia el occidente una mujer me puso la mano, sentí un fresco dentro de mí y ansioso por abrir la puerta la salude con los buenos días, me dijo: “señor lléveme a la calle 26 con 68”.

Según el libro, “¡Taxi! El modo olvidado de la movilidad en Bogotá”, escrito por Álvaro Rodríguez Valencia y Jorge Acevedo Bohórquez, impreso por la Universidad de los Andes, los taxis ocupan el 32 por ciento de la red vial bogotana. En contraste, los vehículos privados realizan el 20 por ciento de los viajes, ocupando el 42 por ciento de la infraestructura. El 71 por ciento de los recorridos en taxi los realizan personas de estratos 3 y 4.

Después de 20 minutos de recorrido con mi pasajera el taxímetro marcó 72 unidades que equivalen a 4.400 pesos, cobré y seguí mi camino de vuelta al aeropuerto, ya iba completar cuatro horas de trabajo dentro del vehículo.

Los taxistas bogotanos, según el mismo texto de los profesores de la Universidad de los Andes, tienen una edad promedio de 32 años, trabajan unos 9 años como conductores, cada día conducen alrededor de 13 horas; pertenecen, en su mayoría (90%), a los estratos 2 y 3, reciben ingresos mensuales de entre 800 mil pesos y 2 millones de pesos, son casi todos hombres. Menos del 1 por ciento son mujeres.

Después de esta experiencia entendí más sobre el trabajo del taxista, los trancones que hay que vivir, la competencia ardua del día a día y la satisfacción de prestar un buen servicio a los pasajeros. Feliz día a todos los conductores.

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