Polarización, populismo y movimientos ultra: los escenarios en Colombia y el mundo
Panelistas analizaron las causas del auge de los movimientos de extrema, el peso que tienen hoy en América Latina y el desafío que representan para la democracia liberal.

Polarización, populismo y movimientos ultra: los escenarios en Colombia y el mundo
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En la alianza Hora20 y El País en Elecciones, el análisis de los hechos que marcan la elección presidencial. En este episodio, el análisis a la polarización, el populismo, los extremos y cómo los candidatos ultras ganan terreno; miraremos el panorama en América Latina, lo que busca el electorado cuando se elige entre opciones que se ubican en los extremos y se alejan de la moderación. También daremos una mirada a las salidas de este panorama y, si es posible, poder volver a construir un discurso político a través de la razón.
Lo que dicen los panelistas
Sandra Borda, profesora e investigadora en la Universidad de los Andes y doctora en Ciencia Política, planteó que hay muchas teorías que intentan explicar el fenómeno de los ultras, “algunas respuestas varían si se compara el norte con el sur global. El norte global es la llegada de agenda postmaterialista, la agenda de temas identitarios, pero nosotros no podemos decir que trascendemos, aunque sí se hace, hacia temas postmaterialistas, porque nuestra agenda es hipermaterialista, lidiamos con temas de desigualdad y desarrollo”.
Manifestó que la polarización es un fenómeno de élites políticas, no de masas, “las élites políticas construyen repertorios, términos y posiciones que empujan a la gente en dirección de extremos, pero no es la gente la que lo construye, entonces tenemos una responsabilidad directa de la clase política que hace el juego de la polarización para construir clientela”.
Carlos Granés, ensayista, columnista, autor de Delirio americano y El rugido de nuestro tiempo, doctor en Antropología, advirtió que en Europa la crisis del 2008 vulneró un patrón de confianza en el sistema e instituciones, “eso le ha hecho daño a la política porque hubo un consenso asimilado que asumía que los hijos iban a vivir mejor que los padres, pero eso se rompió. Entonces crece la idea de que todos los consensos del pasado fueron tramposos y una traición: se revisa la transición española y se rompen consensos y la derecha busca chivos expiatorios sobre servicios sociales y encuentra al inmigrante como enemigo atacado”. En cuanto al caso de América Latina, dijo que el rompimiento se dio con la falta de recursos ante la crisis de los commodities, “hay una desafección hacia promesas y pactos, la desafección en Chile, la Constitución en Colombia, multilateralismo en EE. UU. y la transición en España. Todo eso se ve amenazado”.
Sobre los fenómenos ultras, dijo que el gran debate en Europa es qué hacer con ultraderecha, “si obligarla a gobernar para enfrentarse a realidad o armar un cordón sanitario, aunque no hay consenso, algunas voces partidarias de cordón sanitario han caído en cuenta de que todas estas prevenciones de la derecha con la izquierda para que no toque el poder la llevan a hinchar y dan oxígeno a la ultraderecha”.
Mauricio García Villegas, abogado, doctor en Ciencia Política, autor de Antes de perder el juicio y El país de las emociones tristes, advirtió que el fenómeno de la política no es ajeno de tecnología, “una tecnología que usamos y que está en la esencia de lo que ocurre. Hubo populismo y radicalismo, pero eso se ha acentuado de manera dramática”. También destacó cómo los políticos encontraron una mina de oro en el cerebro humano, el cual explica, está predispuesto a dejarse guiar por emociones simples, contundentes, de una sola pieza, sin matices y radicales, “en esa medida, los políticos, sabiendo que somos vulnerables a las emociones y que la racionalidad es débil, nos llevan a una política dominada por agitadores de emociones”.
De otro lado, denunció la connivencia y el cinismo de la derecha tradicional con la extrema derecha, “en Francia se ha resistido a Le Pen y se han querido diferenciar, pero acá hace sospechar si alguna vez fueron distintos o creyeron en cosas distintas. Hay una crisis de la que se habla poco y es la crisis ética, es una crisis de raíz. A la derecha tradicional le falta valor y sentido ético para distanciarse de la extrema derecha”.
Santiago Vargas, doctor en Sociología y columnista en El Espectador, explicó que populismo, polarización y extremismo son conceptos que no son sinónimos y no son necesariamente antidemocráticos, “el populismo nace a finales del siglo XIX en Rusia y EE. UU. y se usa como sinónimo de antitécnico y en el fondo eso no tiene nada que ver. La esencia del populismo es el antielitismo, en Abelardo y Cepeda lo vemos y son dos versiones. En Cepeda hay antielitismo que trata de defender e integrar sectores vulnerables y excluidos, pero en el de Abelardo está la retórica de los nunca, los que nunca han estado en el poder. Su populismo tiene intenciones teatrales, se vale de símbolos antiestablecimiento sin cambiar relaciones materiales”.
Resaltó que la hipótesis dominante dice que los fenómenos políticos se expresan por emocionalidad y rebaño enceguecido, “lo cual implica pensar que no hay racionalidad en estos sectores, pero siempre están ambos elementos, hay emocionalidad también en política democrática, como Obama”. También insistió que lo que tienen en común estos fenómenos políticos es el antiestablecimiento, “es eso Abelardo, Le Pen, Petro, Kast. Hoy quien tenga el performance más convincente de antiestablecimiento es quien suele ganar elecciones. La pregunta es por qué el elector demanda tanto antiestablecimiento”.




