Larvas y gusanos están contando lo que pasa en el río Nima
Una investigación encontró señales de deterioro en varios sectores del afluente que abastece a Palmira. Los responsables de dar la alerta fueron pequeños organismos que viven bajo las piedras y entre los sedimentos del río.


A simple vista parecen insignificantes. Son larvas, escarabajos, pequeños crustáceos y gusanos que pasan desapercibidos entre las piedras del río. Sin embargo, para la ciencia son capaces de contar una historia completa sobre la salud de un ecosistema.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en el río Nima, una de las principales fuentes de agua de Palmira. Allí, una investigación de la Universidad Nacional de Colombia encontró diferencias evidentes entre los sectores rodeados de bosque y aquellos donde predominan actividades agrícolas, ganaderas y urbanas.
El estudio fue realizado por Cristian Eduardo Ospina, ingeniero ambiental y estudiante de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional, quien recorrió seis puntos del afluente para entender cómo los cambios en el paisaje están influyendo en la calidad del agua.
“Lo que más me llamó la atención fue la diferencia que se puede apreciar entre la calidad del agua cercana a usos más urbanos y la de zonas con presencia de bosque”, explicó
Durante dos años de trabajo se recolectaron más de 5.500 organismos acuáticos pertenecientes a 39 familias diferentes. Algunos de ellos son extremadamente sensibles a la contaminación y solo sobreviven en aguas limpias. Otros, en cambio, logran adaptarse a ambientes más alterados.
En los sectores con mayor cobertura forestal aparecieron organismos asociados con mejores condiciones ecológicas. Mientras tanto, en zonas más intervenidas fueron frecuentes larvas de mosquito, moscas y gusanos de lodo, especies que toleran niveles más altos de contaminación y menor disponibilidad de oxígeno.
“Los macroinvertebrados son indicadores vivos de la calidad del agua. Algunos solo sobreviven en aguas limpias, mientras que otros resisten ambientes degradados. Por eso nos permiten saber qué tan afectado está un río”, señala Ospina.
Un río fundamental
El hallazgo cobra especial importancia porque el río Nima no es cualquier afluente.
Sus aguas abastecen el acueducto de Palmira, sostienen actividades agropecuarias de familias rurales y forman parte de un corredor turístico y ambiental reconocido en la región.
“Es un río muy importante para las dimensiones sociales, económicas y ambientales del municipio”, afirmó
Además de la investigación, el proyecto dejó una herramienta pensada para las comunidades.
Se trata de una guía ilustrada que explica, con fotografías, colores y un lenguaje sencillo, cómo evaluar el estado de un río utilizando elementos tan comunes como coladores de cocina, bandejas blancas y lupas.
La idea es que estudiantes, habitantes rurales y organizaciones comunitarias puedan aprender a identificar los organismos presentes en el agua y reconocer posibles señales de deterioro ambiental.
Para Ospina, el conocimiento científico tiene sentido cuando sale de los laboratorios y llega a las personas.
“La investigación debe servir a la comunidad. No puede quedarse únicamente en los espacios académicos; tiene que convertirse en una herramienta útil para quienes conviven diariamente con estos ecosistemas”, concluye.




