Fundación Camino de Vida busca cambiar las vidas de trabajadoras sexuales

Lolas Montez, un emprendimiento artesanal gestado por la Fundación Camino de Vida para darle otra opción laboral a trabajadoras sexuales de Chinchiná

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En el barrio la Ceiba del municipio de Chinchiná se encuentra la sede de la Fundación Camino de Vida, que a la vez se articula con el taller de su proyecto. Lolas Montez es un emprendimiento que consiste en la elaboración y comercio de bolsos para hombres y mujeres hechos a mano con materiales reciclados.

La Fundación Camino de Vida es una organización que ayuda a mujeres que ejercen la prostitución y fue creada por Sandra Milena Bedoya, que empezó hace 15 años con esta iniciativa a través de un programa llamado Fin de Semana con Simón, el cual consistía en atender a niños que eran hijos de mujeres trabajadoras sexuales, quienes permanecían en las instalaciones de la fundación mientras sus madres laboraban, esto para que ellas pudieran estar tranquilas debido a que ahora sus hijos eran cuidados por profesionales y no tenían que quedarse solos en casa.

Las edades de los niños oscilaban entre los cero a los 12 años de edad y se llegó a cuidar a una población de alrededor de 40 menores, hasta que por razón de la pandemia cerraron temporalmente.

Precisamente por cuestiones de pandemia desde la Fundación Camino de Vida deciden que es necesaria una reinvención debido a la idea de una de las mujeres miembros de la fundación, quien en octubre de 2020 se dirige a Sandra Milena para expresarle que, aunque todo el mundo desea que las cosas vuelvan a la normalidad y se retome el trabajo presencia, ella y sus compañeras esperan que no sea así porque eso implicaría tener que volver a las cantinas, bares y burdeles para ejercer la prostitución.

Esa situación hace que la fundadora repiense su proyecto y aprovecha que su esposo conocía sobre elaboración de manualidades, lo que conlleva al inicio del emprendimiento Artesanías Lola Montez, en el cual que se vinculan las 21 trabajadoras sexuales de la fundación como artesanas que elaboran bolsos de moda para su comercialización. El eslogan del proyecto es “Manos que antes acariciaban por dinero, ahora tejen por dignidad”.

Sandra Milena menciona: “Ellas no solo vienen aquí a tejer, también vienen a formarse porque aquí les enseñamos sobre administración, emprendimiento, empoderamiento femenino y a perdonarse a sí misma”.

Estefanía (nombre cambiado para proteger su identidad) es una de las trabajadoras sexuales que conforman la fundación, la cual tiene que caminar por aproximadamente una hora para llegar a la sede de Lola Montez, lo que, según ella, hace con gusto porque así está más cerca de tener una segunda oportunidad para cambiar su vida y la de su familia.

Lolas Montez se formó hace poco menos de un año, por lo que mientras el proyecto crece, las mujeres que lo conforman aún alternan su oficio de trabajadoras sexuales con el de artesanas, pero la proyección que se tiene es que un año estas mujeres puedan dedicarse exclusivamente a la elaboración de bolsos y así abandonen la prostitución.

 

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