Colombia al Rojo - Historias de Francisco Argüello

El sexo y las mujeres, la ambición desenfrenada de ‘Los Úsuga’

Engañan a mujeres en filas de desplazados, las convencen de opciones laborales, pero terminan sometiéndolas a vejámenes en sus campamentos.

Las abordaron en una fila de desplazados en Bello, Antioquia. Se aprovecharon de la necesidad económica y empezaron- indirectamente- a ‘cazar’ a sus víctimas. Tres mujeres cayeron rendidas, engañadas. Otra dama, aparentemente inofensiva, les ofreció trabajo. Les habló de una finca, de cuidar animales, de cocinar y de recibir un salario mínimo mensual.

Viajaron (las tres chicas y la otra mujer) hacía Chigorodó, Antioquia. Y a más de seis horas de distancia, por carretera destapada, las damas no encontraron la finca prometida, sí un campamento de hombres armados hasta los codos, que lucían camuflado, que hablaban duro, con palabras de grueso calibre. Eran 200 hombres del Frente Carlos Vásquez del Clan Úsuga.

Las despojaron de sus documentos de identidad y les anunciaron que estaban a su servicio. Sin más protocolo, empezaron a moverlas al interior de los campamentos y a abusar sexualmente de ellas.

Durante los 48 días que permanecieron en los campamentos de los criminales, las mujeres se acostaron obligadas con 50 hombres. Y la mayoría de escenas fueron escabrosas, conoció Caracol Radio. Les apuntaban con la cacha de sus armas, las desdoblaban, las humillaban y las violaban. A unas, las pasaban de hombre en hombre como si fueran platos de comida. No podían decir nada. O las mataban.

A una de ellas, le introdujeron un arma de fuego en su vagina varias veces, relató la capitán Natalia Moná, jefe del Grupo Investigativo contra Delitos Sexuales y de Familia de la Dijín. “Cuando la víctima me contó esa historia ella lloró, detuvo su relato, esperamos varios minutos para que pudiera hablar”, recordó la oficial. La mujer, en medio del acto sexual, se enfermó, pero no había médicos, tampoco medicamentos.

Indefensas…

No podían oponerse, gritar, pedir auxilio. Rodolfo Alexander Manco Úsuga (familiar de Otoniel, jefe máximo de Los Úsuga) y John James Gutiérrez, las habían engañado a través de una mujer para que prestaran servicios sexuales en este campamento, donde les importa llevar a chicas y feriarlas entre sus hombres, y no que ellos las busquen en las ciudades y los sorprendan las autoridades.

Cobro

Manco y Gutiérrez cobraban a cada criminal 300 mil pesos por acostarse con cada una de las chicas. Y ellas ni siquiera olfateaban la plata de la humillación.

Caracol Radio conoció que las pusieron a cocinar lo que había: arroz y granos. Y una de ellas conquistó el corazón de uno de los hombres que terminó 48 días después del secuestro proponiéndoles que se fugaran a la 1:00 de la mañana.

"Ellas no saben cómo, pero él les consiguió sus documentos de identidad y armó el plan para volarse”, cuenta la capitán. En la carretera, las tres damas y el criminal, no corrieron con suerte. El carro de la huida terminó varado y ellas empujando. Finalmente pisaron la libertad.

La Dijín de la Policía logró esta semana capturar a John James Gutiérrez González y permitió que Rodolfo Alexander Manco, quien ya estaba en la cárcel, purgue más años de prisión en un centro carcelario de Apartadó.

Las víctimas- que vivieron para contar su historia- no solo se someten a tratamiento psicológico. También las atiende constantemente un médico. En los campamentos del horror, como recuerdan, los hombres que las abusaron jamás utilizaron preservativos.

Cargando