"Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito"

La familia de Adolfo Bioy Casares, gran amigo de Jorge Luis Borges, tenía alquiladas unas lecherías de poca producción. Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, surgió la preocupación por que cesaran los envíos de queso y yogur y el deseo de iniciar la producción propia.

La familia de Adolfo Bioy Casares, gran amigo de Jorge Luis Borges, tenía alquiladas unas lecherías de poca producción. Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, surgió la preocupación por que cesaran los envíos de queso y yogur y el deseo de iniciar la producción propia.

Vicente, tío de Casares, investigó exhaustivamente las referencias del yogur—para los argentinos era claro que sin publicidad no había ventas— y le propuso a su sobrino escribir al respecto. “Si tanto es lo que quiere escribir, que escriba algo que nos sirva a todos en la familia”.

Así surgió Honorio Bustos Domeqc, pseudónimo con que Bioy Casares y Borges publicaron luego un sinnúmero de cuentos y novelas y que firma el folleto sobre las virtudes de la leche cuajada —con referencias absurdas, afirmaciones descabelladas y un humor sutil y mordaz— que duplicó las ventas de las lecherías.

“¿Qué os pudiera contar de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Aunque, ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”, sor Juana a sor Filotea de la Cruz

Sor Juana aprendió a escribir a los tres años, a escondidas de su madre. Descubrió la biblioteca de su abuelo y a los ocho años ya había leído a los clásicos griegos y romanos. Más tarde se unió a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, uno de los lugares más cultos e ilustrados del virreinato.

Además de su producción literaria, sor Juana escribió un libro de cocina, muy dulce por cierto —todas sus recetas, menos diez, son de postres—. Cada acto gastronómico trasciende a reflexiones profundas donde, incluso, aparece la física experimental. Sor Juana evidencia otro encuentro entre las letras y la comida.

"García Marquez esparce sabores y aromas entre página y página. Cuña sus relatos con tazas de chocolate y almojábanas, con infusiones de tilo para después de la comilona de gallinas de la Ciénaga de Oro" Tina Alarcón en Escritores en cubiertos. p. 106

Leer a García Marquez es acercarse a los barcos fenicios cargados de especias —dice Tina Alarcón en su libro— a las pastelerías de árabes, a las cocinas sefardíes, a las berenjenas de Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera.

¿Dónde más se intersectan la tinta y los cubiertos? Encuentre más episodios: Tomás Carrasquilla, Julio Cortázar, Ernest Hemingway, Rómulo Gallegos, entre otros, en Escritores en cubiertos, escrito por Tina Alarcón y publicado por Editorial Aguilar.

La familia de Adolfo Bioy Casares, gran amigo de Jorge Luis Borges, tenía alquiladas unas lecherías de poca producción. Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, surgió la preocupación por que cesaran los envíos de queso y yogur y el deseo de iniciar la producción propia.

La familia de Adolfo Bioy Casares, gran amigo de Jorge Luis Borges, tenía alquiladas unas lecherías de poca producción. Cuando inició la Segunda Guerra Mundial, surgió la preocupación por que cesaran los envíos de queso y yogur y el deseo de iniciar la producción propia.

Vicente, tío de Casares, investigó exhaustivamente las referencias del yogur—para los argentinos era claro que sin publicidad no había ventas— y le propuso a su sobrino escribir al respecto. “Si tanto es lo que quiere escribir, que escriba algo que nos sirva a todos en la familia”.

Así surgió Honorio Bustos Domeqc, pseudónimo con que Bioy Casares y Borges publicaron luego un sinnúmero de cuentos y novelas y que firma el folleto sobre las virtudes de la leche cuajada —con referencias absurdas, afirmaciones descabelladas y un humor sutil y mordaz— que duplicó las ventas de las lecherías.

“¿Qué os pudiera contar de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Aunque, ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”, sor Juana a sor Filotea de la Cruz

Sor Juana aprendió a escribir a los tres años, a escondidas de su madre. Descubrió la biblioteca de su abuelo y a los ocho años ya había leído a los clásicos griegos y romanos. Más tarde se unió a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, uno de los lugares más cultos e ilustrados del virreinato.

Además de su producción literaria, sor Juana escribió un libro de cocina, muy dulce por cierto —todas sus recetas, menos diez, son de postres—. Cada acto gastronómico trasciende a reflexiones profundas donde, incluso, aparece la física experimental. Sor Juana evidencia otro encuentro entre las letras y la comida.

"García Marquez esparce sabores y aromas entre página y página. Cuña sus relatos con tazas de chocolate y almojábanas, con infusiones de tilo para después de la comilona de gallinas de la Ciénaga de Oro" Tina Alarcón en Escritores en cubiertos. p. 106

Leer a García Marquez es acercarse a los barcos fenicios cargados de especias —dice Tina Alarcón en su libro— a las pastelerías de árabes, a las cocinas sefardíes, a las berenjenas de Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera.

¿Dónde más se intersectan la tinta y los cubiertos? Encuentre más episodios: Tomás Carrasquilla, Julio Cortázar, Ernest Hemingway, Rómulo Gallegos, entre otros, en Escritores en cubiertos, escrito por Tina Alarcón y publicado por Editorial Aguilar.




