Ciencia y arte: memorias científicas sobre el cultivo del maíz
El Parque Explora, y su exposición temporal Comer comparten esta olvidada historia.
Medellín
Capítulo 1 (fragmento)
De los terrenos propios para el cultivo, y manera de hacerse los barbechos, que decimos rozas.
Buscando en dónde comenzar la Roza,
De un bosque primitivo la espesura,
Treinta peones y un patrón por jefe
Van recorriendo en silenciosa turba.
Vestidos todos de calzón de manta,
Y de camisa de coleta cruda,
Aquél a la rodilla, ésta a los codos,
Dejan sus formas de titán desnudas.
El sombrero de caña con el ala
Prendida de la copa con la aguja,
Deja mirar el bronceado rostro
Que la bondad y la franqueza anuncia.
Capítulo II (fragmento)
Que trata de la limpia y abono de los terrenos, muy especialmente por el método de la quema. De la manera de hacer las habitaciones, y de la siembra.
El lunes de mañana, los peones
Van, en la Roza, a improvisar un rancho;
Como hormigas arrieras se dispersan
Los materiales cada cual buscando.
Van llegando cargados con horquetas,
Estantillos, soleras, encañados,
Latas y paja y ruedas de bejuco,
En un plancito, todo amontonado.
En línea recta clavan tres horquetas,
La cumbrera sobre ellas levantando,
Para formar el, rancho vara en tierra,
Con un pequeño alar al otro lado.
Los encañados con bejuco amarran,
En la larga cumbrera recostados,
Y formando sobre ellos una reja
Concluyen con destreza el enlatado.


Capítulo III (fragmento)
Método sencillo de regar las sementeras, y provechosas advertencias para espantar los animales que hacen daño en los granos.
Brotaron del maíz en cada hoyo
Tres o cuatro maticas amarillas,
Que con dos hojas anchas y redondas
La tierna mata de frisol abriga.
Salpicada de estrellas de esmeralda
Desde lejos la Roza se divisa;
Manto real de terciopelo negro
Que las espaldas de un titán cobija.
Aborlonados sus airosos pliegues
Formados de cañadas y colinas;
Con el humo argentado de su rancho,
De sus quebradas con la blanca cinta.
Capítulo IV (fragmentos)
De la recolección de frutos y de cómo deben alimentarse los trabajadores.
Es el amanecer de un día de junio;
El sol no asoma, pero ya blanquea
Por el oriente el aplomado cielo,
Con la sonrisa de su luz primera.
Ya dio el gurri su fúnebre chillido
Largo y agudo, en la vecina selva;
Ya la Roza se va cubriendo en partes
Con los jirones de su chal de nieblas.
Lanza la choza cual penacho blanco
La vara de humo que se eleva recta;
Es que antes que el sol y que las aves
Se levantó, al fogón, la cocinera.
Ya tiene preparado el desayuno
Cuando el peón más listo se despierta;
Chocolate de harina en coco negro
Recibe cada cual, con media arepa.
Y ¿qué dirían si frisoles verdes
Con el mote de chócolo comieran,
Y con una tajada de aguacate
Blanda, amarilla, mantecosa, tierna....?
¿Si una postrera de espumosa leche
Con arepa de chócolo bebieran,
Una arepa dorada envuelta en hojas,
Que hay que soplar porque al partirla humea?
Y la natilla.... ¡Oh!, la más sabrosa
De todas las comidas de la tierra,
Con aquella dureza tentadora
Con que sus flancos ruborosos tiemblan....
¡Y tú también, la fermentada en tarros,
Remedio del calor, chicha antioqueña!
Y el mote, los tamales, los masatos,
El guarrús, los buñuelos, la conserva...
¡Y mil y mil manjares deliciosos
Que da el maíz en variedad inmensa...!
Empero, con la papa, la vil papa,
¿Qué cosa puede hacerse....? No comerla.


- Sobre el autor:Gregorio Gutiérrez González


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