Colombianos, go home
De la miseria en la frontera los que más se benefician son los grupos ilegales y las cortinas de humo de Maduro.

Colombianos en frontera con Venezuela.(EFE)

Bogotá
La película con Venezuela se repite. Cualquier evento, grave o pasajero, sirve de excusa a Nicolás Maduro para tomar medidas contra Colombia. Este año ya van tres decisiones agresivas: un decreto para fijar límites marítimos en el Golfo, que no resistía ningún análisis jurídico. Luego, una perorata para acusar a Colombia de exportar miseria y pobreza a su país, donde escasean los alimentos, los medicamentos y hasta el papel higiénico; y las medidas de la última semana del cierre de frontera y la expulsión de colombianos por una serie de acciones violentas contra la Guardia Venezolana en el Táchira.
El problema de la frontera es demasiado complejo para creer que es un problema de pataletas de Maduro. Es más, de eso se vale el presidente de ese país para desviar la atención cada vez que hay malestar interno. Gracias a la frontera, le funcionan las cortinas de humo. Hoy, Maduro necesita calentar el ambiente para las elecciones legislativas del 6 de diciembre, donde no está seguro de un triunfo.
La migración de Colombia a Venezuela es tan vieja como el diferendo limítrofe. La riqueza de ese país fue siempre el sueño de los colombianos que no se iban para Miami en la década de los 70. Y los problemas de la frontera, los sociales y los económicos, más agudos que los de Buenaventura o Tumaco. La gente vive del rebusque porque no hay más opción para una capital que tiene el 14% de desempleo y altas tasas de homicidio. El tráfico de droga, gasolina y armas y la presencia de guerrilleros, paramilitares y unas autoridades fronterizas permeadas por la corrupción solo pueden ser el pasto para la violencia.
Ante esa situación, las políticas de los gobiernos de Colombia han sido más de anuncios que de acciones reales, más reactivas que proactivas. Leyes de fronteras, créditos para los comerciantes o medidas contra el contrabando o las acciones sociales en el Catatumbo han sido acciones desarticuladas o incompletas y sin continuidad. De ellos, los más beneficiados terminan siendo los que viven de la ilegalidad y un gobierno intolerante como el de Maduro.




