Las reversas de la reforma del “articulito”
Un proyecto que produce poco entusiasmo puede terminar siendo una frustración si no hay cambios de fondo en la justicia.
En el programa del jueves pasado de Hora 20, el senador Antonio Navarro reveló que en una reunión con el Gobierno sobre la reforma política, la bancada de los verdes echó de menos el recorte de funciones de la Procuraduría y la respuesta fue concreta: los conservadores no dejaron. El rifirrafe político también ha tenido que ver con los periodos de los alcaldes y su reelección, que fue propuesta de campaña, pero que por cálculos políticos de los partidos y de los congresistas quedón en veremos
Esta es apenas una muestra de lo que será el debate de la reforma para el equilibrio de poderes que empieza trámite esta semana y deberá estar aprobada antes de junio de 2015. Lo que ha hecho el Gobierno con este proyecto es recoger algunas propuestas del candidato Juan Manuel Santos, incluir otras de los partidos que lo acompañan y rescatar, en el caso del tema de los cambios de la rama jurisdiccional, algunas de la fallida reforma a la justicia
¿Es esta una reforma de fondo? Ante todo es ambiciosa y ese puede ser su peor pecado. Recoge en buena medida temas sobre lo que hay consenso en el país: no a la reelección, del presidente y de los jefes de los organismos de control; sí a la eliminación de las facultades nominadoras de las cortes para “reducir a sus justas proporciones” su politización; eliminación de las listas abiertas para Congreso y la garantía de que todos los departamentos vuelvan a tener senadores y la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura. ¿Es una buena reforma? En general dependen de a quién impacten. Está visto que las propuestas de reformas constitucionales terminan teniendo más enemigos de los que los Gobiernos creen. La que intentó el presidente Virgilio Barco era las más liberal después del Frente Nacional y se enredó por el tema de la extradición pero porque además no les servía a los políticos que manejaban la política local
Hoy es difícil que pase una propuesta que toque los intereses de las altas cortes y el procurador. Ya el consejo de Estado, según El Tiempo, la rechazó y la llaman en los pasillos “un esperpento”; al procurador Ordóñez no le gustó que el presidente sea el que presente la terna para ese cargo, y en el resto de las cortes hay celos porque habría un tribunal con más poder que todos para juzgar, en vez de la Comisión de Acusación. No es fácil que esta reforma, al menos en lo que tiene que ver con esta rama, vaya a ser un éxito. La mayoría de quienes están en la cúpula fueron los que le metieron mano a la hundida reforma a la justicia
En cuanto al Congreso, no parece ser del todo cierto que saldrá fortalecido por el hecho de elegir a los magistrados del Tribunal de Aforados o porque los congresistas tendrían la posibilidad de ser ministros o embajadores. La fortaleza del Congreso está en la independencia frente a las demás ramas, cosa que no sucede ni puede pasar mientras los puestos y el presupuesto los use el Ejecutivo para asegurar “la gobernabilidad”. Y de eso no hay nada propuesto
El Gobierno Santos y su ministro Juan Fernando Cristo han hecho una apuesta por una reforma que, como dice el exministro Rudolf Hommes, “produce poco entusiasmo”. Lo más grave sería que del poco entusiasmo se pase a la frustración cuando lo que propone Santos termine convertido en lo que quieran los políticos aliados con algunos magistrados que no están dispuestos a perder sus privilegios
Ciertamente: ¿será una casualidad que el Consejo de Estado hubiera dejado su fallo sobre la reforma a la justicia para después de que el Gobierno presentara la reforma de equilibrio de poderes?




