La historia de Jaime Enrique, dos veces víctima de una guerra ajena
Un año después de la sanción de la ley de reparación de víctimas, al menos 40 mil personas que sufrieron del conflicto armado serán las primeras en iniciar su proceso.

La historia de Jaime Enrique, dos veces víctima de una guerra ajena
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Un año después de la sanción de la ley de reparación de víctimas, al menos 40 mil personas que sufrieron del conflicto armado serán las primeras en iniciar su proceso. Caracol Radio recorrió los pasos de una de ellas
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“Yo no participé en unas reuniones bolivarianas que las Farc nos obligaban a asistir, soy agricultor y me quedé trabajando y por no asistir a unas reuniones, nos sacaron”
Y así es como comienza la historia de violencia que le tocó vivir a Jaime Enrique Martínez, un campesino que hoy tiene 50 años y que forjó toda su vida en su rancho en Lejanías, Meta, junto a su esposa y sus tres hijos. En 1999, por presiones del frente 29 de las Farc, tuvo que dejar lo que conocía para huir hacia Bogotá
“En el terminal de transportes me recogió la casa del inmigrante, que manejan unas monjas. Las monjas nos otorgaron albergue de paso con mis familiares. La ley de solidaridad nos dio unos meses comida, para el arriendo y ahí a todos nos tocó trabajar”, explica el hombre
Cuando culminó la zona de distención en 2001 y creyó que ya era seguro volver a casa, Jaime empacó sus pocos recuerdos de la fría capital y se devolvió a su casa. La tragedia lo esperaba
“Viví en Bogotá hasta 2001, me acogí al programa de retorno, cuando acabó la zona de distención. 3 años después, un campo minado me dañó una pierna”, recordó Jaime, quien poco habla de lo que le pasó, pero su cuerpo refleja los daños de la guerra ajena
No puede mover su pie izquierdo, no puede caminar, no siente nada debajo de la rodilla y aún con sonidos muy fuertes le duelen los oídos. La explosión de la mina antipersonal también le lesionó la cabeza. Quedó incapacitado y su familia se dedicó al campo, con el miedo constante de tener que volver a salir corriendo por las balas
Por la prensa se enteró de que había una ley de víctimas, junto con otros vecinos volvieron a Bogotá, no para desplazarse, sino para exigir una indemnización
“Volvimos para ser parte de la concertación de la ley de víctimas, para que podamos sobrevivir, porque ese es el futuro de mis hijos, de mi esposa, y el mío propio”, recuerda, casi gritando, porque quiere enfatizar que hizo parte de la historia de una ley, por la cual el presidente Juan Manuel Santos ha indicado que valió la pena llegar al cargo
Por ser desplazado Jaime quedó incluido en la lista de beneficiarios de la ley de víctimas que entró en vigencia este año. Hoy alista maletas, porque en Medellín se le va a hacer realidad su sueño: el primer mandatario mañana le entregará su indemnización y un subsidio de vivienda. Será uno de los primeros 40 mil reparados de más de 4 millones de personas que en 10 años se aspira que sean reparadas y así volver a hacer lo que sabe: vivir de su propio trabajo
“Quiero montar un negocito bien manejado, bien controlado. Voy a inscribirme en el Sena, que me capaciten. Sueño con el área textilera, para manejar una máquina. Mi caminar está destruido, es deficiente, mejor sentadito trabajar en marroquinería o textiles”, añora el señor Martínez
Sin embargo teme por otros, por sus amigos, por los que vio desplazarse con él de Lejanías, teme que se gasten los 20 millones y queden nuevamente en la miseria
“Hay gente, víctimas, que usan esa plata en lo que no deberían utilizar, compran lujos, equipos, televisores, carros, ojalá no se vuelva plata de bolsillo”, teme Martínez, quien 12 años después de sus dos tragedias, decide que debe perdonar a quienes lo sacaron a la fuerza, los mismos que seguramente sembraron una mina para matar a quien consideran su enemigo
“Tengo sentimientos encontrados, por la paz sí debo perdonar, así me duela aceptar, sí me toca hacer más para perdonar, me toca, pero quiero perdonar. Ya pasó mucho tiempo”, concluye Martínez




