Rescatemos a nuestros niños, niñas y adolescentes del conflicto armado
El reclutamiento forzado por parte de grupos armados ilegales en Colombia, a nuestros niños, niñas y adolescentes, es un drama que no podemos olvidar y mucho menos ignorar. La falta de oportunidad en sus hogares, la violencia intrafamiliar, la deserción escolar, el espejismo de llegar a encontrar una mejor vida en la selva, llevan a que muchos de nuestros niños se sometan a vivir los traumas de la guerra. Este domingo En Familia, hablamos sobre cómo se puede llegar a prevenir la vinculación y el reclutamiento niños al conflicto armado que vive el país.

Rescatemos a nuestros niños, niñas y adolescentes del conflicto armado
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El reclutamiento forzado por parte de grupos armados ilegales en Colombia, a nuestros niños, niñas y adolescentes, es un drama que no podemos olvidar y mucho menos ignorar
La falta de oportunidad en sus hogares, la violencia intrafamiliar, la deserción escolar, “el espejismo” de llegar a encontrar una mejor vida en la selva, llevan a que muchos de nuestros niños se sometan a vivir los traumas de la guerra
Este domingo “En Familia”, hablamos sobre cómo se puede llegar a prevenir la vinculación y el reclutamiento niños al conflicto armado que vive el país
Para comenzar, lo hicimos desde el testimonio de Antonio, un joven que hizo parte de un grupo armado ilegal
“La desintegración de mi familia a raíz de la desaparición de mi padre y un tío víctimas del conflicto armado, la falta de estudio y la idea de que un uniforme y un arma te hacen poderoso, me llevaron a los 14 años de edad, a un lugar en donde no quería estar, donde pensé que iba a encontrar bienestar. Allí estuve cerca de tres años
Sin duda, una de las cosas que nunca voy a olvidar de mi paso por allá, es la muerte de mi mejor amigo, a quien vi morir sin poder hacer nada, y lo que más me mortifica es pensar que su familia pueda creer que el aun vive, siendo que ya se fue del lado de todos nosotros
Por esta y otras situaciones, me di cuenta que yo no pertenecía a ese lugar, que mi vida se desperdiciaba minuto a minuto allí, porque mi futuro estaba en otra parte. Ahora con 21 años, después de pasar por los programas para niños, niñas y adolescentes desvinculados del conflicto armado, que coordina el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), me logré capacitar, recuperar, y tratar de olvidar ese pasado, al que nunca debí pertenecer”, narró Antonio
José Luís Campo, Coordinador de Benposta en nuestro país, una organización que hace parte de La Coalición contra la vinculación de niños y adolescentes al conflicto armado en Colombia (Coalico), desde su experiencia en el trabajo con los muchachos cuenta, “es impresionante ver como en muchos lugares del país, la guerra se convierte en la única opción para los niños, la falta de presencia del Estado en diversas zonas es tan precaria, que para muchos esta es la única alternativa. Por eso hay que generar verdaderas opciones de vida que sean viables para estas familias”, dice Campo
Solangie García, Profesional de la Subdirección de Restablecimiento de Derechos del ICBF, explicó en qué consiste el programa de atención a estos niños y adolescentes:“El Instituto se encarga de atender no sólo a los menores de edad que se han desvinculado de grupos armados ilegales, también se brinda apoyo a aquellos que han sido víctimas de minas antipersonales, de todo tipo de armas de guerra, e hijos de desaparecidos. El programa para niños y jóvenes desvinculados ha sido exitoso, porque es personalizado y la idea es la prevención para la no repetición, es decir, restablecerles todos sus derechos para que nunca más regresen a estos grupos armados”, explicó García
Sara es una joven de 26 años de edad, que a los 11 años de vida, fue reclutada por un grupo armado ilegal. A través del testimonio de Sarita, queremos también evidenciar el drama de los niños que viven en medio de la guerra
“Me subieron a un camión, donde había alrededor de 40 niños entre los 11 y 15 años. Todo en la vida cambia, el parque en el que uno solía jugar, se transforma en un campo de batalla. Allá lo pueden matar a uno por comerse un pedacito de panela sin permiso. Después de soportar toda clase de malos tratos decidí fugarme de allí, fueron 11 años muy duros de mi vida, años que son muy difíciles de olvidar”, cuenta Sara
En el cierre del programa, José Luis Campo, hizo la siguiente reflexión a manera de conclusión:“Yo creo que lo que necesitamos es mantener la esperanza de que es posible salir. Acá hay que unir esfuerzos entre las organizaciones y el Estado para construirles alternativas diferentes a la niñez y juventud en Colombia; los que vivimos con estos niños y niñas, aprendemos a ver la vida con esperanza en medio de la tragedia, por eso debemos confiar en ellos, y así darles oportunidades distintas a la guerra”, concluyó Campo




