Movilidad

Propósitos y despropósitos para el 2012

Por Gustavo Gómez C.

Se murió el 2011; entramos de lleno al primer día hábil de un 2012 que, enterito, ojalá tenga más de eso, de hábil, que de torpe

2012 en un Bogotá que se prepara para arrancar sin pico y placa, sin armas y sin una 26 bien terminada. La Gaitán, como sugiere Gustavo Petro

Un año en el que Juan Manuel nos demostrará qué tanto “talante” tiene para echa pa’lante, ahora que se le acabó el comodín del invierno. Buen año para quienes están a punto de protagonizar las columnas de Samper Ospina o atorarse en una de las muelas de Gardeazábal. Les deseo, si tienen chuzo, que este año no pida la factura en sus restaurantes el doctor Ortega. Felicidades para los contratistas que dicen en las reuniones sociales que no son contratistas y buen viento para los que creyeron que se iban a hacer ricos comprando acciones. Año feliz para las veteranas que comienzan a envejecer en las sociales y para los parlamentarios que no devuelven los carros hasta que Corzo no reciba la Cruz de Boyacá. Que Peláez siga como un roble y que Obdulio continúe dictando inocentes charlas de seguridad en Caracas a ver si nos hacen el milagrito. Que Chávez siga inflándose como un buñuelo camino del horno crematorio que es la democracia venezolana y que alguien garantice natilla en sus casas, eso sí, para todos los secuestrados. 2012 próspero para los banqueros que debieron pasar una Navidad negra, aterrados con la restricción de los 4 mil en cajero y mucha cámara y micrófonos para los abogados que ganan procesos solo en radio y televisión, pero nada de nada en Paloquemao. Prosperidad para los pavimentadores de carreteras, los encargados de las citas en las EPS, los recaudadores de peajes, los parapolíticos presos del menú del chef de siempre y los manzanillos que, para no morir de sed, desangran las licoreras. Dios se ocupe de los desprotegidos hijos de expresidentes y de las exreinas que vinieron a saber tarde que se habían casado con un mafioso tenebroso. Que este año sea generoso en regalías para los caciques regionales y en becas del Icetex para los hijos de los que no las necesitan pero siempre las piden. Que los chulos que revolotean sobre Prisa sigan pasando hambre, que Lucio se ajuicie y pase de la viveza al avivamiento cristiano, que Ordóñez no se deje quebrar más vírgenes (!escasean!), que la Corporación de Educadores de Córdoba no se siga tirando las playas con parlantes monstruosos, que LAN comience a cumplir y que alcancen los sánduches para los pasajeros de las tugurizadas salas VIP de Avianca. Ultimo deseo: que el Canal Caracol encuentre un verdadero buen director de noticias, que no era yo… uno como Darío Fernando Patiño, para trabajar yo hombro a hombro con él (y, si es mujer, hombro a hembra). La ñapa de siempre: salud, dinero y amor. ¡Y que César Augusto Londoño por nada del mundo se vaya a casar! Se le ve tan feliz...

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