Bolillo Gómez y el 1-4-1-4-1
Esta Selección Colombia, la de Bolillo Gómez para Copa América 2011, es la que menos sorpresas ha dado en cuanto a su conformación.


Por Hugo IIlera Esta Selección Colombia, la de Bolillo Gómez para Copa América 2011, es la que menos sorpresas ha dado en cuanto a su conformación. La escogencia solo tuvo una sorpresa: Gustavo Bolívar. El volante del Deportes Tolima no fue pronosticado por ningún periodista deportivo del país. Sin embargo, recuerdo que, alguna vez en Cartagena, Bolillo nos habló con entusiasmo de Bolívar. Para entonces, Bolillo ya había probado (y le había gustado) al vallecaucano Carlos Sánchez como líbero entre las dos líneas de 4 que, en aquel partido vs. Chile, cuando ya había decido, el técnico nacional, como armar su selección. Sí, porque Bolillo va a jugar, en su debut ante el joven equipo de Costa Rica, 1-4-1-4-1 y con Gustavo Bolívar en lugar de Carlos Sánchez. Bolillo jugará con 1 arquero (Neco Martínez), 4 defensas (Camilo Zúñiga, Amaranto Perea, Mario Yepes y Pablo Armero), 1 líbero (Gustavo Bolívar), 4 volantes (Dayro Moreno, Freddy Guarín, Abel Aguilar y Adrián Ramos) y 1 delantero (Falcao García). Ese dibujo táctico (1-4-1-4-1) le permite al grupo copar todos los espacios del campo, tener un menor desgaste físico y mayor eficiencia en la realización, hacer más sólido el bloque como equipo entre el circuito defensivo y el ofensivo y recuperar el balón en el campo contrario (más cerca del área contraria) sin abrir espacios. Este 1-4-1-4-1 acerca a Colombia a sus orígenes. Si bien no tiene un volante 10 como tal, si tiene la posibilidad de jugar al toque corto con descargas del balón y salida por los costados bien con los volantes externos (Moreno y Ramos) como con los laterales. (Zúñiga y Armero) cuando los primeros hagan diagonales hacia adentro. También, tiene la ventaja de dar la posibilidad de que los volantes internos (Guarín y Aguilar) puedan sacar al equipo del fondo (aunque no bajan tanto por la presencia de Bolívar detrás de ellos) y de generar juego por el centro. Todo en beneficio de Falcao que podrá encontrarse, en el remate del circuito ofensivo, con los cuatro (Moreno, Guarín, Aguilar y Ramos). Falcao, entonces, podrá ser encontrado e integrado jugando al toque corto, jugando por el centro, por las bandas y recibiendo los centros de costado en el juego aéreo donde él (Falcao) es uno de los mejores cabeceadores del mundo. Ahora, en el 1-4-1-4-1 se puede caer en el error del juego corto sin profundidad. En eso habrá insistido Bolillo. Tratar de equilibrar los dos circuitos (ofensivos y defensivos de un equipo con este dibujo táctico) es justamente para defender bien y para atacar bien. Atacar bien es buscar el arco, no entreteniendo y perdiendo el balón con el juego insulso del toque corto, o de costado, sin un ataque profundo. Sería fatal. Como todo dibujo táctico, el 1-4-1-4-1 debe estar muy claro y entendido. La recuperación del balón, la administración, la tenencia, la explotación de los espacios, la generación de juego, el ataque profundo y los movimientos de cada una de las posiciones (de cada jugador) en defensa y en ataque. Más, de pronto, en ataque para conservar la figura o el bloque, que le llaman algunos. Porque en ataque, si bien hay figuras ofensivas (salida rápida, por el centro, por los costados, diagonales, etc.) en ellas es necesario, también, el ingenio, la destreza, la iniciativa y la habilidad de cada jugador. Allí se incluyen los volantes externos, los medios centrales, los laterales y el punta. El tema es no desordenarse defensivamente cuando se pierda el balón en una incursión ofensiva. Que los ataques no sean cuna para olvidar las obligaciones defensivas. En ello, Gustavo Bolívar será el bodyguard, el guardaespaldas, avanzado o retardado. Avanzado con respecto al 4 en defensa y retardado con respecto al 4 ofensivo ya que esa posición de líbero, en medio de las dos líneas de 4, debe tener la condición de un 6 en defensa y de un 10 en generación de juego. En fin. Todo sobre el papel, todo sobre el pizarrón. Los dibujos tácticos forman parte de la fantasía de los técnicos de fútbol. Fantasías que dejan en las manos (o en los pies) de terceros, de los jugadores. Y hasta allí llegan sus posibilidades. De ahí en más a sentarse en el banco a sufrir… o a gozar.




