Angelino y Fajardo: inmortificables
<p align="justify">Esperábamos un Fajardo ajeno a la posibilidad de mortificar al prójimo y a un Angelino sin la necesidad de mortificar al prójimo (prójimo urbano y rural). Ahí pues el debate: dos hombres que por caminos distintos confluyen en el mandamiento del no mortificarás. </p>
Quienes dicen que la gran virtud de un vicepresidente es decir poco o, de preferencia, hablar para bien poco decir, dicen bien. Francisco Santos, que desoyó el consejo, pasó ocho años diciendo cosas y haciéndose rectificar de Uribe y, hombre de buenas intenciones y sobrado carisma, terminó exponiéndose a la vergüenza de oír a Uribe propagando a los cuatro vientos la historia ofensiva (y poco decorosa, de parte de Uribe) de que había sido Santos el que había cortejado a Uribe candidato y no al contrario. Como sea, Santos arregló el caminado en el ocaso del gobierno utilizando una táctica infalible: repetir con puntos y comas el discurso de Uribe e irse con toda la artillería, con lanzas y comas, contra los enemigos de Uribe. Y listo. El martes en la noche, esperábamos un Fajardo ajeno a la posibilidad de mortificar al prójimo y a un Angelino sin la necesidad de mortificar al prójimo (prójimo urbano y rural). Ahí pues el debate: dos hombres que por caminos distintos confluyen en el mandamiento del no mortificarás. Los Daríos, juiciosos, intentaron modificar lo inmodificable. No digo ponerlos a pelear, que no era la idea, sino hacerlos controvertir sobre ideas políticamente diferentes. Debate apacible, en el que casi el único rayo que cayó fue el de Ómar, a cuyas exequias, las de Rayo, Angelino prometió asistir en representación de Juan Manuel. Luego del saludo, cada uno exhibió los pergaminos de lo que haría una vez ganadas las elecciones. Fajardo, un completo kit burocrático de tareas en los campos de la educación, la ciencia, la tecnología, la cultura, el desarrollo regional y el emprendimiento (palabreja que el DRAE no registra por lado alguno). Angelino se mandó al ruedo con una lista más larga que la de Fajardo repleta de derechos humanos y agendas sociales y trabajo con Raimundo y todo el mundo, incluidas entre las minorías los homosexuales y los periodistas. Entonces, Fajardo se animó a exponerle una queja pública a Angelino sobre el manifiesto de Unidad Nacional de su jefe: que, según comentario de su hijo de 24, el documento sólo mencionaba una vez la palabra educación y ni una sola vez palabras como ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento (exista o no exista, pues), cultura… y clientelismo. Doctor Fajardo: ¿o yo escuché mal o usted estaba disgustado porque la unidad santista no incluye el clientelismo? Angelino despachó la cosa de un tirón: “Esta es una propuesta y no una camisa de fuerza”. Fajardo despachó frase de campaña: “El talento en Colombia hay que soñarlo”, y a la respuesta de Angelino de que lo que algunos creen que es maquinaria es decisión libre y soberana en las urnas, Fajardo se envolvió de nuevo en palabras: “Venden líderes, venden votos; y son muchos los que han comprado. Nosotros no tenemos precio; tenemos dignidad”. Para todo lo demás existe Mastercard… no lo dijo él: lo pensé yo. Y otra: “No tenemos nada para repartir: hay principios para compartir”. Angelino remató con un perfecto pragmatismo vicepresidencial: “No hay que confundir partidos políticos (que ya no los hay… no lo dijo él: lo pensé yo) con maquinarias”. De regreso a sus raíces, en las que Angelino manda y Santos sobra, recordó el ex sindicalista una tradicional frase de su madre, La Vieja Concha: “Mijito, no se vaya a poner a ensillar un caballo que no ha comprado”. Traducción: ni Juan Manuel ni yo (no yo, Angelino) hemos repartido puestos aún. Una traducción más descarnada: Juan Manuel ya repartió todo, pero no me ha consultado nada. Fajardo, que comentó su fortuna de haber nacido en una familia que le dio educación, acuñó (o recordó) otra frase como para grabar en mármol (o registrar en notaría): “La educación, que ha sido un privilegio para mí, se tiene que convertir en un derecho”. Preguntados ambos candidatos a la vicepresidencia por lo que menos les gustaba de la campaña ajena, así se defendieron: Angelino contestó como un mockusiano: “Absolutamente nada. No tengo sino palabras de cariño y admiración para Mockus y Fajardo”. Fajardo contestó como un santista: “Se lo contesto en una sola palabra: Picardía”. Y quiso Fajardo precisar lo de la picardía y se quedó corto para decir con las manos que era tomar el camino más corto para conseguir la cosas, a lo que Angelino le recordó que ni él ni Santos habían metido mano en dineros públicos y Fajardo, deslucido, volvió al camino del mockusianismo: ni más faltaba, quién ha dicho, faltaba más, ni por la cabeza me ha pasado, y esto y aquello y lo de más allá. Dio papaya, porque Angelino ni corto (¿el camino más corto para qué…?) ni perezoso lo remató con frase de genuina picardía: “Si alguna picardía hizo Juan Manuel Santos, la hizo contra las Farc en la Operación Jaque”. Jaque mate a Fajardo. El debate, que fue corto, terminó con el consabido minuto de convenza-usted-a-la-gente-que-hay-que-votar-por-su-merced. Una frase para no olvidar de Fajardo: “La esperanza tiene sentido en Colombia”. Y una de Angelino: “El 20 de junio metamos el gran gol de la Selección Colombia: ¡que todos salgamos a votar!”. Algo para que Angelino y Santos no olviden: que el Partido Verde será fiscalizador de primera de la gestión de La U, en una especie de -si se me permite el oxímoron- gabinete a la sombra bien alumbrado



