El club de los impunes
Desde hace rato, desde cuando empezaron a soplar los vientos de la desgracia nacional originados en las platas mal habidas que todo lo compraron, desde hace todo ese rato se instaló la cultura del todo se puede porque mi revólver es más largo que el tuyo.


Desde hace rato, desde cuando empezaron a soplar los vientos de la desgracia nacional originados en las platas mal habidas que todo lo compraron, desde hace todo ese rato se instaló la cultura del todo se puede porque mi revólver es más largo que el tuyo
Y mi metralla más poderosa que la ley. La ley, para aquellos atarvanes que se reprodujeron por miles y que se siguen reproduciendo aún, era y es nada más que una reglamentación social para pendejos
Por eso, para engordar sus utilidades, empezaron a matar a quienes se les opusieran. A quienes les llamara a cumplir la ley, ¡pum!; cayeron y siguen cayendo jueces, fiscales, policías soldados, ministros. Y a quienes difundieran sus tropelías; ¡pum-pum¡; y cayeron así y siguen cayendo autoridades, periodistas, líderes sociales, campesinos y etcétera
Los declarados enemigos de la ley han actuado desde entonces amparados en su poder de amedrentar y, a través de ese poder brutal, han creado el blindaje de la impunidad que consiste en que la ley no es para ellos. Por eso violan la ley y si alguien se interpone pues actúa la pólvora que manejan o que ordenan. O, simplemente, se sienten tan poderosos que creen que no hay autoridad que les vaya a pisar algún callo que les incomode
Ese irrespeto por la ley ha ido adquiriendo nuevas maneras en nuevos violadores de las normas. Todos arropados en la idea de que la ley no se hizo para que ellos la cumplieran. Unos, aquellos que abren fuego para robarse las tierras y para evitar que les pisen las huellas. Otros, los del establecimiento, que por arrogancia y por influencia de esa cultura mafiosa creen que pueden soslayar las normas, que nada de lo que hacen es ilegal y que, si lo fuere, no habrá autoridad para reclamarles porque su influencia es más larga que todas las demás
Creo que dentro de este grupo clasifican muchos de los protagonistas de la actualidad. Juan Manuel Santos demostró, como Ministro de Defensa, que no había leyes que le ataran. Y no hablo solo de los falsos positivos o de la invasión al Ecuador, sino que me quedo en lo más doméstico: el uso de bienes públicos como los helicópteros para trastear a sus hijos desde la finca. Y es claro que el Gobernador del Valle, Juan Carlos Abadía, forma parte de ese me vale huevo la ley. Su abierta participación en política, por la cual ha merecido una sanción de la Procuraduría, es una muestra de ello. Abadía tal vez ha sido testigo de mucha violación de la ley y de mucha impunidad y de eso se contagió: pensó que no había autoridad que le vigilara y que su ambición no tenía límite
Puntillazo 1. No se si me he perdido de algo. De alguna carta, de alguna declaración, de alguna noticia. No se si me he perdido de alguna reacción de Uribito sobre la sanción al gobernador Juan Carlos Abadía. O debe ser que la solidaridad o la complicidad de Uribito con su amigo no le alcanzan para una declaración
Puntillazo 2. No tengo un buen pálpito sobre el resultado que arrojarán las pesquisas alrededor de las amenazas por Facebook al candidato Antanas Mockus. Cada funcionario del gobierno que habla de ello, cada policía que entrevistan, cada investigador oficial, parece comprometido hasta el fondo. Quién sabe qué estarán tramando. O será que en estos días de propaganda negra en marcha ronda la paranoia.




