La oposición al metro de Bogotá
Así como se dice la canción: el que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate. Así mismo se podría decir: el que no ha viajado en Transmilenio, no sabe lo que es viajar en una lata de sardinas, ni sabe lo que es el irrespeto total a la persona.


Así como se dice la canción: el que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate. Así mismo se podría decir: el que no ha viajado en Transmilenio, no sabe lo que es viajar en una lata de sardinas, ni sabe lo que es el irrespeto total a la persona. Claro que a éste medio de transporte se abona lo del roce social que nos facilita. Porque todo el mundo nos rosa, nos empuja, nos maltrata. Por algo se dice que el único sitio en el cual 2 cuerpos pueden ocupar el mismo espacio, es en un Transmilenio. Aún así no faltan los “Peñalosas” que por poco y aseguran que éste sistema de “transporte no masivo sino abusivo, es una de las 7 maravillas de la humanidad. Si eso es tan bueno, porque en las ciudades medianamente desarrolladas no tienen Transmilenio sino un metro. Como dice Héctor Rincón, el peor de los metros, siempre será mejor que el mejor de los Transmilenios
Que Bogotá no tiene dinero suficiente para un metro, dicen muchos. Pero porque razón si hay cientos de miles de millones de pesos para construir elefantes blancos como velódromos en medio de la selva, hospitales que se quedan en solo una mole de cemento porque no cuentan con la adecuación suficiente, ni hablar de los horripilantes moños navideños, ni de las inservibles calcomanías para el pico y placa. Dónde dejamos las carreteras que al mes de haber sido pavimentadas ya necesitan ser reparadas
Entonces, ¿para qué hay dinero, y para que no lo hay?..... O será que cómo van ahí algunos?Lejos de mi estará defender al alcalde de Bogotá, Samuel Moreno (y a cualquier otro político) pero si logra dejarle a Bogotá un metro, habrá conseguido que se dé un avance en la modernización de Bogotá y sobre todo, en el respeto al ser humano que merece un transporte digno que dista mucho del orgullo “peñalochista del Transmilleno”. Y no escribo más porque debo ir a tomar mi ruta, él problema no es que pase rápido, el problema es que encuentre un espacio así sea entre las cabezas de los “oprimidos” pasajeros y el techo del bus.




