Un fiasco por Transmilenio
Y ahora, además, nos informan que el Transmilenio por la avenida Eldorado se va a demorar un año más. Como si fuera poco. Como si no bastara que a la mejor avenida de Colombia la hubieran destruido para ampliar un sistema de transporte de antepenúltima generación.


Y ahora, además, nos informan que el Transmilenio por la avenida Eldorado se va a demorar un año más. Como si fuera poco. Como si no bastara que a la mejor avenida de Colombia la hubieran destruido para ampliar un sistema de transporte de antepenúltima generación. Como si fuera poco la devastación del parque lineal que era la 26. Como si quedara faltando una mala noticia, ahora resulta que la línea de Transmilenio no va a estar lista sino en mayo del año próximo si es que de aquí a allá no se presentan nuevas reclamaciones del contratista o nuevos retrasos del gobierno de Bogotá. Todo este trauma y todo el dolor que da ver la avenida Eldorado destruida, se justificaría si por allí estuvieran construyendo un Metro, para que los bogotanos viajaran confortablemente. Un Metro como el de las grandes ciudades y como el que Bogotá merece. Pero toda esta desolación es para que se pongan a circular unos buses que contaminan y en los cuales sus ocupantes viajan como salchichas empacadas al vacío
Puntillazo. Nada más insulso que un partido de fútbol de despedida. Esos partidos suelen ser nostalgias con vientres inflados, calvas avanzadas, lentos movimientos de enguayabados. Pero nada más justo que el partido de despedida para René Higuita, ese deportista histórico que se inventó a él mismo. Que le puso sello propio a lo que hizo. Que venció la miseria y la marginalidad y sacó de adentro todo lo artista que nació siendo




