Jugador y árbitro
El Magistrado Escobar Araujo, que hoy tiene con un píe en la cárcel a Alejandro Santos, Director de Semana, se ha convertido en un experto tratando de defender lo indefensable. Y tratando de desvirtuar lo evidente: a la revista quiere hacerla rectificar por tercera vez, no porque no haya recibido unos botines divinos del célebre Giorgio Sale, no porque no le haya hecho lobby al mismo personaje ante la Dirección de Estupefacientes para sacar adelante la adjudicación de negocios, no porque no haya sido su amigo. La rectificación debe ser en la portada, simplemente porque él quiere dejar en claro que sus reuniones con Asencio Reyes, otro oscuro e influyente personaje de la justicia, no fueron en Santa Marta, sino en Bogotá.
El Magistrado Escobar Araujo, que hoy tiene con un píe en la cárcel a Alejandro Santos, Director de Semana, se ha convertido en un experto tratando de defender lo indefensable. Y tratando de desvirtuar lo evidente: a la revista quiere hacerla rectificar por tercera vez, no porque no haya recibido unos botines divinos del célebre Giorgio Sale, no porque no le haya hecho lobby al mismo personaje ante la Dirección de Estupefacientes para sacar adelante la adjudicación de negocios, no porque no haya sido su amigo. La rectificación debe ser en la portada, simplemente porque él quiere dejar en claro que sus reuniones con Asencio Reyes, otro oscuro e influyente personaje de la justicia, no fueron en Santa Marta, sino en Bogotá. Para entender el exabrupto, lo mejor es limitarse al párrafo que lo menciona y origina el enredo, dentro de un artículo de Semana dedicado a Reyes, titulado “El mecenas de la Justicia”: “(...) Siete meses antes del capítulo de Neiva, en noviembre de 2005, Reyes se había lucido también en Santa Marta en el homenaje a los magistrados de la costa atlántica. En este caso, Asensio Reyes figura como el organizador del evento. Ese 23 de noviembre, en el club Santa Marta, el magistrado José Alfredo Escobar Araujo, como presidente del Consejo Superior de la Judicatura, no ahorró elogios para él: “nuestro reconocimiento a quien con su generosidad y dedicación probadas, mantiene la llama inextinguible de la amistad que nos une de tiempo atrás y permite evocar con cariño aquellos tiempos idos, los tiempos de la cometa”. Al Magistrado Escobar le debe parecer indignante que digan que sus palabras fueron en esa fecha y en ese lugar, porque buena parte de su argumentación, en esta inusual batalla jurídica, ha sido sobre eso, sobre la forma. La defensa de Alejandro Santos ha respondido con razón que “…el punto fundamental está en determinar que con la publicación de ese fragmento del discurso, para nada está afectando el buen nombre y honra del accionante, su dignidad o intimidad”. Aquí no se trata, vale la pena aclararlo, de unos periodistas soberbios, de esos que creen que su ego está por encima de las decisiones judiciales. Al contrario, Semana ya ha rectificado dos veces. Yo, que soy partidario de que los medios sean generosos y sinceros en sus correcciones, creo que en la práctica y a la larga ese terminó siendo un error de la revista. El Magistrado Escobar las vio ambas y vio la que publicó en primera página El Tiempo, y eso le abrió el apetito de su vanidad herida. En la de El Tiempo, los obligó a decir que contra él ni contra su mujer, por la época Secretaria General de la Procuraduría, había procesos penales o disciplinarios que los relacionaran con “conductas al margen de la ley y con la participación en la conformación de grupos ‘paras’ ni actividades relacionadas con el narcotráfico”. Escobar está pretendiendo limpiar su imagen a punta de tutelas, aunque en el fondo sigue pasando agachado sobre sus relaciones con unos señorones vinculados al hampa. Decían en la España del siglo XIX, cuando referían a los cínicos, que “las perdices pretenden redactar la ley de caza”. Aquí esta pasando algo de eso, y es que los jueces que han fallado a favor del Magistrado Escobar son todos dependientes y subordinados suyos, lo cual, para mayor gravedad, lo convierte en jugador y arbitro del mismo partido.




