Ido Tirofijo, ¿quién va a tener la culpa?
A Tirofijo lo mataron setenta y cuatro veces en los sesenta años que estuvo echado al monte echando plomo. Tirofijo aparecía como la sombra detrás de noticias ensangrentadas, pero también de los de los análisis políticos. Tirofijo era el potagonista de las tomas de pueblos, de las voladuras de torres, del reclutamiento forzado y del secuestro masivo y del estallido de las pipetas. Durante más de medio siglo Tirofijo era todo lo malo que le sucedía a Colombia, todo lo que ensuciaba la nacionalidad y todo lo que impedía el sosiego y el desarrollo.
A Tirofijo lo mataron setenta y cuatro veces en los sesenta años que estuvo echado al monte echando plomo. Tirofijo aparecía como la sombra detrás de noticias ensangrentadas, pero también de los de los análisis políticos. Tirofijo era el potagonista de las tomas de pueblos, de las voladuras de torres, del reclutamiento forzado y del secuestro masivo y del estallido de las pipetas. Durante más de medio siglo Tirofijo era todo lo malo que le sucedía a Colombia, todo lo que ensuciaba la nacionalidad y todo lo que impedía el sosiego y el desarrollo. El mismo demonio era Tirofijo, con ese apodo terrorífico en el que se ocultaba el otro apodo de líder sindical, el de Manuel Marulanda, que era el apodo en el que camuflaba su nombre campesino de Pedro Antonio Marín. Se fue Tirofijo. Agotado por la inutilidad de su lucha. Seguramente traicionado. Se fue Tirofijo sin haber cumplido su sueño de ir a cine a las tres de la tarde a cualquier teatro de Bogotá. Ido Tirofijo con su leyenda que engordamos entre todos, me he preguntado en estas horas cómo va a ser Colombia sin Tirofijo. Después de sesenta años de ser la sombra detrás de todo lo malo, ahora sin Tirofijo quién va a tener la culpa, a quién le van a echar la culpa del desastre nacional, porque Tirofijo servía de pretexto para las desgracias y también para que muchos se lucraran de la guerra que llevaba. ***Ycierro este El Escaparate con una indignación. La que me ha producido la oferta de plata por el cadáver de Pedro Antonio Marín, el campesino colombiano que se hizo guerrillero y murió tras sesenta años de lucha estéril. Mi indignación proviene de ver cómo el ejército y el gobierno usan, de otra manera, el mismo estilo macabro de los guerrilleros y los secuestradores.




