Bono, Kidman, la ONU y un poco de suerte…
Técnicas para poder entrevistar a Bono o a Nicole Kidman en persona, sin las roscas de distribuidoras o disqueras internacionales. Como un colombiano ‘de a pie’. Lugar y momento justos son la clave. La historia detrás de un encuentro con estos dos personajes.
No todos los días uno habla con Bono y con Nicole Kidman en persona y sobre lo que uno quiera preguntarles. Ambas cosas me pasaron este año. (Claramente no hablé con ellos durante horas en un pub irlandés como hubiera querido hacerlo con Bono, o sentados en una alfombra de piel de oso polar con dos copas de vino como siempre imaginé que sería una entrevista con la actriz australiana). Ambos encuentros sí ocurrieron, pero fue en la sede principal de la ONU, en Manhattan, donde las celebridades con corazón se muestran caritativas para los medios del mundo. El edificio de la ONU, que por cierto está que se cae de lo viejo que es por dentro, tiene recovecos y corredores dignos del laberinto que David Bowie gobierna en una de las primeras películas de fantasía protagonizadas por Jennifer Connelly. Pero bueno, trato de no desviarme del tema. El caso es que en estos pasillos, los periodistas y funcionarios se cruzan esporádicamente con celebridades de la alta alcurnia que andan anunciando sus labores humanitarias. Hace poco George Clooney también estuvo, él si no me dijo ni mu. De todas maneras es ahí donde uno puede hablar con ellos, claro está, si lo permiten sus guardaespaldas/representantes/carga maletas y/o múltiples asesores que hacen parte del entorno (dígase también ‘entourage’, concepto que ya dio hasta para una serie de televisión) de estos personajes. Bono es bajito y calvito El cantante irlandés estaba reunido con Ban Ki Moon en el piso 38 del edificio ya mencionado y donde solo hay acceso para los fotógrafos en un lapso menor de un minuto. Los periodistas colombianos estábamos cubriendo el paso del canciller de Nicaragua, Samuel Santos, por la ONU, denunciando a Colombia en ese pleito por los archipiélagos y los meridianos que rodean a San Andrés. Una labor de Santos que además no ha tenido mayor resultado en el interior de este organismo internacional. El nicaragüense vino y se fue. Dijo tres palabras frente a todos mis colegas y nada pasó. Cuando el corredor estaba vacío, nadie supo que Bono ya había terminado su encuentro con Moon. Ahí salió de su ascensor Bono, muy campante, más bajito que el resto de su séquito: Tres mujeres entaconadas, con falda gris, casi uniformadas con sus teléfonos y agendas electrónicas en acción, dos guardaespaldas con cara de puño y unos escoltas encorbatados de la ONU que lo llevaban de afán hacia otra reunión para seguir salvando al mundo. (Porque si Bono hace algo, es eso, salvar al mundo). Ahí, justo como ya les conté que hice con el Papa, le grite su nombre a la superestrella, “Bono!” El tipo se voltea, cuelga su celular, tiene gafas (como siempre), pero en este caso son rosadas y de marco transparente. Se las quita y me mira. Prendo la grabadora y le digo, “Por favor, dos minutos para Colombia”. Cabe decir que mis palabras, en ese momento, tienen un tono similar al de una fanática enamorada de 13 años. Me responde, “solo tengo un minuto”. Comienzo a grabar, y el digo, “Bono, es un honor tenerlo en Caracol Radio para Colombia”. Se me sale otra risita nerviosa porque me parece chistoso, casi increíble, poder hablar con este hombre en persona. Y, muy inteligentemente, Bono me responde: “Para mí, es un honor hablar con cualquier persona de Colombia”. El resto de la entrevista salió al aire y debe estar colgada en algún lugar de nuestra página de internet, con su cuartilla respectiva informando sobre las intenciones que tiene de llevar a U2 a Colombia. Kidman, ángel del botox Sí, ella es un ángel. Es hermosa en persona. Altísima. Flaca, de un pelo amarillo/dorado/pollito, y además le brilla el aura con el resplandor que tiene cualquier mujer a los 7 meses de embarazo. Ella está defendiendo los derechos de las mujeres en el mundo entero, denunciando los abusos en las guerras contra las mujeres, usadas y violadas como parte de conflictos armados en África, entre otros lugares (por no mencionar nuestro propio país). “No he ido a Colombia” me dijo cuando le mencioné que las colombianas también sufren abusos y desdichas de la guerra. Pero si hablo sobre este tipo de problemas en países de conflictos internos como el colombiano. (Eso también está en la nota publicada en Caracol). La mini conversación fue en medio de una rueda de prensa, pero a la salida le pude tomar una fotos, y notamos con algunos colegas que tiene la cara un poco tiesa. Me dijeron, “fijo, eso es puro botox”. A mí no me importa, que se ponga lo que quiera, sigue siendo un ángel. Igual de bella. Aquí querido lector, la foto. Juzgue usted mismo.




