Rentería y Cabrera no se hablan en la gran carpa del béisbol estadounidense
Según versiones de personas cercanas a los dos peloteros, las diferencias se marcaron al final del torneo semi-profesional que concluyó en enero de este año.
Los peloteros colombianos Edgar Rentaría y Orlando Cabrera trasladaron su escasa simpatía y diferencias al béisbol de Grandes Ligas, situación que se hizo pública en las últimas horas en la página de internet de ESPN Deportes. Según versiones de personas cercanas a los dos peloteros, las diferencias se marcaron al final del torneo semi-profesional que concluyó en enero de este año. ESPN Deportes dice en la extensa nota que presenta: "En los túneles del Comerica Park de Detroit, un ayudante de vestuario, haciendo lo mismo que haría una paloma mensajera, entrega un mensaje que hará eco en un país a miles de millas de distancia. Es un simple pedido para un encuentro entre dos campocortos, que intenta solamente evitar una controversia total, una polémica, como dirían en Colombia. El ayudante entra a los vestuarios de los Tigres y encuentra a Edgar Rentería. "Edgar", dice el ayudante, "Orlando Cabrera dice que quiere hablar contigo". Pero Rentería no desea hablar con Cabrera, su equivalente en los White Sox, su compatriota colombiano. Un día antes, Rentería le había explicado las razones a un reportero. "No voy a aceptar ningún trato con él. Pienso que le ha faltado el respeto a mucha gente del béisbol en Colombia que ha estado trabajando para mejorar el deporte. Y eso es algo que no puedo aceptar, aún si me pide disculpas". Pedir disculpas no era lo que Cabrera tenía en mente antes del tercer partido de la primera serie de la temporada entre estos rivales de la Liga Americana Central (ambos jugadores son nuevos en sus equipos y están jugando en la misma división por primera vez en 10 años). Cabrera buscaba hacer las paces, o por lo menos una clarificación. Pero solo una cosa está clara: los dos mejores jugadores de béisbol en la historia de su país no se hablan entre sí. Las razones tienen sus raíces en Colombia, un país sudamericano que ama el fútbol, donde el béisbol lucha por mantenerse a flote en una zona costera bordeada por una autopista. En esta ruta, la Autopista 90, se construyen condominios de primer nivel, uno detrás del otro, mientras indígenas pobres del interior venden sus quesos y sus frituras desde cabañas derruidas, y los soldados patrullan barricadas en las que buscan rebeldes y bombas. La autopista conecta a Cartagena, la majestuosa ciudad turística en la cual creció Cabrera, hoy de 33 años, y Barranquilla, su rival industrial a 72 millas al noroeste, que produjo a Rentería, hoy con 32 años. En retrospectiva, parece obvio que las dos estrellas nunca debieron haber hecho negocios juntos. "En serio, nunca tuve relación con Orlando", dijo Rentería, un veterano de 11 años en las ligas mayores. "Nunca fuimos amigos". Pero el año pasado, el Equipo Rentería, un negocio familiar que administra la liga invernal colombiana de cuatro equipos y una academia de béisbol para jóvenes en Barranquilla, estaba buscando inversores. Edinson Rentería, hermano mayor de Edgar y presidente de la liga, ofreció vender la franquicia de Cartagena a Cabrera, quien ya había abierto una academia en su ciudad natal. Cabrera puso $25.000 para comprar a los Indios pero se los vendió nuevamente a los Rentería al final de la temporada, en enero, cuando (según dijo) su interés decayó. A pesar de muchos desacuerdos con Edinson por los derechos televisivos y las ventas de boletos, Cabrera creyó que la separación había sido amigable. De hecho, no lo fue. "Quería comprar un equipo para después poder destruir todo lo que se ha hecho con la liga", dice Edgar. "Pienso que lo hizo por malicia. Deberías preguntarle qué tiene en contra de los Rentería. Durante varios años, la gente me ha dicho que está celoso de mí. La gente siempre me ha reconocido a mí en Colombia más que a él, y pienso que eso le molesta". Cuando Cabrera escucha estos comentarios en una grabación, su mentón se le cae del descreimiento. ¿Es éste el embajador del béisbol en Colombia, el siempre diplomático Rentería? Cabrera parece estar más sorpendido que enojado. "Estos son comentarios ignorantes de una persona ignorante", dice. "Siempre he respetado a Edgar como a una de las personas más astutas en el campo de juego, alguien que, debido a su inteligencia, ha logrado cosas que van más allá de sus habilidades. Escucharlo hacer comentarios así es decepcionante". Para entender cómo la relación entre estos dos campocortos llegó a este punto, uno necesita comenzar con un reporte de un cazatalentos. Cuando Jolbert Cabrera padre era cazatalentos para los Marlins en el año 1992, intentó venderle a sus jefes a su segundo hijo, un jugador de cuadro medio de 5'9" de altura llamado Orlando. (Su hijo mayor, Jolbert Jr., ya estaba jugando para los Expos y luego pasaría siete años en las ligas mayores, predominantemente en el banco de suplentes). Pero los Marlins no estaban interesados en Orlando. Muy flaco, dijeron. ¿Tienes a alguien más? Está este chico, dijo Jolbert. Un jugador de fútbol de Barranquilla que tiene una habilidad tremenda para el béisbol. Tiene la medida perfecta, más de seis pies de altura. Tiene 17 años y está un poco crudo, pero puede ser muy bueno. ¿Su nombre? Edgar Rentería. La venta de este viejo cazatalentos le traería luego riqueza y fama a los Rentería, quienes vivían a sólo unos pocos bloques del estadio de béisbol de Barranquilla. Edinson y Edgar eran dos de los ocho hijos de la familia, y cuando eran muy jóvenes su padre Francisco falleció repentinamente dejando a su madre, Visitación, criando a toda la familia sola. Edinson, ocho años mayor que Edgar, ganaba dinero trabajando como vendedor callejero junto a algunos de sus hermanos. Pero también era un talentoso jugador de béisbol, y eventualmente jugaría nueve años como jugador de cuadro en las ligas menores para los Astros y los Marlins, enviando sus magros cheques a casa para proveer alimentos a sus hermanos y hermanas. "Siempre lo admiré y admiré lo que hizo por nosotros", dijo Edgar. Edgar llegó a las ligas mayores en 1996 y se transformó en héroe nacional en Colombia al año siguiente cuando conectó un sencillo para que los Marlins ganen la Serie Mundial en la 11era entrada del séptimo partido. "Cuando la gente piensa en mí, piensan en ese imparable", dice. "Eso me abrió la puerta". Cabrera, jugando en la Liga de Otoño de Arizona en ese momento, observó el épico hit de Rentería en TV, gritando cuando la bola se deslizó de las manos del lanzador de los Indios, Charles Nagy. Fue un gran momento para Cabrera, quien presenció el debut profesional de Rentería en Florida y hasta usó un guante modelo Edgar Rentería. "¿Cómo podría estar celoso de Edgar cuando he crecido toda mi vida siento el hermano menor de Jolbert?, dijo Cabrera. El béisbol era de hecho el segundo amor de Orlando, pero Jolbert Sr. le prohibió jugar al básquet luego de terminar la escuela secundaria, y ni siquiera lo fue a ver una sola vez a jugar al básquet. En la mente de su padre, Orlando llegaría a ser un jugador de béisbol o terminaría la universidad en Colombia. Pero para Orlando, parecía que todos pensaban que Jolbert Jr., dos años mayor que él, merecía llegar a las ligas mayores primero. Jolbert Jr. dice que su padre sobornó a oficiales venezolanos para poder cruzar la frontera y presentarse en una prueba con los Expos. Los dos Jolberts se rieron al ir manejando hacia el campo de juego. "Orlando no tuvo ese tipo de momentos con papá", dijo Jolbert Jr., quien todavía juega en la liga Triple-A para los Rojos. Orlando finalmente firmó un contrato professional en 1993 con los Expos, por un magro bono de solamente $7.000 dólares. Cuando subió a las mayores cuatro años más tarde, llamó a su casa y fue saludado por su madre, Josefina, quien inmediatamente le preguntó: "Pero... ¿por qué no subió Jolbert a las mayores en lugar tuyo?". Luego de casi siete años en Montreal, Orlando fue enviado a los Medias Rojas en el 2004 como parte de un intercambio de cuatro equipos que envió a Nomar Garciaparra a los Cachorros. Cabrera se estableció rápidamente como líder y jugó un papel importante en ayudar a Boston a terminar su sequía de campeonato de 86 años. Una tarde en medio de la postemporada, Manny Ramírez pidió el día libre por un dolor de cabeza. Cabrera se le acercó y le dijo "no hay forma de que puedas salirte de la alineación, yo nunca he jugado una postemporada". Ramírez concordó, y Cabrera fue a verlo a Terry Francona en su oficina para decirle: "Manny va a jugar". Luego de que los Medias Rojas se alzaran con la Serie Mundial, Cartagena hizo una celebración en honor a su hijo predilecto. Los políticos enviaron un carro de bomberos para buscarlo en el aeropuerto y llevarlo directamente a la ceremonia que lo esperaba en el Ayuntamiento. Pero no mucho más tarde de eso, la gerencia de los Medias Rojas decidió que este agente libre ya no estaba en sus planes. Habían rumores de que Cabrera fiesteaba demasiado, según una fuente cercana a la organización (la segunda mujer de Orlando, Katie, a quien conoció al año siguiente mientras jugaba con los Serafines, afirma que su marido lleva una vida mucho más tranquila en estos días). Los Medias Rojas también ansiaban a un tipo que estaba en el equipo al que habían barrido en la Serie Mundial, un tipo que no llevaba una vida complicada fuera del campo de juego. ¿Su nombre? Edgar Rentería. Claro, Rentería no supo manejar la presión de jugar en Boston con la misma facilidad que Cabrera, y luego de cometer un total de 30 errores, el máximo de su carrera, en 2005, fue enviado a Atlanta. Pero a pesar de todos sus éxitos, Cabrera nunca va a superar a Rentería en la muy corta lista de jugadores colombianos en las Grandes Ligas. Rentería ha participado en cinco Juegos de las Estrellas; Cabrera siempre se toma esos tres días de vacaciones. Hace un par de años, Cabrera voló a Colombia para ocuparse de unos asuntos personales durante las vacaciones. En el aeropuerto fue acosado por un agente de inmigración que exigía saber por qué había venido de tan lejos para una estadía tan corta. Cabrera le explicó que era un jugador de béisbol profesional. "Nunca escuché hablar de ti", dijo el agente. "El único pelotero colombiano que conozco es Edgar Rentería". Cabrera admite que no confía en mucha gente. Jolbert Sr., quien falleció en el 2000, se gastó con todo el dinero del fondo fiduciario de su hijo en bebidas y mujeres, llegando a mantener a una segunda familia. Cuando Orlando está en su casa en Colombia durante las vacaciones, pasa por los controles policiales a toda velocidad por miedo a ser secuestrado, y tanto él como Katie mantienen una pistola en sus autos como protección. La desconfianza puede ser la cualidad más colombiana de Cabrera. Vivir en la sombra de un gobierno que le hace la guerra a su propio pueblo (un país que ha estado inmerso en una guerra de guerrillas durante décadas, para no mencionar a los cárteles de droga, secuestradores profesionales, asesinos y ladrones) provoca eso. Aún cuando la tasa de criminalidad ha bajado sensiblemente, el querido Rentería todavía tiene una guardia de hombres armados con ametralladoras protegiendo su casa. La gente de la zona industrial de Barranquilla tiende a desconfiar de sus compatriotas de Cartagena, tan dependientes del turismo. Por eso, quizás el encontronazo entre Cabrera y Rentería fue inevitable. Fue una sorpresa ver que Cabrera comprara el equipo de Cartagena. A pesar de que el público en Barranquilla y Cartagena fue numeroso y entusiasta, y que sus Indios llegaron a la final (Cabrera jugó de campocorto; Rentería no jugó ni dirigió, siendo meramente la cara del equipo), Cabrera y Edinson Rentería tuvieron numerosas peleas sobre temas grandes y pequeños. En este punto, el tema más significativo son los $35.000 dólares que Cabrera dice que la liga le debe por su participación en anuncios, venta de boletos y derechos televisivos, entre otras cosas. El mayor de los Rentería afirma que es Cabrera quien le debe dinero a la liga. "Es un mentiroso, y le voy a hacer un juicio si sigue haciendo comentarios desatinados sobre nosotros", dijo Edinson. "Si tiene algo personal contra nosotros, si quiere causarle daño a nuestro proyecto, está equivocado, porque no lo permitiremos. No lo necesitamos para tener béisbol en Colombia. La gente de Colombia sabe qué clase de persona es él, y qué clase de personas somos nosotros". Cabrera afirma que fue el mal manejo de Edinson en la liga lo que causó su alejamiento, y está sorprendido de los ataques personales. "Eso es lo que sucede cuando uno hace negocios con gente que no puede separar los temas de negocios con los temas personales", dice Cabrera. "Mi intención en lo que he dicho públicamente es hacerle el bien a la liga. Ha promovido la liga y la ha hecho reconocida". Esta disputa no será resuelta muy rápidamente. Los Tigres y los Medias Blancas tienen 12 partidos más por jugar esta temporada, una docena de oportunidades más para momentos incómodos en el campo de juego. Durante el primer encuentro del año, cuando Cabrera llegó a la segunda base en la quinta entrada, trató de conversar un poco con Rentería, diciendo, "Oye, está frío aquí, ¿no?" Rentería, plantado en su puesto, siguió mirando hacia delante. No dijo una sola palabra". (Tomado en la sección de béisbol del portal ESPN Deportes)




