La sed de Barcelona desata la "guerra del agua" en España
Barcelona, la segunda ciudad de España, se está quedando sin agua para el consumo humano por la sequía de los últimos años, y han desatado la "guerra del agua".
Barcelona, la segunda ciudad de España, se está quedando sin agua para el consumo humano por la sequía de los últimos años, y las opciones para garantizar el suministro han desatado la "guerra del agua" entre las distintas fuerzas políticas y regiones españolas. España sufre un ciclo seco desde 2005, que se remonta al año 2003 en el caso de la región de Cataluña (noreste), y que ha situado a los 4,8 millones de personas que viven en el área metropolitana de Barcelona al borde de las restricciones de agua en el uso doméstico. Para no llegar a ese punto, el Gobierno central del socialista José Luis Rodríguez Zapatero y el Ejecutivo de la región de Cataluña, que preside el también socialista José Montilla, acordaron trasvasar agua a Barcelona desde el río Ebro, el más caudaloso de España. La medida, que aún no ha sido ratificada, ha molestado a otras regiones mediterráneas, como la Comunidad Valenciana y Murcia, víctimas también de la sequía que reclaman asimismo recibir agua del Ebro, y a Aragón, por cuyo territorio transcurre casi el 50 por ciento de la cuenca del río. Valencia y Murcia están gobernadas por el conservador Partido Popular (PP) y recuerdan que el Gobierno de Zapatero derogó en 2004 un trasvase previsto de 1.000 hectómetros cúbicos (hm3) para esos territorios, por lo que sostienen que existe un agravio comparativo. Desde Aragón, gobernado por los socialistas, también se rechaza la captación de agua al considerar que perjudica al caudal del río y a sus agricultores, y no se descartan acciones jurídicas contra el abastecimiento programado para la zona metropolitana de Barcelona. La ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Medio Marino, Elena Espinosa, explicó este miércoles que el envío de agua a Barcelona es una solución de emergencia y recordó que en la pasada legislatura se hizo lo mismo con Valencia y Murcia, con cantidades mayores. A la capital catalana se enviarán 50 hm3 y a Valencia y Murcia se enviaron "casi 135" hm3, recalcó la ministra, quien añadió que no se va a extraer agua del río, sino que se van a llevar a cabo unas obras de infraestructura para aprovechar mejor el excedente que dejen los regantes del delta en el que desemboca el Ebro. Los argumentos del Gobierno no convencen al opositor Partido Popular, cuya portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, anunció que pedirán la comparecencia urgente del presidente del Gobierno para que explique su "rectificación en la política de aguas" y si va a adoptar medidas similares en otras zonas. Tampoco convencen a los principales grupos ecologistas, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF/Adena, que consideran que la solución anunciada es un trasvase por muchos eufemismos que empleen los Gobiernos central y catalán. Theo Oberhuber, coordinador general de Ecologistas en Acción, dijo que hay soluciones "mucho más fáciles, domésticas y puntuales", y que no se debe considerar una tragedia el que coyunturalmente se puedan producir restricciones de agua potable en los domicilios. Los "verdes" también temen que el Gobierno ceda a la presión de Valencia y Murcia, donde, según afirman los ecologistas, el agua no se pide para consumo humano o para regadíos, sino para mantener e impulsar la sobre-explotación turística de la costa mediterránea con la construcción de nuevas urbanizaciones y campos de golf. El debate sobre el uso del agua en España viene de lejos, porque se trata del país más árido de la Unión Europea (UE), donde el agua no sólo está mal repartida, sino que además se desperdicia. Sólo la agricultura, esencialmente de regadío, consume el 80 por ciento del agua dulce del país, mientras que el abastecimiento a núcleos urbanos representa el 14 por ciento, un porcentaje que aumenta cada año como consecuencia del crecimiento económico. Hace un siglo, España tenía 20 millones de habitantes, que consumían 30 litros de agua potable por persona y día, un consumo que en la actualidad es de 200 litros por habitante y día, con una población que se acerca a los 46 millones de personas. Pese a que en el siglo XX se hizo un gran esfuerzo para construir embalses y aprovechar al máximo los recursos hídricos, la lluvia sigue siendo la misma, e incluso menos, y la media de 340.000 hectómetros cúbicos de media anual que se recogen en forma de agua y nieve en el territorio español se hace de manera muy desigual. Más de la mitad de las lluvias caen en el norte, sobre el pasillo Galicia-Cornisa Cantábrica-Pirineos (la llamada "España húmeda") con una precipitación media de 1.379 milímetros (mm), mientras que en el resto del país (la "España seca") no llega a los 600 mm.




