Colombiana muestra en Egipto sus proyectos de paz para cambiar el mundo
Los activistas, Mayerly Sánchez y Francisco "Tachi" Cazal, no sólo comparten el haber nacido en América Latina, sino también su empeño por transformar la realidad. El Foro Internacional de la Juventud, que tiene lugar en la ciudad turística egipcia de Sharm el Sheij, reunió hoy a estos dos entusiastas de la paz que explicaron a los asistentes el contenido de sus proyectos en Latinoamérica
Los activistas, Mayerly Sánchez y Francisco "Tachi" Cazal, no sólo comparten el haber nacido en América Latina, sino también su empeño por transformar la realidad. El Foro Internacional de la Juventud, que tiene lugar en la ciudad turística egipcia de Sharm el Sheij, reunió hoy a estos dos entusiastas de la paz que explicaron a los asistentes el contenido de sus proyectos en Latinoamérica. Mayerly Sánchez tiene sólo 23 años, pero su Movimiento de Niños por la Paz, dedicado a educar a menores de zonas conflictivas de Colombia y ofrecerles alternativas para salir del círculo de violencia, maltrato y abusos en el que viven muchos de ellos, le ha valido tres candidaturas al premio Nobel de la Paz. Sánchez, procedente del municipio de Suacha, cerca de Bogotá, empezó su labor con ocho años cuando organizaba obras de teatro y juegos para entretener a los niños de su barrio, hasta que un día vio morir a uno de sus amigos en una pelea de bandas callejeras. A partir de entonces decidió que su compromiso debía ir más allá. "Aproveché una convocatoria que lanzó Unicef en Colombia para conocer a las organizaciones que trabajaban con niños en el país y participé como representante de mi zona", dijo a Efe Sánchez. Aquella reunión con Unicef fue la semilla de lo que más tarde se convertiría en una organización que en la actualidad trabaja con unos 15.000 niños en todo el país. "Los niños que participamos en aquella convocatoria pedimos un espacio para reunirnos en solitario y de allí salió la idea de celebrar unas elecciones infantiles en las que debíamos escoger el derecho más importante para la infancia colombiana", recuerda emocionada. En octubre de 1996 se celebraron los particulares comicios en los que tres millones de menores de Colombia proclamaron el derecho a la vida como el más importante de todos, seguido del derecho a la paz. Durante las elecciones no se registró ninguna muerte violenta a pesar de que los organizadores recibieron varias amenazas de grupos armados colombianos, según Sánchez. Tras los comicios empezaron los trabajos del movimiento, que se vale de la infraestructura proporcionada por otros organismos consolidados como la Cruz Roja para ser efectivos. Dan formación a niños en derechos básicos y deberes, pero también en temas más concretos como la prevención de embarazos no deseados, los riesgos de las minas antipersona y el consumo de drogas. "Cuando llegamos a un sitio y preguntamos lo que quieren ser de mayores su máxima aspiración es conducir el camión de la basura -agrega la joven.- Queremos que entiendan que también ellos pueden ser doctores o pilotos de avión". Sin salir del continente americano, el paraguayo Tachi Cazal preside desde Nueva York AFS International, una ONG con 60 años de existencia que se dedica a organizar intercambios de jóvenes a 80 países de todo el mundo. Hasta 350.000 jóvenes, entre los que se encuentra el propio Cazal, han estudiado lejos de sus casas y convivido con familias de acogida dentro de los programas de AFS. "Nuestra organización se basa en el trabajo de los voluntarios. Tenemos 700 trabajadores en plantilla y 40.000 voluntarios que son la auténtica fuerza", dice Cazal. El presidente de AFS nació en Asunción (Paraguay) procedente de una familia humilde de trabajadores, "pero con un firme compromiso con los estudios de sus hijos", asegura. Hace dos años, Tachi Cazal se convirtió en el primer director no anglosajón de esta organización que quiere "dar a conocer mucho más en todo el mundo y hacerla crecer". Para Cazal, la clave del proyecto está en que los estudiantes se integran en familias que les dan a conocer la realidad cultural del país al que van para "convertirse en ciudadanos del mundo" y lograr así el objetivo de que "los lugares se transformen en personas".




