Macedonia esconde un tesoro especial de coñac francés enterrado en 1918
Las montañas de Mariovo, en el sur de Macedonia, esconden un valioso tesoro de decenas de cajas de coñac, enterradas allí durante la Primera Guerra Mundial por el ejército francés y que objeto de deleite de coleccionistas de toda Europa.
Las montañas de Mariovo, en el sur de Macedonia, esconden un valioso tesoro de decenas de cajas de coñac, enterradas allí durante la Primera Guerra Mundial por el ejército francés y que objeto de deleite de coleccionistas de toda Europa. Por esta parte de los Balcanes pasaba entre 1916 y 1918 la línea del sangriento "Frente de Salónica", donde estaban los ejércitos alemán y búlgaro enfrentados a los de Serbia y Francia, que formaban parte de los ejércitos aliados en este conflicto. Estos últimos avanzaban hacia el norte desde Salónica, donde se enfrentaron a las fuerzas de las potencias centrales estacionadas allí en combates que dejaron más de 100.000 muertos en ambos lados. Las botellas de coñac fueron encontradas en la sierra de Kajmakcalan, en la zona fronteriza con Grecia, donde se preservan algunas fortificaciones de la época, pero sobre todo donde las tropas francesas tenían sus cocinas, cantinas y comedores. Varios miles de soldados franceses fueron enterrados en el camposanto militar de la cercana ciudad de Bitola. Después de 17 kilómetros de camino no asfaltado en coche todoterreno por el borde del cañón del río Crna, se llega a la aldea de Staravina, en que otrora había 130 casas y unos 600 habitantes, pero donde hoy apenas quedan 15 ancianos. Allí, unos pastores encontraron hace 15 años las primeras botellas, pero al principio no se atrevieron a probar su contenido, ya que el paso del tiempo había destruido sus etiquetas. Sin embargo, desde que saben que se trata de un valioso coñac, el licor no falta en ninguna de las fiestas locales. "En mi familia bebimos el último coñac que teníamos hace unas semanas en una boda que celebramos en Bitola", contó a Efe Petko Petkovski "Churuko", uno de los ancianos de la aldea. Durante la Primera Guerra Mundial, los habitantes de Mariovo combatieron de ambos lados del frente, ya que no existía un Estado macedonio independiente. Hasta hoy muchos recuerdan dos leyendas que de niños escuchaban de sus abuelos y padres respecto a la Primera Guerra Mundial. Una era que en las trincheras eran mortificados por los piojos, y la otra era que con frecuencia, como miembros del ejército búlgaro, canjeaban prisioneros de guerra franceses por una botella de buen coñac galo. Los habitantes de las aldeas de la zona han encontrado botellas sueltas en varios lugares y en Staravina incluso se han hallado baúles enteros con coñac. "Nosotros encontramos tres botellas. El coñac era espeso como tocino derretido, y el alcohol nos daba un golpazo en la cabeza aún al beber una sola copa", cuenta Petre Nisheski, uno de los vecinos de la aldea, y agrega que hace unos meses un amigo suyo halló una botella al labrar la tierra cerca del río Crna. Por su antigûedad, el coñac tiene hoy un valor de varios miles de euros por botella. Campesinos de la zona, que quisieron permanecer anónimos, aseguraron a Efe que han vendido botellas a coleccionistas extranjeros por entre 3.000 y 5.000 euros la unidad. "Suelen venir franceses, austríacos y griegos. Piden botellas, pero no nos agrada mucho, ya que muchos llegan sin avisar y entran en las casas abandonadas o en nuestros patios de noche", dice con preocupación el viejo Petko.




