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Hoy se cumplen 30 años de la peor tragedia en la historia de la aviación: Tenerife

Eran las cinco de la tarde de un domingo, el 27 de marzo de 1977, una fecha marcada a fuego en los pocos supervivientes de la mayor tragedia de la historia de la aviación civil. Dos jumbos, uno de la compañía holandesa KLM y otro de la estadounidense Panam colisionaron en la pista de despegue de Los Rodeos, el actual Tenerife Norte. La tragedia costó la vida a 583 personas, en su mayoría holandeses y norteamericanos. Santa Cruz de Tenerife rinde hoy homenaje a las víctimas de la tragedia con varios actos

Eran las cinco de la tarde de un domingo, el 27 de marzo de 1977, una fecha marcada a fuego en los pocos supervivientes de la mayor tragedia de la historia de la aviación civil. Dos jumbos, uno de la compañía holandesa KLM y otro de la estadounidense Panam colisionaron en la pista de despegue de Los Rodeos, el actual Tenerife Norte. La tragedia costó la vida a 583 personas, en su mayoría holandeses y norteamericanos. Santa Cruz de Tenerife rinde hoy homenaje a las víctimas de la tragedia con varios actos.
El acto central del homenaje es la inauguración en la Mesa Mora de La escalera de caracol, una escultura realizada por el artista holandés Rudi van de Wint en recuerdo de las víctimas. Se trata de una estructura de 18 metros de altura que une simbólicamente el cielo y la tierra mediante una escalera y que fue donada al Cabildo de Tenerife por la asociación Tenerife Memorial y trasladada desde Holanda. Los familiares de los fallecidos, acompañados por representantes de los Gobiernos estadounidense, holandés y español, estarán presentes en la inauguración. Además, antes de la inauguración formal del monumento se celebrará un acto internacional conmemorativo en el Auditorio de Tenerife.
El 27 de marzo de 1977, todas las desgracias que podían ocurrir se sumaron para provocar la colisión de dos aviones y provocar la mayor tragedia en la historia de la aviación civil. Aunque según los dictámenes técnicos, el fallo del comandante del aparato holandés, que despegó sin autorización, fue la causa del siniestro, otra serie de circunstancias se aliaron para la tragedia.
En primer lugar, aquel día había huelga de controladores aéreos, por lo que sólo había dos trabajando en Tenerife. Además, el aeropuerto registraba un tráfico aéreo inusualmente denso, debido a que se habían encontrado dos artefactos explosivos en el aeródromo de Gran Canaria. Para colmo, el instrumental del control aéreo de Tenerife, al igual que el de otros aeropuertos españoles, estaba bastante anticuado. Todo ello, unido a la espesa niebla, se convirtió en un cóctel mortal.
Con todos estos condicionantes, el avión de Pan Am pidió permiso para despegar con destino a Gran Canaria, una vez que este aeropuerto había sido reabierto. Tuvo que esperar porque el KLM bloqueaba la pista. Ambos rodaban por los extremos opuestos de la pista de aterrizaje en lugar de por la de rodaje debido a que ésta estaba colapsada por el intenso tráfico.
La niebla, que probablemente hizo que el Pan Am se saltara la señalización, y el malentendido de los mensajes entre los aparatos y la torre de control hicieron que el avión holandés iniciara la maniobra de despegue sin confirmación del permiso. Enfiló la pista y, ya en el aire, chocó contra el Pan Am, al que ni siquiera había visto. El estadounidense sí tuvo tiempo de ver al KLM y corregir un tanto su trayectoria, evitando un número mayor de muertes. El aparato estadounidense giró e intentó evitar el choque en una maniobra muy peligrosa saliéndose fuera de la pista al campo. Fue alcanzado en la parte posterior por el KLM, por lo que se salvó su tripulación. Nadie se salvó del aparato holandés.
Un antecedente
Pocos años antes, el 3 de diciembre de 1972, un avión Convair Coronado, de la compañía Spantax, que transportaba 155 personas (siete tripulantes y 148 pasajeros), que regresaban a Munich, hizo explosión a los pocos segundos de despegar y cayó a unos sesenta metros de la pista de despegue en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife). Todos los ocupantes murieron en el acto. Los pasajeros eran todos de nacionalidad alemana y los tripulantes, a excepción de una azafata alemana, de nacionalidad española.

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