Análisis: el IRA abandona definitivamente la violencia y se convierte en historia
"Nunca pensé que me oiría a mí mismo decir esto, pero la instrucciones del liderazgo del IRA a sus miembros han permanecido claras y consistentes y el terrorismo y la violencia han sido abandonados".
"Nunca pensé que me oiría a mí mismo decir esto, pero la instrucciones del liderazgo del IRA a sus miembros han permanecido claras y consistentes y el terrorismo y la violencia han sido abandonados". Esas son las palabras del ex jefe de la unidad antiterrorista de la Policía Metropolitana John Grieve al presentar el martes el último informe de la Comisión Independiente de Control (IMC) sobre las actividades del Ejército Republicano Irlandés (IRA). También reflejan la opinión de los otros tres miembros de la IMC: el antiguo portavoz de la Asamblea autónoma norirlandesa John Alderdice, el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Dick Kerr y el ex secretario general del Ministerio de Justicia irlandés Joe Brosnan. La afirmación es tan rotunda que no parece que se puedan albergar dudas de que el IRA ha abandonado definitivamente las tinieblas de la violencia y acepta el juego democrático. La que fuera la organización paramilitar más temida y eficaz de Europa se ha convertido en una mera reliquia del conflicto norirlandés. Tras su desarme, completado en 2005, el IRA no tiene ya la intención ni la capacidad militar para reanudar la campaña armada que abandonó en 1997 con el anuncio de una tregua indefinida. Los departamentos encargados de adquirir armas, preparar bombas y entrenar nuevos reclutas, órganos vitales de la banda, han sido prácticamente desmantelados. Y uno de los pilares ideológicos más antiguos del movimiento republicano fue abolido el pasado domingo cuando el Sinn Fein, su brazo político, decidió reconocer la autoridad de la Policía del Ulster (PSNI) y la justicia de la provincia. Sin "objetivos legítimos", eufemismo con el que el IRA denominaba a los cientos de miembros de las fuerzas del orden asesinados durante el conflicto, no hay guerra. El camino hacia la paz ha sido, sin embargo, largo y difícil. Gran parte del mérito de esta transformación recae en los líderes del Sinn Fein Gerry Adams y su adjunto, Martin McGuinness, supuestos miembros hasta no hace mucho del Consejo Armado del IRA, su órgano máximo de decisión y, según los republicanos, el Gobierno legítimo de Irlanda. Con convicciones tan firmes y radicales como ésa, el "viaje" del "movimiento de liberación irlandés" hacia la paz tiene aún más mérito porque, de hecho, ninguno de sus objetivos históricos, como la unificación de Irlanda, ha sido alcanzado. Lo que ha cambiado son los métodos. Adams y McGuinness reconocieron a principios de los años ochenta que la lucha armada por sí sola no iba a expulsar a los británicos de la provincia y por ese motivo decidieron aprovechar las oportunidades propagandísticas que ofrecía el Sinn Fein. Años después, se convencieron de que el IRA era en realidad un estorbo y la pacificación del Ulster sólo llegaría a través de la política. En ese contexto hay que situar el comienzo del desarme de la organización paramilitar en 2001, durante el declive de la banda y el auge del Sinn Fein entre el electorado del sur y del norte de la isla. Para entonces, el IRA era ya un grupo considerablemente diezmado por las acciones de las fuerzas de seguridad y, según numerosos observadores, por las de varios espías muy próximos a la cúpula del movimiento republicano. Prueba de los beneficios de la desaparición del IRA es la posición del Sinn Fein en los Parlamentos de Belfast, Dublín y Londres, donde hace oír su voz sobre los asuntos del Ulster. A lo más que puede aspirar ahora el IRA es a convertirse en una especie de asociación de veteranos, en un foro donde sus miembros puedan rememorar hazañas bélicas pasadas. En el camino, sin embargo, ha dejado a un pequeño número de irreductibles, los disidentes opuestos al proceso de paz agrupados en torno a dos escisiones, el IRA de Continuidad y el Auténtico. Según las fuerzas de seguridad, éstos son aún una amenaza para la paz, pero no cuentan con el apoyo popular de su "hermano mayor" y parecen incapaces de lanzar una ofensiva similar a la que mantuvo el IRA durante los más de treinta años de conflicto en la provincia. Tampoco los paramilitares protestantes tienen el mismo apetito guerrero de antaño, toda vez que su principal enemigo parece haber desaparecido definitivamente del panorama de la provincia.




