Beirut recupera la calma mientras suníes y chiíes se culpan por disturbios
Beirut recuperaba hoy la calma tras la violenta jornada de ayer, que se saldó con 4 muertos y 151 heridos, mientras suníes y chiíes se culpan mutuamente de lo sucedido. El toque de queda que duró entre las 20.30 del jueves y las 06.00 hora local de hoy, dio un respiro a los beirutíes tras una jornada de disparos, incendios y violencia que pudieron seguir casi en directo por la televisión.
Beirut recuperaba hoy la calma tras la violenta jornada de ayer, que se saldó con 4 muertos y 151 heridos, mientras suníes y chiíes se culpan mutuamente de lo sucedido. El toque de queda que duró entre las 20.30 del jueves y las 06.00 hora local de hoy, dio un respiro a los beirutíes tras una jornada de disparos, incendios y violencia que pudieron seguir casi en directo por la televisión. Una vez más, los equipos de limpieza comenzaron hoy a retirar de las calles los neumáticos y coches quemados por los manifestantes al igual que después de la huelga general decretada el martes por la oposición pro siria en un intento de derrocar al Ejecutivo libanés. En los choques de ayer, que empezaron en la Universidad Arabe de Beirut para extenderse luego por los barrios colindantes, se enfrentaron estudiantes y jóvenes chiíes contra suníes, quedando esta vez los cristianos fuera de la contienda. Coches ardiendo, los tanques por las calles, ráfagas de armas automáticas llegadas de nadie sabía dónde, grupos de jóvenes batallando a pedradas y unos soldados impotentes para frenar la violencia; todo ello recordó a los libaneses los días de la guerra civil que arrodillo al país entre 1975 y 1990. Algunos de los peores fantasmas de aquella guerra, como controles ilegales de carreteras, se vivieron ayer en Jiyeh: grupos no identificados pedían la documentación a los pasajeros de los coches, preguntando por su religión. Entre las víctimas mortales hay tres que han sido identificados, agregaron las fuentes, que señalaron asimismo hay 72 heridos cuya identidad se conoce y 79 no. Varias personas han sido asimismo detenidas, entre ellas algunos francotiradores. Todavía hoy no se conoce con certeza la confesión de los muertos (suníes o chiíes), que podrían arrojar algo de luz sobre la identidad de los agresores, ya que los distintos grupos se han cruzado acusaciones sobre quién comenzó los disturbios de ayer. Este cruce de acusaciones se produjo principalmente entre la "Corriente de Futuro" dirigida por el suní Saad Hariri, hijo del ex primer ministro asesinado Rafic Hariri, y los grupos chiíes de Hizbulá y Amal. Hariri es uno de los principales aliados del Gobierno de Fuad Siniora, también suní, mientras que Hizbulá y Amal están enfrascados desde hace ya dos meses en una campaña de huelgas, manifestaciones y sentadas para hacer caer el Gabinete del primer ministro y forzar un gobierno de unión nacional, o incluso elecciones, que den un mayor peso a los chiíes en el ejecutivo. Pese a ser hoy un día laborable y lectivo, los establecimientos escolares y universitarios han cerrado sus puertas, por orden del ministro de Educación nacional, Jaled Qabbani, un cierre que durará hasta el próximo lunes. La gravedad de los disturbios pareció haber sorprendido a todo el mundo, incluida la clase política, y todos sin excepción llamaron durante toda la tarde a sus seguidores a mantener la calma. El jeque Hasan Nasralá, secretario general de Hizbulá, llegó incluso a emitir una "fatwa" (edicto religioso) con el siguiente mensaje: "Que todos evacúen las calles, permanezcan en calma y levanten el asedio para permitir la entrada del ejército libanés y las fuerzas de seguridad". Pero el Ejército libanés, como pudo verse en las imágenes televisivas, fue tal vez el que más se vio desbordado por los acontecimientos: los jóvenes soldados aparecían confusos, sin saber qué hacer, mientras llovía piedras por encima de ellos y francotiradores desconocidos disparaban desde los tejados. La Liga Maronita, uno de los pocos organismos que mantiene cierta neutralidad en el conflicto libanés, ha culpado a toda la clase política sin excepción de la tensión actual: "Todos echan leña al fuego con sus campañas mediáticas y sus discursos, que siempre han sido los instrumentos más eficaces para sembrar la discordia entre los libaneses".




