Extinción de la bacteria del pulgón de cedro podría resolver el enigma evolutivo
Una investigación realizada por científicos españoles, que alerta de que una bacteria presente en los pulgones del cedro corre peligro de extinguirse, podría resolver uno de los grandes enigmas de la biología evolutiva.
Una investigación realizada por científicos españoles, que alerta de que una bacteria presente en los pulgones del cedro corre peligro de extinguirse, podría resolver uno de los grandes enigmas de la biología evolutiva. El trabajo, que se publica el viernes en la revista "Science", podría dar respuesta a una cuestión "esencial": si existe un límite en la reducción de genes que sufren estas bacterias o si éstas, en cambio, llegan a extinguirse al ser sustituidas por otras "más saludables". Así lo explicó a Efe una de las investigadoras del estudio, Amparo Latorre, de la Universidad de Valencia (este), cuyo equipo ha descubierto que la Buchnera aphidicola BCc, presente en los pulgones del cedro, ha sufrido una reducción "drástica" de sus genes que podría provocar su desaparición. Los científicos han secuenciado el genoma de esta bacteria y han comprobado que tiene en torno a los 420 kilobases de ADN, lo que supone 200 genes menos que Buchneras presentes en otros tipos de pulgones. Latorre afirmó que esta circunstancia estaría provocando que otra bacteria del pulgón del cedro, la Candidatus serratia simbiótica, estuviese suministrando al pulgón, y a la propia Buchnera, un aminoácido esencial llamado triptófano. La Buchnera aphidicola, explicó la científica, es una bacteria de vida libre que se caracteriza por un proceso de pérdida de genes que provoca la desaparición de muchas de sus funciones (evolución degenerativa). La bacteria vive dentro del pulgón en una relación de simbiosis y éste le suministra nutrientes como aminoácidos esenciales y vitaminas como la riboflavina. Según Latorre, la Buchnera aphidicola BCc ha empezado a perder su papel en la simbiosis y también muchas rutas metabólicas que hace que se trate de una célula "muy simple". Entre otras, ha perdido la capacidad de sintetizar un aminoácido esencial, el triptófano, además de casi todos los genes implicados en la reparación del ADN y prácticamente todos los que intervienen en la síntesis de nucleótidos, señaló la científica. Junto a este trabajo, dirigido por Vicente Pérez-Brocal, también de la Universidad de Valencia, mañana aparece en "Science" un breve artículo sobre otra de las bacterias más pequeñas, la Carsonell ruddii, que vive en determinadas especies de insectos. Según los autores de ese trabajo, un equipo liderado por el japonés Atsushi Nakabachi, del Laboratorio de Biología Molecular y Ambiental de Saitama (Japón), la Carsonell cuenta sólo con 160 kilobases de ADN. Esta bacteria también habría perdido genes esenciales para su subsistencia, hasta el punto de que estaría convirtiéndose en una parte de una organela (célula compleja comparable a un órgano) del insecto.




