Los osos de Rumanía aprenden trucos para vivir con los hombres
Pícaros, estrellas, saltimbanquis, golosos, pedigûeños o basureros son calificativos que se han ganado últimamente los osos pardos de Rumanía, que están aprendiendo siempre nuevos trucos para vivir cerca de ciudades y alimentarse de las sobras humanas.
Pícaros, estrellas, saltimbanquis, golosos, pedigûeños o basureros son calificativos que se han ganado últimamente los osos pardos de Rumanía, que están aprendiendo siempre nuevos trucos para vivir cerca de ciudades y alimentarse de las sobras humanas. Los animales carnívoros más grandes de Europa, de los que en Rumanía viven 8.000 ejemplares, se adaptan a la expansión del hombre hasta perder sus instintos naturales y desarrollar hábitos que los especialistas califican como "trastornos del comportamiento". El Ministerio de Agricultura y Bosques (MAPDR) decidió esta semana aplicar un programa de seguimiento a estos animales y nuevas medidas para solucionar junto con las ONG y los cazadores ese problema, que desde hace años supone una amenaza para la población. Quien viaja en coche estos días por la carretera entre las localidades de Bran y Predeal, en los Cárpatos Meridionales, se puede encontrar con un oso impresionante, que sale para pedir comida a los automovilistas. El imponente plantígrado no teme a los hombres, acepta con gusto cualquier cosa comestible que éstos le tiran y no pestañea ante las cámaras. Su opción de vivir de las dádivas humanas no es singular, pero llama la atención por inventar un nuevo método para "ganarse el pan" diario. Otras decenas de osos viven desde hace años alimentándose de los cubos de basura en los barrios periféricos de Brasov, Sinaia, Azuga y de otras localidades de las Montañas Bucegi y Fagaras. El fenómeno es visto con tranquilidad por la población que ya se acostumbró a los "invitados" nocturnos que escarban entre la basura doméstica. La gente no se precipita al teléfono para llamar a la policía cuando tropieza con los plantígrados husmeando cerca de sus puertas o dormidos entre sus automóviles en los aparcamientos. En Brasov, los barrios Racadau y Noua son ya conocidos atractivos turísticos donde los chóferes de taxis y autocares traen a sus clientes para ver el espectáculo de las fieras cenando sumergidas en los cubos de basura, osos solitarios y osas con sus cachorros. Un reportaje de televisión inmortalizó escenas de turistas y lugareños ofreciendo chocolate y bizcochos a los animales que aceptan los dulces de las manos de éstos, se dejan fotografiar, e incluso obedecen ciertas órdenes como: toma, espera. Sólo que, de vez en cuando, la armonía que parece reinar entre hombres y bestias se ve perturbada por algún enfrentamiento, que siempre termina con el hombre malparado y conduce a represalias contra los osos. Ultimamente estos "malentendidos" se multiplicaron debido a que aumentan la cifra de los osos que dejan su medio natural para vivir cerca de los hombres, y cuyo número se estima en varias decenas. Hace unos días un hombre que se paseaba con su perro por el barrio Noua de Brasov fue atacado por un oso y llegó al hospital con heridas graves, mientras que un mes antes, un niño en bicicleta corrió la misma suerte. En 2004, una osa de la que se dijo que tenía la rabia, mató a dos personas e hirió de gravedad a otras siete. El animal fue abatido. Las autoridades locales han recurrido a la imaginación a lo largo del tiempo para tratar de alejar a los osos de las localidades, señaló a Efe el secretario de Estado de Agricultura, Vasile Lupu. Entre otras medidas, introdujeron contenedores de basura muy difícil de abrir, redes de alambre con electricidad en los barrios frecuentados por osos, y también recurrieron a la captura de ejemplares con tranquilizantes para devolverlos a los bosques. El resultado fue nulo porque los osos frustrados sortearon todas los impedimentos y se aventuraron hasta el centro de las ciudades, uno entró en un hospital de Brasov, otros se aficionaron al restaurante Taverna de Sinaia mientras que muchos se atreven "visitar" las casas de la población ante el pasmo de los dueños. En cuanto a los transportados a bosques lejanos, al cabo de uno o dos días ya estaban de vuelta. Según precisó Lupu, las nuevas medidas establecen la prohibición de cebar a los osos, de fotografiarlos y filmarlos, de usarlos como atracción turística, la estricta gestión de las basuras y, aunque la gente no está de acuerdo, el aumento del número de ejemplares destinados a la caza.




