Tecnología y agua, claves para futuro de los desiertos de América Latina
Así lo indica un informe de Naciones Unidas divulgado hoy en Argentina, que analiza las claves para el futuro de un ecosistema que ocupa casi la cuarta parte de la superficie terrestre, con motivo de la celebración este lunes del Día Mundial del Medio Ambiente.
Una mejor aplicación de los recursos, de la tecnología moderna y energía solar, así como la creación de alternativas para el uso del agua, son las claves para el desarrollo sostenible de los desiertos en América Latina y el Caribe. Así lo indica un informe de Naciones Unidas divulgado hoy en Argentina, que analiza las claves para el futuro de un ecosistema que ocupa casi la cuarta parte de la superficie terrestre, con motivo de la celebración este lunes del Día Mundial del Medio Ambiente. En los datos aportados sobre América Latina y el Caribe, el documento examina la historia y la biología de los desiertos y evalúa los posibles cambios que pudieran sufrir, al tiempo que propone políticas para ayudar a los distintos gobiernos a dar un futuro sustentable para estas regiones. "Los verdaderos desiertos no son la etapa final del proceso de desertización sino ecosistemas exclusivos, sumamente adaptados", explicó el director regional para América Latina del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Ricardo Sánchez. El especialista sostuvo, además, que en la región los desiertos "prestan servicios de sustento a la vida y a las poblaciones humanas de manera análoga a los otros ecosistemas". El modelo de desarrollo actual de estas zonas, con un elevado consumo de agua y energía que genera un rápido deterioro del medio físico y el agotamiento de los recursos, "hace necesaria una visión equilibrada en la que tanto los gobiernos como la sociedad civil valoren los desiertos y a sus habitantes, den prioridad a lo sostenible y a la visión a largo plazo", consideró. El informe es el primero de la serie temática de Evaluación Mundial del Ambiente (GEO, por sus siglas en inglés) elaborados por el PNUMA. El documento indica que los ciclos de gran abundancia y gran escasez que viven los desiertos requieren políticas no sólo para paliar las crisis de sequía que sufren estas zonas sino para aumentar la capacidad de recuperación humana y social de las mismas creando oportunidades que puedan sostener los medios de vida rurales. Para ello, es importante el aprovechamiento tanto de la tecnología moderna como de la sabiduría tradicional que "comprende un enorme potencial para la gestión sostenible de los recursos de los desiertos". Asimismo, la adopción de la energía solar como alternativa a los combustibles fósiles, un hecho que "depende de los entornos normativos mundiales y nacionales", sería un buen recurso para aprovechar el potencial de los desiertos sin dañar el medio. Por la escasez de agua, las zonas desérticas "deberían estar a la vanguardia en el desarrollo y ensayo de tecnologías y políticas del uso del agua innovadoras, eficientes y que revistan interés a escala mundial", como indica el informe. Actualmente millones de personas viven en desiertos, o en sus márgenes, en América Latina y el Caribe, cuyas formas de vida tradicionales como la caza, la recolección y el pastoreo están cambiando rápidamente a actividades relacionadas con el turismo. En esta región los habitantes también han sido afectados por las actividades de la minería y los residuos que "contaminan masas de agua dulce con altas concentraciones de metales pesados y sustancias químicas, como se comprueba en Argentina y Chile", ejemplifica el documento. Las obras modernas a gran escala, como las construcciones de presas para los abastecimientos de agua y energía, han causado daños irreversibles en lugares que anteriormente eran tierras agrícolas fértiles, puntualiza la investigación. Las grandes instalaciones militares y el urbanismo con gran consumo de energía ligado al turismo "han ido modificando los estilos de vida de algunas poblaciones y deteriorando el medio", indica el estudio.El cambio climático también amenaza a los desiertos, según la ONUEl cambio climático que está provocando el calentamiento global de la Tierra también amenaza a los desiertos del mundo, según un informe del Programa de la ONU para el Medioambiente (UNEP) divulgado hoy en Londres. El documento, que se titula "La perspectiva global de los desiertos" y es el primer estudio de ese tipo del UNEP, analiza los cambios y riesgos que afrontan las zonas más áridas del planeta. Andrew Warren, uno de los autores de la investigación y profesor de Geografía en la University College de Londres (UCL), se declaró "alarmado" porque los desiertos "están más amenazados que nunca". "Nos arriesgamos a perder no sólo impresionantes paisajes y culturas antiguas, sino también algunas especies salvajes increíbles", advirtió el profesor. En primer lugar, el informe, de unas 150 páginas, pone en contexto el objeto de estudio y afirma que "casi una cuarta parte de la superficie terrestre de la Tierra -unos 33,7 millones de kilómetros cuadrados- se ha definido como desierto". "Esos desiertos están habitados por unos 500 millones de personas, mucho más de lo que se pensaba previamente", señala el documento, que se publica con motivo de la celebración este lunes del Día Mundial del Medioambiente. Después, el texto, presentado en la sede de la UCL (centro de Londres) por Andrew Warren y Kaveh Zahedi, subdirector del Centro de Seguimiento de la Conservación del Mundo del UNEP, aborda las amenazas que ponen en peligro los desiertos y sus comunidades. Una de las amenazas más preocupantes es el cambio climático por la emisión de gases que provocan el "efecto invernadero", que ya afecta a los desiertos, donde se ha registrado desde 1976 a 2000 un aumento de la temperatura de "entre 0,5 y dos grados centígrados". Ese incremento -subraya el texto- ha sido "mucho mayor que el aumento medio mundial de 0,45 grados centígrados", lo que ha provocado una notable disminución de las lluvias en desiertos como el de Kalahari (Sudáfrica) y Atacama (Chile). Asimismo, la falta de agua ha implicado la disminución del caudal de ríos históricos como el Colorado (EEUU), el Eufrates (Irak) y el Nilo, que "ya se están secando", según el profesor Warren. El UNEP alerta de que habrá "cambios profundos con importantes implicaciones en el suministro de agua para las gentes, los animales y las plantas del desierto", a menos que "se reduzcan drásticamente las emisiones de los gases que causan el efecto invernadero". Según el informe (redactado por expertos de países como Argentina, Holanda, Israel y el Reino Unido), las temperaturas en las zonas más áridas "podrían subir una media de entre cinco y siete grados centígrados" en el periodo comprendido entre 2071 y 2100. Otra amenaza que cita el informe es la inestabilidad regional e internacional, que acarrea la construcción de "lugares de entrenamiento militar, prisiones y campos de acogida de refugiados" y puede "modificar el paisaje desértico". "Esas intrusiones -dice el texto- llevan más gente a los desiertos, generan considerables ingresos y ayudan a actualizar la infraestructura, pero dejan grandes huellas medioambientales, particularmente en lo que se refiere al agua". Además, el informe critica la sobreexplotación de aguas subterráneas para la agricultura y el ocio de centros turísticos, una circunstancia cuyas principales "víctimas" pueden ser ciudades colindantes con desiertos del suroeste de Asia y Estados Unidos. El abastecimiento de ese agua también peligra por problemas como la salinización y la contaminación de pesticidas y herbicidas. Pese a estos datos pesimistas, Kaveh Zahedi recalcó que la realidad de los desiertos ofrece "no sólo malas noticias" sino también "grandes oportunidades para el futuro". De acuerdo con el responsable del UNEP, los desiertos podrían convertirse en "las centrales eléctricas del siglo XXI sin emisión de dióxido de carbono", si se sabe aprovechar la energía solar. Zahedi agregó que los desiertos pueden servir asimismo de atractivos destinos turísticos y de fuente para fabricar medicinas, aunque esas actividades deberían gestionarse "con sensibilidad".




