Habitantes de Kobe recuerdan terremoto que mató a 6.600 personas
Los habitantes de Kobe recordaron hoy a las 6.595 víctimas mortales del fortísimo terremoto que asoló en 1995 esa ciudad del suroeste de Japón, con la funesta aceptación de que una tragedia así puede repetirse en cualquier momento
Los habitantes de Kobe recordaron hoy a las 6.595 víctimas mortales del fortísimo terremoto que asoló en 1995 esa ciudad del suroeste de Japón, con la funesta aceptación de que una tragedia así puede repetirse en cualquier momento. Cerca de 4.000 personas se reunieron este martes, cuando se cumplieron once años del desastre, en el parque Higashi, en el centro de Kobe y encendieron las casi 6.600 velas con las que recordaron a los fallecidos por el seísmo. A las 05.46 hora local (20.46 GMT) del martes 17 de enero de 1995, un seísmo de 7,3 grados en la escala abierta de Richter asoló Kobe, uno de los puertos comerciales más importantes de Japón, que, en menos de medio minuto se vio reducido a escombros. Los fuegos que siguieron a los fortísimos temblores terminaron la labor destructora del terremoto y dejaron convertidas en cenizas manzanas enteras de viviendas. Las velas encendidas hoy en Higashi recordaron a las 6.434 personas que perecieron directamente en el seísmo, y a las 161 que murieron después a consecuencia de las heridas sufridas en esa trágica jornada. El "gran terremoto de Hanshin", como se llamó a ese seísmo que destruyó Kobe, tuvo su epicentro en la isla de Awaji, en el suroeste de la ciudad, a sólo diez kilómetros de profundidad bajo el lecho marino, de ahí su efecto destructivo. Los daños materiales sobrepasaron los 96.000 millones de dólares (80.000 millones de euros) y sus efectos todavía se sienten en la economía de la ciudad y de la provincia de Hyogo, marcada por uno de los mayores índices de desempleo de Japón. Entre los asistentes a la ceremonia de homenaje celebrada hoy en Kobe se encontraban supervivientes y familiares de las víctimas del último gran terremoto ocurrido en este país, el que el 23 de octubre del 2004 sacudió la provincia septentrional de Niigata. Ese seísmo (en realidad una cadena de ellos, alguno de los cuales llegó a alcanzar la magnitud de 7 grados en la escala de Richter) causó la muerte a medio centenar de personas y más de 3.000 heridos. Entonces, muchos de los voluntarios que llegaron a ayudar a Niigata procedían de Kobe, donde una década antes habían visto perecer a sus familiares y amigos en el terremoto de Hanshin. Para rememorar esa trágica jornada de hace once años, los habitantes de Kobe participaron hoy en ejercicios de evacuación y de distribución de alimentos y agua, simulacros que se repiten regularmente en cualquier punto de un país condenado a vivir con la espada de Damocles de la mayor actividad sísmica del mundo. Cada año el archipiélago nipón es afectado por más de 5.000 terremotos de magnitud superior a 3 grados en la escala de Richter, es decir el 20 por ciento de los que ocurren en todo el planeta. Los expertos prevén en un plazo de entre 100 y 200 años otro gran seísmo de 8 grados de magnitud en la región de Tokio (como el que causó más de 142.000 muertos y desaparecidos en 1923) y antes de ese plazo anticipan uno de 7 grados que podría matar a más de 7.000 personas. Todos los japoneses tienen presente esta doble realidad: que en este país se puede producir un terremoto de grandes proporciones en cualquier momento y que no todas las construcciones del país están preparadas para afrontar sacudidas sísmicas de más de 6,5 grados de magnitud Richter. Hoy se celebró una nueva vista en el Parlamento del caso de los constructores de edificios acusados de falsificar las medidas antisísmicas para incrementar sus beneficios. Según el Ministerio del Suelo de Japón, hay 89 edificios en los que se aplicó esta falsa información, construidos en 18 provincias de todo el archipiélago. El escándalo fue revelado en noviembre pasado por el arquitecto Hidetsugu Aneha, quien aseguró que modificaba tales datos desde 1998 presionado por las constructoras para recortar precios. Este caso ha puesto bajo sospecha los controles oficiales sobre el sector de la construcción y ha vuelto a destapar los lazos entre sus empresarios y el gubernamental Partido Liberal Demócrata (PLD), fuerza en el poder en Japón desde 1955.




