El miedo y el caos en el transporte golpean al comercio en Londres
Las cuatro explosiones de poca intensidad ocurridas en varios puntos de la red de transporte causaron una caída de casi el 27 por ciento en el número de clientes que acudió a las tiendas del centro de Londres
El miedo y el caos en el transporte provocados por los atentados del 7 de julio y el ataque fallido del jueves contra el metro y un autobús de Londres han tenido un efecto devastador sobre el comercio del centro de la ciudad. Las cuatro explosiones de poca intensidad ocurridas ayer, jueves, en varios puntos de la red de transporte causaron una caída de casi el 27 por ciento en el número de clientes que acudió a las tiendas del centro de Londres, según datos difundidos este viernes. Los comercios de esa zona habían empezado a recuperarse de las pérdidas sufridas tras los sangrientos atentados del pasado día 7, que causaron 56 muertos y cerca de 700 heridos y provocaron la suspensión de varias líneas del metro. En los días posteriores a esos ataques, el número de clientes en el centro bajó en un 74,1 por ciento, aunque después la cifra quedó sólo un 10 por ciento por debajo de la cifra habitual. Pero los sucesos del jueves volvieron a afectar al número de personas que se desplazó al centro para hacer sus compras, según la agencia de seguimiento del comercio SPSL. Con varias líneas de metro suspendidas, los comercios registraron ayer un 26,9 por ciento de clientes menos que el mismo día del ejercicio anterior (21 de julio). Tim Denison, director de SPSL, expresó su preocupación ante la posibilidad de que "los compradores dejen de considerar los ataques del 7 de julio como un acontecimiento concreto y los vean como parte de una amenaza continua". Una portavoz de los grandes almacenes John Lewis confirmó que sus dos locales de la capital, en la céntrica Oxford Street y en Sloane Square, estaban "muy tranquilos" el jueves por la tarde, después de las detonaciones. Las ventas de esta cadena han caído un 8,3 por ciento esta semana, mientras que la semana del 7 de julio, cuando se produjeron los atentados con víctimas mortales, habían caído un 11,7 por ciento. Oxford Street, normalmente una bulliciosa arteria comercial de Londres, estaba hoy medio vacía y sin apenas turistas, pues los únicos visitantes eran agentes de policía armados y representantes de los medios de comunicación. Algunas tiendas estaban cerradas, otras intentaban captar a los pocos compradores potenciales que osaban pasearse por las aceras. Las líneas Circle y Hammersmith & City permanecen clausuradas mientras la Policía busca pistas que lleven hasta los autores del atentado fallido de la víspera. Además, el temor de la gente a la hora de tomar el metro ha aumentado con lo ocurrido esta mañana en la estación de Stockwell, en el sur de Londres, donde la Policía mató a tiros a un presunto terrorista tras una persecución por el andén presenciada por varios aterrorizados testigos. No sólo los comercios del centro de Londres están preocupados por su futuro, sino también el sector turístico. La posibilidad de que esta crisis de seguridad que afecta a la ciudad vaya para largo hace temer a los expertos un descenso de las reservas en hoteles y demás centros de ocio. Algunas aerolíneas ya han registrado una disminución de pasajeros procedentes de Japón, tradicionalmente los más prudentes. La economía en general podría verse afectada por los recientes atentados, según los expertos. La disminución del consumo por la imposibilidad, o la falta de ganas, de consumir puede repercutir en el Producto Interior Bruto (PIB), que en el segundo trimestre de este año -de abril a junio- creció ya mucho menos de lo esperado, sólo un 0,4 por ciento. La Bolsa de Londres también acusó hoy la confusión y el caos creados por los últimos sucesos, aunque, tras una sesión marcada por los altibajos, logró cerrar con unas ganancias del 39 por ciento, o 20,2 puntos más, hasta 5.241,8 puntos.




